Posteriormente se celebró la Santa Misa en el templo, sito
en la esquina de Almafuerte y Maestro Quiroga (Ayacucho norte).
La celebración eucarística fue presidida por el párroco de
Santa Rosa de Lima, Pbro. Armengol
Acevedo, quien en su homilía hizo memoria de cómo nace la devoción a la Santa
Patrona, recordando que "un acaudalado comerciante de la isla de Creta tenía la
bella pintura de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y decidió llevarla a
Italia para su veneración. En pleno camino por el mar se desata una gran
tempestad que hacía peligrar la vida de los viajantes. El comerciante tomó la
pintura y la sostuvo en alto en el barco, suplicándole a viva voz: ‘Socorro’.
El mar se calmó y llegaron a destino. Después de muchos años de estar en la
casa de un amigo del comerciante, la pintura quedó definitivamente en la
Capilla de los Monjes Agustinos donde su devoción se propagó rápidamente ante
los milagros y gracias diarias que recibían los que se acercaban a Ella para
pedirle socorro ante sus aflicciones”, comentó el sacerdote, enfatizando que
"el máximo auxilio que la Virgen nos da es su Hijo Jesús, nuestro Salvador”.
Refiriéndose a la Palabra de Dios escuchada, dijo: "Jesús se
dirigía a ver a la hija de Jairo acompañado por una multitud que caminaba
apretujada, más o menos como recién estábamos nosotros caminando en la
procesión, y una mujer que sufría hemorragias le tocó su manto convencida de
que Él era su socorro, e inmediatamente quedó sanada. Ésta es la primera
enseñanza de este día: Jesús es nuestro socorro, nuestro Salvador”.
Continuando con el relato del Evangelio proclamado, expresó:
"En el camino recibió la noticia que la hija de Jairo ya había muerto. Entonces
Jesús le dijo a Jairo: ‘No tengas miedo, basta que creas’. Al llegar a la casa
resucita a la niña. Aquí tenemos otra enseñanza: creer, tener confianza en
Jesús. Estos dos milagros tienen que quedarse gravados en nuestra vida personal
para saber a quién debemos ir en los momentos difíciles de nuestra vida. Hay
muchos cristianos que cuando la están pasando mal recurren a los curanderos, se
hacen tirar las cartas, buscan refugios aparentes porque no creen que Jesús
puede ser el auxilio que necesitan”.
"Si creemos en Jesús, nuestros miedos se disipan. Pongamos
nuestra confianza en El. De esto depende nuestra vida cristiana, de la
confianza, de la seguridad que pongamos en Jesús. Tenemos que recurrir a El con
frecuencia por medio de la oración de cada día y de una manera especial por la
misa dominical, donde venimos como comunidad a suplicarle a Nuestro Señor”,
manifestó el celebrante.