En la oportunidad, estuvieron presentes autoridades
provinciales encabezadas por el Ministro de Gobierno, Dr. Gustavo Saadi, los
Intendentes de Capital, Lic. Raúl Jalil, y de Fray Mamerto Esquiú, Dr.
Guillermo Ferreyra, acompañados por miembros de sus respectivos equipos de
trabajo.
La Santa Misa fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons.
Luis Urbanc, y concelebrada por el Vicario General de la Diócesis, Pbro. Julio
Quiroga del Pino, el Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz,
entre otros sacerdotes del clero local.
En su homilía, Mons. Urbanc se refirió al evangelio en el
que "Jesús nos dice: ‘El que escucha mis palabras y las pone en práctica se
parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca’. Es una
comparación preciosa para entender el valor de la familia”, afirmó, agregando
que "el Señor habla de ‘casa’, pero piensa en los que están dentro, en el papá,
la mamá, los hijos… Uno de los dones del Espíritu Santo se llama justamente el
‘don de fortaleza’. Son los padres quienes más lo necesitan para saber educar y
guiar a sus hijos por el camino del bien. Hace falta mucho acierto para ganarse
la confianza de los hijos y, al mismo tiempo, no claudicar ante sus caprichos o
sus errores, sobre todo en la formación espiritual”.
"Pero, sobre todo, con su testimonio de vida nos hace
conocer quién es Dios y lo que espera de nosotros. No se trata sólo de una
doctrina atractiva, sino de un seguimiento y un compromiso: hacer Vida los
valores del Reino. No basta la devoción, la asistencia a Misa, novenas,
procesiones o incluso las obras de misericordia, si todo ello no está basado en
el cimiento inconmovible del Dios Amor, que nos hace acercarnos de corazón al
hermano que sufre… Nuestro mundo en crisis y lleno de contradicciones está
ávido de este testimonio por parte de los cristianos”, enfatizó el Obispo.
Finalmente rogó "que la Pura y Limpia Concepción del Valle
nos ayude a llevar con coherencia la fe y la vida. Que lo que creamos lo
practiquemos y que seamos agradecidos con Dios”.
Los alumbrantes participaron de la Liturgia de la Palabra y
de la Eucaristía, leyendo el guión, las lecturas y acercando los dones de pan y
vino al altar. También se acercaron ofrendas para ser destinadas a la recepción
de los peregrinos y la limpieza de los lugares que los recibirán.
Antes de la bendición final, toda la asamblea se consagró a
la Virgen del Valle y cantó su himno con fervorosa devoción.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA
Queridos devotos y peregrinos:
En este tercer día de la novena, en el que se nos propuso
reflexionar acerca de la necesidad de una sólida formación en la fe, rinden su
homenaje a la Santísima Virgen del Valle la señora Gobernadora e Intendentes de
la Provincia con sus respectivos
colaboradores. Bienvenidos a esta celebración, y que la Madre celestial los
reconforte en sus tareas.
En la primera lectura Dios nos dice que "tenemos una ciudad
fuerte, que Él ha puesto para salvarla murallas y baluartes. Que abramos las
puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; que nuestro
ánimo estará firme y en paz, si confiamos en Él… Confíen siempre en mí, porque
Yo soy para ustedes Roca perpetua” (cf. Is 26,1-4).
El profeta Isaías habla de una ciudad fuerte en la que sus
habitantes se sienten protegidos por Dios ante los enemigos. Que Dios es la
referencia fundamental de Salvación, un valor que contradice y supera el de los
poderosos de este mundo. Dios es la Roca que sustenta la Vida, que da sentido
pleno al Amor. Todos necesitamos ánimo e ilusión en el seguimiento del Señor.
Habitualmente no esperamos milagros cada día, pero sí queremos tener razones
para vivir y confiar en Dios. Por eso el salmista exclama: ‘Demos gracias al
Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Mejor es refugiarse en
el Señor que fiarse de la gente, mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de
los jefes’.
En el evangelio Jesús nos dice: "El que escucha mis palabras
y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa
sobre roca”. Es una comparación preciosa para entender el valor de la familia.
El Señor habla de "casa”, pero piensa en los que están dentro, en el papá, la
mamá, los hijos… Uno de los dones del Espíritu Santo se llama justamente el
"don de fortaleza”. Son los padres quienes más lo necesitan para saber educar y
guiar a sus hijos por el camino del bien. Hace falta mucho acierto para ganarse
la confianza de los hijos y, al mismo tiempo, no claudicar ante sus caprichos o
sus errores, sobre todo en la formación espiritual.
