Nacido en Buenos Aires el 26 de diciembre de 1824, provenía
de una distinguida familia española, su padre don Ángel Julián Martín de
Carranza había pasado al Río de la Plata en la Armada del Virrey Pedro de
Cevallos en 1776 y luego de actuar en la Banda Oriental, sirvió en el Alto Perú
contra Tupac Amarú, radicándose finalmente en Santiago del Estero dando origen
a un vasto linaje.
Adolfo Esteban Carranza hizo sus primeros estudios en el
convento franciscano de nuestra provincia bajo las órdenes del padre fray Ramón
de la Quintana y fue condiscípulo de Fray Mamerto Esquiú.
En 1841, con 17 años, se radica en Santiago del Estero
iniciándose en el novedoso comercio de la lana; hacia 1848 se estableció en
Buenos Aires con una casa de consignaciones que comerciaba artículos
ultramarinos hacia el interior, que paulatinamente se convirtió en la fuente de
su gran fortuna personal que la invirtió en bienes raíces e industrias en el
interior del país.
Contrajo matrimonio en Buenos Aires con doña Eugenia de
Mármol y de ella tuvo quince hijos, de los cuales sobrevivieron seis varones y
cinco mujeres; entre ellos podemos destacar a Arturo Pedro, fundador del
Archivo Histórico Nacional, y Arturo Bartolomé, de una gran trayectoria como
historiador de la Capital Federal.
Don Mauro Carranza, tío de nuestro biografiado, ex
gobernador de Santiago del Estero fue derrocado en 1851 y se alejó definitivamente
de su provincia incorporándose al grupo de empresarios mineros corridos por la
tiranía de Rosas que se establecieron en Andalgalá conjuntamente con el Dr.
Manuel Malbrán, don Jesús María Espeche y Marcelino Augier en los años de la
gobernación de don Manuel Navarro (1846-1852); según noticias de Samuel Lafone
Quevedo en su "Relación Histórico-Descriptiva del Mineral de las Capillitas”
publicado en 1894.
No es difícil conjeturar que su tío lo alentara a
incorporarse al beneficio de las minas catamarqueñas; adquiriendo beneficios
mineros y trasladándose a Andalgalá en 1856, para permanecer sin interrupción
durante cuarenta años en el departamento, desplegando su fuerte, valerosa y
útil existencia para con estas comarcas, derivando un conocimiento fundamental
de los problemas de la zona y un cariño extraordinario que impulsó su poderosa
voluntad de resolverlos.
Sus Minas más importantes fueron la "Rosario” en Capillitas
y la "María Eugenia” en el Cerro Atajo, ambas de cobre auroargentífero, pero
sus derechos y explotaciones cubrieron los cerros con más de veinte
pertenencias en la región. Sin embargo, don Adolfo Esteban Carranza no
solamente extrajo con su empresa minerales sino que participó en su metalurgia,
como copropietario de los ingenios de fundición de Amanao con Anselmo Segura;
en 1860 fundó la usina de "Pipanaco” juntamente con los hermanos Molina y
finalmente "La Constancia” en 1878, establecimiento donde además de producir
grandes cantidades de cobre fino en barras para ser exportado a Gran Bretaña,
se fabricaron los primeros ladrillos refractarios del país y se destilaron el
aguardiente de algarroba o cerveza de algarroba que recibieron un justo
galardón en la Exposición Continental de 1882, que sobrevivió a difíciles años
como un símbolo de su hombría hecha principalmente de persistencia, firmeza y
sana tozudez.
Su experiencia como andalgalense convenció sin duda a
Carranza de la necesidad fundamental que afligió a toda Catamarca, de entonces
y de siempre: la incrementación de sus comunicaciones telegráficas, postales,
viales, ferroviarias, para poner a la provincia en contacto fácil con el resto
de la Nación. Entre algunos de sus importantes servicios brindados a la
provincia encontramos la construcción del camino carretero desde la ciudad de
Catamarca hasta Guacra por la Cuesta del Totoral, que por mucho tiempo fue el
orgullo de la vialidad nacional y de Catamarca, por la calidad del trabajo y su
insignificante costo.
La extensión del telégrafo eléctrico desde Tucumán hacia la
ciudad de Catamarca, Fuerte de Andalgalá y ciudad de La Rioja, que recibió las
felicitaciones del presidente Sarmiento por proporcionar a Catamarca un vínculo
más que la une al mundo civilizado; brindó además los servicios de correos a
caballos a distintos puntos de la provincia, la obtención de la concesión de
una mensajería para el transporte de pasajeros entre las ciudades Catamarca-La
Rioja-San Juan y el mantenimiento del camino hasta La Rioja, fueron otros de
los emprendimientos de este gran pionero que tuvo la provincia.
Pero sin lugar a dudas sus fuerzas estuvieron dirigidas a
solucionar otro grave problema que tuvieron las industrias del Oeste de nuestra
provincia, la falta de una viabilidad adecuada para el transporte de sus
productos. Y en ese sentido es precursor en 1881 de la idea de extender la
línea ferroviaria desde Recreo a Chumbicha, Catamarca y La Rioja.
En el año 1886, al
iniciar su última década de vida, entra don Adolfo Esteban Carranza de lleno en
el papel de gran promotor en la parte catamarqueña del genial proyecto
elaborado por Guillermo Wheelwrigth, la diagonal de hierro Buenos Aires-La
Caldera, en el Pacífico a través de Catamarca.
Así elaboró él mismo un proyecto que extendía la línea
férrea desde la punta de riel ubicada en esa época en Chumbicha hacia nuestro
departamento y Tinogasta, gracias a sus grandes conocimientos topográficos de
la zona y que hizo aprobar por el Congreso mediante Ley N° 2184 en 1887, que
lamentablemente no pudo llevar a cabo pese a todos sus esfuerzos económicos;
pero que luego será utilizado por el gobierno nacional para concretar la
llegada del ferrocarril a estas localidades.
Y eso no es todo, su afán por el progreso de estos
departamentos y de toda la provincia, lo llevó a ampliar su proyecto anterior
destinando el ferrocarril desde Tinogasta hasta la frontera con Chile, para
empalmar con la línea a Copiapó.
Idea que consiguió la adhesión de los medios argentinos,
chilenos y británicos, y elevó el proyecto a un nivel continental con similares
características de las rutas mundiales de la época; que como el anterior, la
profunda crisis económico-financiera de 1890 impidió.
Textos extraídos del libro "Aportes para una Historia de
Andalgalá Vol. I” de Rubén Sánchez, C. Bize Guerra y otros – Colección Conando,
2016.