Efectivamente, se inició el miércoles 7 de diciembre, cuando
el municipio decretó asueto para que los empleados estatales pudieran
participar de las festividades marianas que finalizaron ese mismo día.
Luego, el
feriado nacional por el Día de La Inmaculada Concepción, el feriado puente y el
fin de semana, suman la módica cantidad de cinco días de absoluta paralización
de la actividad oficial en toda la jurisdicción.
Naturalmente,
los empleados públicos de todas las reparticiones aprovecharon esos días para los más dispares
menesteres, aunque la población en general sufriera las consecuencias de la
falta de logística.
Los
servicios se vieron resentidos para el pago de facturas de servicios, en el
cuidado de la salud, ya que en el hospital sólo se atendían urgencias. No
funcionaron, el correo, el banco, las escuelas, y apenas algunos comercios con
urgencias financieras.
La ciudad se
vio invadida por bolsas y cajas repletas de basura que fue desparramada por los
innúmeros perros vagabundos, por lo que los recolectores tendrán mucho trabajo
en el día de hoy.
Cinco días
es demasiado tiempo como para que toda una población se paralice como ocurrió durante
este larguísimo feriado.
Disfrutamos
de los días de descanso, pero consideramos que no se debe abusar de ellos y que
el estado no debe ausentarse tanto porque es el eje del funcionamiento de la
sociedad.
Por
supuesto, este hecho fue producido por exigencias de las circunstancias, pero
que por las mismas razones, nos debe enseñar que tan largos, los feriados,
lejos de ser placenteros, se convierten en perjudiciales.