La mujer catamarqueña del Oeste (Miscelánea)

Andalgalá © Que la mujer ha sido siempre motivo de debate acerca de su equipotencialidad con respecto al hombre, que desde los albores de la historia ha luchado por el reconocimiento y el pleno ejercicio de sus derechos y que esa lucha fue siempre dura y desigual, no es novedad para nadie.
lunes, 1 de junio de 2015 07:59
lunes, 1 de junio de 2015 07:59

Hoy, tampoco lo es, que sea considerada como agente de cambio de la sociedad moderna, no se puede soslayar.

En lo que es actualmente el territorio de la provincia de Catamarca, especialmente en su región Oeste, en el Valle del Conando y su zona de influencia, y según los textos históricos consultados y por alguna noticia acercada por la tradición oral, la mujer ha desempeñado un importante rol.

Efectivamente, antes de la llegada de los españoles a colonizar estas tierras, los naturales del Valle de Andalgalá –para ser más específico- desarrollaron una fecunda actividad en la extracción de los minerales que, según ellos, "chorreaba de los cerros en un río rojo”, refiriéndose, naturalmente a la abundancia de cobre y oro de estos cerros agrestes y agresivos.

Por aquellos tiempos, mientras los hombres se las ingeniaban para extraer metales de la tierra, las mujeres se encargaban de todas las demás tareas de la tribu, y eran ellas las que alcanzaban los cántaros con agua y los atados de comida, en una sucesión de trabajo que no terminaba.

También se ocupaban de la agricultura y en algunos casos, tomaban las herramientas y picaban la montaña para sacar ese elemento que luego sería utilizado para suntuosidades e intercambio comercial.

Más adelante, las mujeres siempre al lado de sus hombres, como sombras bienhechoras aprendieron a manufacturar esos metales para lograr el valor agregado en beneficio de la comunidad, en tanto los hombres, siempre en la tarea de extracción.

Las parcialidades locales han tenido siempre a las mujeres curtidas, como casi excluyentes protagonistas del quehacer, y paradójicamente, su rol ha sido siempre ignorado por los historiadores y aún por la tradición oral que tantas verdades dice, a veces sin decir nada.

Pulidoras de objetos metálicos, engarzadoras del metal con la piedra semipreciosa, creadora de diseños "novedosos” y hasta comerciantes firos de esa mercancía que serviría para alimentar a la larga prole.

Con el correr de las centurias, el rol de la mujer en la sociedad fue cambiando paulatinamente y se han necesitado muchos años  para que la tan mentada equipotencialidad sea reconocida en un mundo absolutamente machista. Hoy, nadie duda de que la mujer es igual al hombre en sus capacidades, y en ámbitos laborales, nadie como ella para ejemplarizar la concentración y el empeño en la resolución de sus responsabilidades.

En la actividad minera -cosa casi impensable hasta hace pocos años- muchas mujeres trabajan a la par de los hombres, y crean obreras, conductoras, científicas, exploradoras y mucho más, sin descuidar, caro está, su específico rol de madre y organizadora del hogar.

Por estos días, se conoció la especie de que las mujeres trabajadoras en la minería hasta conforman foros de contención cuasi gremial, ideado para fortalecer vínculos fraternos en la cuestión del género, para afianzar los derechos adquiridos y el sentimiento de pertenencia.

Todo ello, gracias al contundente apoyo recibido en el devenir de la actividad minera que en Catamarca ha sabido igualar, reconocer derechos, y sobre todo, dimensionar la equipotencialidad que ha sido motivo de polémicas bizantinas, es decir, de nunca acabar.

La observación y análisis de la realidad actual nos indica que qué lejanos quedaron ya los tiempos en que la mujer era considerada como ser inferior al hombre, cuestión debida, primero, al avance de la ciencia que nos demuestra lo contrario, y por otro lado, al cambio cultural que le ha permitido a la mujer, ubicarse justo al lado del hombre para empujar el carro de la existencia, juntos y para  la misma dirección.