De controles y garantías

Andalgalá © Sería banal no reconocer la tradición minera que caracteriza a Andalgalá, a partir de los usos y costumbres de sus antiguos habitantes, los que vivieran en ella mucho antes de la llegada de los españoles.
miércoles, 3 de junio de 2015 08:44
miércoles, 3 de junio de 2015 08:44

En la recopilación, pudimos constatar que esta región de Catamarca, tiene una marca minera imborrable, tanto como para que este presente sea una clara consecuencia de aquel pasado que signaba identidades referenciadas en un mismo eje: la minería como actividad sustentable y madre de industrias y de vidas comunitarias.

Deambulando por los senderos de las reflexiones acerca de la minería, casi nos sorprendimos, al relacionar hechos y acontecimientos, que en los tiempos que corren, el gobierno de la provincia ha tenido la oportuna visión de que es necesaria su presencia en los pueblos mineros de Catamarca, y sus brazos se extendieron a través de la creación de los Centros de Control Minero-Ambientales, en Andalgalá, Belén, Santa María y Tinogasta, departamentos en los que se desarrolla la actividad minera en escala industrial.

En el contexto de hostilidades que en estos lugares generaron algunos grupos fundamentalistas, y que podría incidir negativamente sobre la actividad que es motor de las economías locales, estos centros vienen a llenar un vacío histórico.

Efectivamente, al menos en Andalgalá, hubo siempre un funcionario denominado "Delegado de Minería” que cumplía solamente funciones protocolares en el proceso de engrosamiento del aparato estatal, funcionario que no tenía relevancia alguna en el quehacer comunitario, ya que las dudas e inquietudes persistían en cuanto a los pormenores de la industria minera, duda e inquietudes aprovechadas por los autores de la sinrazón para crear el caos en la pacífica sociedad local.

Dable es destacar que en la actualidad, y dada la acertada visión del gobierno de la provincia en cuanto a desarrollo y crecimiento,  la población tiene  un lugar específico para plantear y eliminar las dudas e incertidumbres proclamadas por esos sectores preocupados en destruir el tejido social.

Especificaciones técnicas, iniciativas, planificación, proyección a la comunidad, capacitaciones, contención y demás, son los claros objetivos de estos Centros que han sido muy bien recibidos por la gente, luego de al menos dos décadas de orfandad en ese sentido.

Creemos, y la gente también lo cree, que estas instituciones son un importante aporte del Gobierno Provincial, para el normal y armónico desarrollo de la actividad minera que beneficia, directa e indirectamente a un montón de pueblos que emergen y crecen a partir de la  articulación entre pueblo, gobierno e iniciativa privada, en la explotación de los recursos naturales de esta tierra que es minera, aunque a unos pocos ruidosos no les guste.

En ese entendimiento y lejos de la Pampa Húmeda, coordinemos entonces para cumplir con el principal rol del Estado que no es otro que el bien común.

En el Centro de Control Minero Ambiental de Andalgalá, es habitual observar a tanta gente que día a día acude a sus espacios administrativos, a evacuar dudas o plantear iniciativas, y es aragüeño saber  que en su mayoría se retira satisfecha, luego de conocer muchas verdades y derribar los falsos mitos apocalípticos, anacrónicos y absurdos.