Pero, sobre todo, con su testimonio de vida nos hace conocer
quién es Dios y lo que espera de nosotros. No se trata sólo de una doctrina
atractiva, sino de un seguimiento y un compromiso: hacer Vida los valores del
Reino. No basta la devoción, la asistencia a Misa, novenas, procesiones o
incluso las obras de misericordia, si todo ello no está basado en el cimiento
inconmovible del Dios Amor, que nos hace acercarnos de corazón al hermano que
sufre… Nuestro mundo en crisis y lleno de contradicciones está ávido de este
testimonio por parte de los cristianos.
La fábula que les presento a continuación nos describe con
claridad la misión de los padres. Se titula "La yegua y el potrillo”.
Cuentan que una madre tenía dos hijos. Siendo muy niños aún,
murió el padre. La mamá trató de darles una buena educación, sobre todo
religiosa. Sin embargo al ingresar a la universidad, algunos profesores
influyeron mucho en ellos y los dos muchachos cayeron en sus redes ideológicas
y abandonaron la fe.
La pobre madre se sintió defraudada y se preguntaba qué
había hecho mal. ¿Por qué sus hijos vivían sin Dios? Hasta llegó a cuestionarse
ella misma. ¿No sería que la fe que les dio no era la verdadera y ellos tenían
razón?
Un día fue a consultar a un sacerdote. Éste escuchó con
mucha atención su caso y luego la hizo asomarse a la ventana:-¿Qué ve, señora?,
Le preguntó.
- Veo una yegua atada a un árbol y un potrillo suelto que
salta muy alegre, va y viene, se aleja y regresa junto a su mamá.
- ¡Exacto!, dijo el sacerdote. El potrillo anda suelto, pero
la yegua está atada. Él se va, pero luego regresa. Si también la yegua
estuviera suelta el potrillo no tendría el punto de referencia para regresar;
estando los dos sueltos la madre y el hijo se alejarían para no volver a
encontrarse nunca más... Igual le sucede a Usted: sus hijos se han soltado,
hasta se han alejado de Dios. Pero Usted debe seguir firme en su fe. Así,
aunque los hijos se vayan, podrán regresar porque siempre tendrán un punto de
referencia en su mamá.
Ahora bien, ¿qué aprendió esa mamá de esta experiencia?...
Que si Dios no ocupa el centro de nuestro hogar, nuestras familias se
derrumban…
«Edificar en la arena una casa» (cf. Mt 7,26) es una imagen
para describir un comportamiento insensato, que no lleva a ningún resultado y
acaba en el fracaso de una vida, después de un esfuerzo largo y penoso por
construir algo. Solía decir san Agustín: ‘corres bien, pero por camino
equivocado’. ¡¡Cuántos casos de éstos!! ¡Por desgracia!
La alegría de haber obtenido una pequeña victoria sobre
nosotros mismos es un entrenamiento para otras batallas, y la fuerza no nos
faltará —con la gracia de Dios— para perseverar hasta el fin.
Por tanto, el mensaje de la Palabra de Dios nos advierte con
claridad que hay una infinita distancia entre el mero ‘escuchar’ y el ‘hacer’.
"Obras son amores y no sólo buenas razones”, dice un conocido refrán.
Cuánto consuelo nos da la enseñanza de san Pablo: "Si
creemos, no quedaremos confundidos, y, si invocamos al Señor, nos salvaremos”
(cf. Rom 10,9-13). Por supuesto que se trata de los que creen con auténtica fe,
la que ‘obra mediante la caridad’ (Gál 5,6).
Es un hecho que muchos creen y no hacen. La carta de
Santiago lo denuncia de una manera impresionante: ‘Pongan por obra la palabra y
no se conformen con oírla solamente, engañándose a ustedes mismos’ (St 1,22);
«la fe, si no tiene obras, está muerta»
(St 2,17); «como el cuerpo sin alma está muerto, así también la fe sin obras
está muerta» (St 2,26). Esto es lo que nos enseña Jesús al decir: «No todo el
que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que
haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21).
Que la Pura y Limpia Concepción del Valle nos ayude a llevar
con coherencia la fe y la vida. Que lo que creamos lo practiquemos y que seamos
agradecidos con Dios.
¡¡¡Nuestra Madre del Valle, ruega por nosotros!!!