La entrevista fue sencilla. Corta, podría decirse. Consistió en un escueto intercambio de audios (vía Whatsapp) durante la mañana del jueves. Pero es farragosa. Emanuel Rodríguez tiene una ametralladora de palabras en la boca, y aunque era temprano, y parecía cansado, su hablar lento no dejaba de amontonar análisis certeros sobre la realidad política nacional.
Emanuel Rodríguez es, ante todo, un gran periodista. En Córdoba integró y forjó incontables medios periodísticos y culturales, muchos de ellos de recordada hilaridad o efervescencia política y cultural. También cosechó numerosos lectores a través del diario La Voz del Interior, donde fue uno de los columnistas destacados del medio hasta que su creciente compromiso con el kirchnerismo lo llevaron a tomar posturas intransigentes en torno a su rol dentro del tradicional matutino cordobés, perteneciente al Grupo Clarín.
Cuando el vínculo con La Voz no dio más, inició una carrera profesional rara, o al menos no tan masiva como otras, incluso dentro de las lides del periodismo. Rodríguez se metió en el mundo del humor, más específicamente el stand-up.
Es una catarata de palabras, Rodríguez. Esta maquinaria del humor político llega a nuestra ciudad para presentar una versión renovada de su show: "Peroncho. Peronist stand up for the peronist people”. La cita será el próximo miércoles partir de las 21hs. en El Encuentro (Ayacucho norte y Av. José V. Figueroa, detrás de la Unca.).
–Es
tu primera vez en Catamarca. ¿Cómo vas a acercar los shows que hacés en Córdoba
o Buenos Aires a este público?
–No creo necesario modificar el espectáculo en relación al lugar donde se hace el show. Me parece que eso también forma parte de un cierto vicio porteño, creer que el público de las provincias es muy diferente o está poco acostumbrado a expresiones artísticas populares. Yo creo que el nombre stand-up es una etiqueta nueva que se le ha puesto a un forma de arte popular que tiene que ver con el discurso humorístico. Y a mí me parece que eso no requiere demasiada adaptación cuando salgo de Córdoba o voy a Buenos Aires.
La verdad que Catamarca me resulta una ciudad familiar, una provincia familiar, porque yo crecí en el noroeste argentino y tengo una educación en su idiosincrasia que, creo, me aproxima…; pero al mismo tiempo insisto con esto: mi espectáculo está dirigido a personas que consideren positiva la participación política, que tengan conciencia de la participación política, que más o menos adhieran a las ideas del proyecto nacional y popular, y eso nos hermana, nos vincula absolutamente. Sobre todo en estos tiempos donde el renacimiento de la actividad política, el renacimiento de la militancia nos hermana no sólo entre provincias… creo que podría hacer mi show sin problemas con los hermanos de Bolivia, con los hermanos de Perú, de Venezuela, y más o menos sabríamos todos de qué estamos hablando: de esta tremenda batalla desigual entre fuerzas populares y las fuerzas conservadoras, y eso me parece que es casi idioma universal en la región.
–Imagino
que incluirás algunas pinceladas sobre la realidad local.
–Por supuesto, bocadillos locales vamos a poner; claramente, eso siempre lo hago. En cada show en que viajo trato de involucrarme un poco en la política local. En algunos casos es más fácil, en algunos casos es más complejo, y creo que con las provincias del noroeste argentino esa complejidad aumenta por la falta de información que hay, por la falta de federalismo en la difusión de lo que pasa en las provincias. Pero bueno, también es un cerco mediático que se puede romper ahora con Internet de un modo bastante menos complejo que antes. Así que en eso estamos, trabajando para incluir algunos datos de color que tengan que ver con Catamarca.
¿Cómo
te encuentra el stand-up hoy?
Me encuentra en un lugar bastante crucial en el que tengo que tomar una decisión entre priorizar los aspectos más militantes o priorizar el aspecto más artístico, y en mi caso creo que he decidido absolutamente por la militancia, por la difusión de una resistencia alegre, por la idea también de que el humor puede ser un canal para romper ese cerco mediático, para dar la batalla cultural en toda la extensión de la Argentina, para dar la batalla cultural hacia adentro de la fuerza también, porque sabemos que el proyecto nacional y popular también en los últimos años tuvo momentos y personas que mostraron debilidad, traiciones, idas y vueltas, no se defendió con la suficiente fuerza muchos de los avances, entonces el humor permite cristalizar ciertos rechazos necesarios.
A mí me parece tan importante como rechazar el avance neoliberal de Macri rechazar el coqueteo con Diego Bossio, por ejemplo. A mí me parece que esos personajes no pueden formar más parte de ese proyecto nacional y popular; que quienes votaron a favor de los fondos buitres no pueden formar más parte del proyecto nacional y popular. Nosotros tenemos hacia abajo, gracias a la formación de una clase militante joven y con muchísima fuerza, cuadros políticos que pueden reemplazar a los traidores, a los cobardes, a los cagones.
Y bueno, yo trato de hacer humor como una forma de militancia hacia afuera para resistir la vuelta de los noventa, la vuelta de los setenta, la vuelta de la fusiladora del ’55 y la vuelta de la década del ’30, es decir, el regreso de la clase conservadora y saqueadora histórica de la tierra al poder en el país, pero también como una forma de resistencia a los débiles, a los cagones, a los traidores dentro de la propia fuerza.
En ese momento me encuentra el stand-up. Mucha gente me dice que ahora es más fácil hacer humor por todas las cagadas que comete el gobierno nacional, por todo el material que dan, por ridiculeces que hacen, pero yo creo que era mucho más fácil hacer humor con la gente contenta; cuando la gente que va al teatro sabe que va a llegar a fin de mes tranquila; cuando la gente que va al teatro sabe que no corre el riesgo de perder el trabajo por pensar distinto al gobierno; cuando la gente que va al teatro sabe que hay un Estado presente que se va a ocupar de los viejos, y se va a ocupar de los chicos para que vayan a la escuela con una computadora, y que se les aseguren todas las vacunas. Cuando la gente que va al teatro sabe todo eso es mucho más fácil hacer humor, porque hacés humor a partir de una plataforma alegre.
Ahora que todo eso se cayó, ahora que vos si tenés un hijo no sabés si el Estado nacional te va a cubrir las vacunas; si tenés un abuelo no sabés si el Estado nacional se va a asegurar de que viva dignamente; si tenés un hijo en edad escolar sabés que el Estado nacional no te va a dar una computadora aunque sea para igualar un poco la situación en relación a los estudiantes que vienen de clases sociales más favorecidas, es más difícil que te haga reír algo, es más difícil.
Quizás también tenga un efecto más sanador hacer reír, pero yo preferiría ese efecto potente de cuando te reís en la alegría y la felicidad de un pueblo que lleva bien altas las banderas de la dignidad, la soberanía y la independencia. Prefería ser humorista con la gente alegre. Ahora soy humorista y militante y no voy a bajar las banderas. Voy a seguir haciendo lo que es necesario hacer, y también con la esperanza de que en un futuro próximo vamos a volver a ese escenario donde no sólo yo estaba más feliz haciendo humor. Me parece que cada uno de los argentinos estaba más feliz haciendo su trabajo.
Así que con esa fe, con esa esperanza, y también con la obligación que me impongo de recorrer al país y no cometer ese error unitario que sí se cometió durante los últimos años, sobre todo en materia de comunicación. Recorrer el país con esto porque hay militantes en todos lados y gente que por ahí necesita recuperar un poco de alegría, un poco de risa en medio de este desastre, en esta cosa tan apocalíptica que están llevando adelante desde el gobierno nacional.