Urbanc: “Recurramos al Espíritu Santo para que nuestro obrar sea siempre misericordioso”

El martes 29 de noviembre, representantes de medios de comunicación social, voluntarios de Radio María y Comunicadores de María del Santuario, e integrantes del Equipo de Pastoral de Comunicación Social y del programa católico Mateando con la Vida, tributaron su homenaje a la Madre del Valle en el primer día del novenario.
miércoles, 30 de noviembre de 2016 11:14
miércoles, 30 de noviembre de 2016 11:14

Como ocurre en cada festividad mariana, los participantes ingresaron procesionalmente al templo catedralicio, guiaron la Santa Misa, proclamaron la Palabra de Dios, elevaron las súplicas al Padre en la Oración de los Fieles y acercaron al altar las ofrendas particulares, como también el pan y el vino para preparar la mesa eucarística.

La misa fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el Vicario General de la Diócesis, Pbro. Julio Quiroga del Pino, el Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz, entre otros sacerdotes del clero catamarqueño.

Durante su homilía, Mons. Urbanc manifestó que "nos hemos propuesto en esta novena rezar por los frutos de lo que será la tarea del primer año del trienio de preparación a la celebración por los 400 años del hallazgo de la sagrada imagen de la Inmaculada Concepción, a la que, desde tiempo inmemorial, llamamos tiernamente Virgen del Valle: ‘el Itinerario formativo de los Discípulos – Misioneros’, bajo el lema ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’”.

En otro tramo de su predicación, el Pastor Diocesano centró su reflexión en la misericordia, indicando que "el Papa Francisco dio por concluido, con solemne rito, el Año de la Misericordia, pero nos dijo que tenemos que seguir ejercitando la compasión para con todos”. Por ello, llamó a que "no juzguemos por apariencias, ni sentenciemos de oídas, sino recurramos a los dones que el Espíritu Santo ha infundido en nuestros corazones con el sacramento de la Confirmación: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor del Señor, para que nuestro obrar sea siempre misericordioso e impregnado de la ternura que se irradia de nuestra Madre bendita del Valle”.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos Devotos y Peregrinos:

En este primer día de la novena honran a nuestra Madre del Valle todos los que trabajan en los medios estatales y privados de la Comunicación Social y los miembros de la Pastoral diocesana de la Comunicación. Bienvenidos y muchas gracias por su servicio a la difusión del Reinado de Dios en nuestra sociedad.

Nos hemos propuesto en esta novena rezar por los frutos de lo que será la tarea del primer año del trienio de preparación a la celebración por los 400 años del hallazgo de la sagrada imagen de la Inmaculada Concepción, a la que, desde tiempo inmemorial, llamamos tiernamente Virgen del Valle: ‘el Itinerario formativo de los Discípulos – Misioneros’, bajo el lema "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

El profeta Isaías anuncia de parte de Dios un gran regalo para su pueblo: "brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor”. La liturgia ha seleccionado estas palabras para la Misa de hoy porque ve en ellas como un anticipo de la plenitud que nos traerá el nacimiento de Jesús. El Espíritu Santo ha estado actuando siempre en la humanidad. Se ha ido manifestando a través de los profetas como nos lo demuestra el texto que leemos hoy. Y Jesús no sólo lo hará presente a través de sus palabras y acciones, sino que nos lo enviará en toda su plenitud el día de Pentecostés.

En el evangelio de hoy leemos: "En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien”.

Los discípulos acaban de realizar  la misión que Jesús les ha encomendado recorriendo los pueblos y aldeas de la región. Ellos regresan felices porque todo ha ido bien. Jesús, por su parte, estalla de alegría impulsado por el Espíritu al ver cómo el Reinado de Dios comienza a manifestarse en la acogida y la buena voluntad  de la gente más sencilla y sin prejuicios.

En esta gozosa oración Jesús anuncia que también las personas más humildes pueden conocer los hermosos misterios de la fe cristiana, porque son capaces de mirar con ojos limpios las obras que Jesús realiza.

El Papa Francisco dio por concluido, con solemne rito, el Año de la Misericordia, pero nos dijo que tenemos que seguir ejercitando la compasión para con todos. Por ello les cuento una anécdota de un sacerdote que fue a visitar a un hombre muy pobre y enfermo en las cuevas del castillo de Jumilla, en España. Este señor le contó su vida llena de sufrimientos hasta verse obligado a vivir  recogido como un animalito solo en aquella  cueva. Como resumen de todo lo que había aprendido en la vida le dijo: "Padre, si alguien me hace un mal, yo siempre le voy a perdonar”. Al oír estas palabras el sacerdote sintió como un estremecimiento, como si estuviera escuchando a un santo. No tenía nada de valor alrededor de aquella humilde cama, sólo una fe muy viva en la Palabra de Jesús  clavado en la cruz. El sacerdote había ido a hablarle de la confianza en Dios y del perdón, pero fue el enfermo quien le enseñaba que no sólo había entendido el mensaje de Jesús, sino que lo estaba viviendo postrado en aquel catre dentro de una cueva.

Por tanto, hermanos, no juzguemos por apariencias, ni sentenciemos de oídas, sino recurramos a los dones que el Espíritu Santo ha infundido en nuestros corazones con el sacramento de la Confirmación: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor del Señor, para que nuestro obrar sea siempre misericordioso e impregnado de la ternura que se irradia de nuestra Madre bendita del Valle. De esta manera que cada uno experimente lo expresado por el salmista como una convicción personal, fruto de nuestra profunda unión con Dios: "Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres”. Y que Jesús pueda decirnos a cada uno de nosotros: «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron».

Nuestra Madre del Valle, ruega por nosotros.

¡¡¡Así Sea!!!

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