CARTAS AL DIRECTOR

No quiero sufrir más ¡La pena de muerte, por favor!

Este artículo quizás trate un tema profundo y podría decirse controvertido socialmente, pero ante las circunstancias que vivimos hoy en día los argentinos, es innegable que no podemos seguir mirando hacia otro lado cuando día a día suceden en diversos rincones de nuestra amada república hechos que no sé cómo se los podría caratular ante semejante barbarie desatada de manos de depravados inescrupulosos que dan rienda suelta a su impulso sexual, sin medir las consecuencias.
martes, 16 de junio de 2015 08:05
martes, 16 de junio de 2015 08:05

Me dirijo a la opinión pública, valiéndome de este medio valiente que me posibilita hacerlo. Lo hago como padre, como esposo, como abuelo, como docente, como ciudadano común y corriente pero que aún cree en la necesidad de preservar lo más valioso que tenemos los humanos: los niños y los jóvenes, sin desmerecer a nuestros mayores. Porque con mucho dolor, compruebo que día a día vemos por televisión o cualquier medio de prensa, a veces frente a nuestros propios ojos, cómo "seres humanos” que avergüenzan a la raza entera, comenten atrocidades como violaciones a niños y niñas cuando no a lactantes, ¡pobres angelitos cuyo mundo no es otro que la inocencia! de maneras incomprensibles cuando incomprensibles es ya lo que hacen, ¿cómo pueden abusar de una niñita de dos añitos, flagelarla, quemarla… ¡Tiemblo de indignación! Ahhh, por Dios y la Virgen, que duele tanto escribir esto, al pensar que las víctimas son personitas sin maldad, sin otro anhelo que una caricia de sus madres, su teta, su calor, su aroma, un gesto de amor puro de sus padres, una cuota de alegría cada instante, una sonrisa, un berrinche, porque ellos no conocen las maldades de los mayores, no sienten deseos sexuales irrefrenables como las bestias de dos patas, no están mirando a qué mujer podrán violar, no creen en la envidia ni en el odio, no están interesados en tener las cosas más modernas ni siquiera piensan en qué serán en el mañana ni con quién se casarán o cuántos hijos tendrán, si tan solo lo que desean es un poco de calor, de amor sano de alguien que sienta en su corazón la virtud de la ternura.

¿Cómo no reaccionar ante tamaña barbarie cotidiana? Si tenemos jueces que se dan el lujo de interpretar las leyes a su antojo, como días pasados ocurriera en Buenos Aires, desmereciendo la vida humana, la dignidad, la inocencia, por Dios, ¿qué debemos hacer entonces los ciudadanos comunes, los jefes de familia que luchamos por criar sanamente a nuestros hijos, las madres que no les quitan su mirada por si acaso el vecino no es un degenerado y puede llegar a violar a su niño cuando no el propio padrastro que queda a su cuidado en la casa? ¿Qué esperamos para hacer algo? ¿Qué esperan los legisladores nacionales para plantear este tema en el congreso nacional y sancionar de una vez por todas una LEY EJEMPLAR, una ley que sea tremendamente rigurosa como es la pena capital, la pena de muerte, la ablación de los órganos genitales de los violadores y tantas otras medidas firmes que se podrían tomar para con estos enviados de Lucifer, porque no son personas comunes, porque no aman a los demás, odian, odian de la manera más inconcebible, para ellos la vida consiste en hacer daño a los demás y de la manera más feroz y perversa. Y ojo, porque no siempre se trata de violentos, porque a veces tenemos lobos disfrazados de ovejas, muy buenitos, muy pintuditos y perfumados, muy cariñosos, hablan lindo, muy eruditos, de buena onda como se dice hoy en día… (y a esto aunque me duela tremendamente como devoto cristiano debo decirlo) como ciertos sacerdotes y pastores que aprovechando el abandono y la soledad en que decaen niños, mujeres y hombres por los vapuleos propios de una vida inopinada, sin fortaleza espiritual, se aprovechan con falsos y tendenciosos consejos para empujarlos a los deseos más ocultos y bajos, niños que son abusados en los internados, bebés violados bajo sus mismos techos y por sus propios progenitores o tenedores, abuelos que no  respetan y se olvidan lo que son y abusan de sus nietos tras las paredes de la negra obsesión sexual, madres solteras que no soportan no tener un hombre a su lado y se los llevan a sus casas en concubinato para que les calienten las sábanas, entregándoles ingenuamente a sus hijos a los dueños de las fauces de las bestias más salvajes de los abusos. No digo que todos sean perversos, porque existen admirables padrastros, mejores que los propios padres, en ocasiones, y religiosos consagrados en cuerpo, alma y espíritu, pero que los hay los hay y a montones, ejemplos sobran. Si dudan, consulten la prensa nomás, que esto viene de hace rato y ya no hay forma de ocultarlo.

¿Qué podemos hacer?, me digo, cada día, desesperado ante tanta maldad desenfrenada, ante desquicio de parte de los soldados del infierno, que arrebatan inocencias y futuro a nuestros niños con sus inmundicias. En verdad que lloro por dentro ante tan impotencia, porque un infante ni siquiera puede defenderse, en ocasiones, ni siquiera saben hablar, y si son más grandes, son dominados por el terror, bajo amenazas. Le pregunto y es como si lo hiciera a la pared que me contesta con un vacío que me da vueltas el cerebro y me da vueltas el estómago de tanta degradación, no entiendo, ¿en qué país estoy viviendo? ¿Estoy en la Argentina de San Martín, De Varela, de Guemes, de Belgrano y tantos otros valientes, que dieron sus vidas, su bienestar y hasta su propia felicidad por estas tierras?  A ver si por una de esas, usted me entiende y capaz que me contesta. ¿Será que ya no hay héroes como fueron Alem, Irigoyen, Perón y Evita?

