Las quejas por la falta de medicamentos, de la ausencia
reiterada de profesionales, por la carencia de servicios vocacionales, por la
falta de seguridad y por los mediocres servicios médicos, se hacen cada vez más
insistentes por parte de la gente que no le queda otra que acudir a él para
mitigar el dolor o salvar su vida, considerando que los servicios en las
clínicas privadas, son aún peores.
Prueba de ello, es la cantidad de derivaciones que se
realizan, a veces dos o tres en el mismo día hacia la Capital, lo que lleva a
la gente a preguntarse si el nosocomio está tan mal o los médicos no
tienen ganas de laburar como deben y
para lo que les paga el estado.
Lo llamativo del caso es que el Ministro de Salud es
conocedor de estas situaciones y no se supo que haya articulado acciones tendientes
a enderezar los erráticos rumbos del hospital, como edificio público, como
institución y como grupo humano.
Lo dice la gente y del mismo modo se transmite, más allá de
las apreciaciones personales de este corresponsal.