Los diarios, la televisión y la radio día a día nos cachetean con una realidad sangrienta, que a veces creemos que esas son cosas que ocurren en otro mundo, como si se tratara de una película policial o de ciencia ficción, muy lejos de nuestro barrio. O acaso caemos en la necedad de pensar que a nosotros jamás nos pasará. ¡Total! A mí que me importa, si eso no me pasa!, me dijo el otro día una vecina. Eso le pasa al hijo del vecino, al de ahí, al de al lado, al del frente, al de tal pueblo o ciudad, es en otra provincia, creo… Claro, eso pensamos, hasta qué…

Tal vez por eso, también me pregunto: ¿y nuestras leyes y los que las aplican en el país y las provincias dónde están? Los legisladores que deben estar atentos para elaborar las normas necesarias para preservar la calidad de vida de los habitantes, ¿dónde están también?, me digo, ¿qué hacen? Si están haciendo algo, por favor, háganlo saber, porque hasta ahora…

¿Qué hago yo?, me pregunté esta mañana y decidí no callar más, tenemos que hacer algo, pido a mi amado Jesucristo y a todos los Santos que elevemos un clamor de justicia ejemplar, creo que ellos también deben estar llorando a raudales ante tana perversión diabólica. Sin dudas que los debates deben abrirse y crear nuevas normas que se ajusten a los problemas cada vez más acuciantes, cada vez más hirientes, parece que los problemas se ajustan a las normas, por no decir que todo parece patas para arriba. Si seguimos así, dentro de unos años (se puso a pensar, si no me cree, mire a su hijito que juega a su lado y le sonríe con dos dientecitos nuevos), sin contar la delincuencia, los maltratos, los femicidios, la drogadicción, y tantos, tantas plagas sociales que para colmo no dejan de azotar a nuestros niños y jóvenes, ¿cómo terminaremos viviendo los catamarqueños, los formoseños, los porteños, en fin, los argentinos, porque somos argentinos y a todos nos afecta, de un u otra manera. Para ser más claro, le pido que imagine que nuestro país es un cajón de manzanas, ¿qué hace usted con las manzanas podridas, las saca o las deja que pudran al resto? Creo que esta actitud debe ser también una forma de defender a la patria, para que no termine hecha pedazos. Tal vez por eso no me olvido de la parábola en la que Jesucristo secó a la higuera porque no dio los frutos que debía, quizás me entienda.

Por FAVOR, LA PENA DE MUERTE, reza el título, porque algo debe hacerse, creo sinceramente que quien viola y mata a bebés y niños, no merece otra cosa, que me disculpe la Iglesia pero es hora de sincerarnos, porque ni siquiera ella puede resolver los problemas internos de abusos que tienen, mucho menos podrán resolver estos desastres externos, a no ser con actitudes valientes que rompan los moldes y procederes que no se ajustan a la realidad que vivimos actualmente.

CATAMARQUEÑOS, HOMBRES Y MUJERES CON DIGNIDAD AÚN, ARGENTINOS TODOS, ¡POR FAVOR! PIDAMOS DESDE AQUÍ QUE SE ROMPA LA HIPOCRECÍA EN LA REPÚBLICA ARGENTINA, que nazca desde aquí ese grito desesperado, de una vez por todas, y se instrumenten ya las LEYES ESPECIALES QUE CONTEMPLE LA PENA DE MUERTE Y OTRAS ACCESORIAS QUE IMPIDAN QUE EL PISOTEO DE LA DIGNIDAD, LA VIDA Y LA LIBERTAD SIGA AVANZANDO, ennegreciéndonos el presente, destrozándonos las familias, envenenándonos la sociedad, asesinando a nuestros hijos, desangrándolos de mil maneras; porque así, como mucho dolor lo digo, así, FUTURO NO HABRÁ PARA NADIE. Si usted tiene dudas, piense cómo se sentiría si un depravado le violare o matare de la peor manera un hijo, un nieto, un hermano, una esposa, una abuela, injustamente, sin sentido, perversamente… Porque nadie parece salvarse en esto de los abusos cometidos, como dije, no siempre por los más violentos.

¿Cuántos bebés, niños y mujeres deberán morir tan tristemente para que entendamos de una vez por todas? Algo debemos hacer los argentinos, desde el gobernante, el legislador, el dirigente político, gremial, barrial, el docente, el sacerdote, el pastor, el juez, el empleado, la ama de casa, y cualquier persona desde el más simple rol social. Sé que muchos de ustedes también sienten la misma bronca. Es hora de hacer algo. ¿No le parece, querido argentino?

¡BASTA DE VIOLACIONES Y MUERTES¡

NO QUIERO SUFRIR MAS  ¡LA PENA DE MUERTE, POR FAVOR!

¡TE QUIERO BEBÉ, TE QUIERO NIÑO, SANAMENTE, CON AMOR PURO, HONESTO Y SINCERO DE SER HUMANO DIGNO! POR USTEDES ES ESTO.

Prof. Guillermo Antonio Fernández

DNI: 14.652.414

Fiambalá- Catamarca