El templo estuvo repleto de fieles devotos entre los que ya
se cuentan peregrinos llegados desde distintos puntos del interior catamarqueño
y provincias vecinas en el inicio del primer fin de semana de las festividades
marianas.
En parte de su homilía, Mons. Urbanc destacó que "este
tiempo de Adviento es el adecuado para buscar a Jesús con un gran deseo, como
los dos ciegos, haciendo comunidad, haciendo Iglesia. Con la Iglesia
proclamamos en el Espíritu Santo: ‘Ven, Señor Jesús’. Jesús viene con su poder
de abrir completamente los ojos de nuestro corazón, y hacer que veamos, que
creamos. El Adviento es un tiempo fuerte de oración: tiempo para hacer plegaria
de petición, y sobre todo, oración de profesión de fe. Tiempo de contemplar y
de creer. Tiempo de acrecentar en nuestros corazones y en nuestras familias el
deseo de Dios”.
Asimismo, exhortó a que "no tengamos miedo de seguir a Jesús
a pesar de las tinieblas que tal vez inundan nuestro corazón. Sólo el Hijo de
Dios, puede hacer brillar la luz y la alegría en nuestras vidas”. Y agregó que
"muchos son los que buscan luz en su vida. Han hecho estudios, tienen formación
y una buena profesión. Pero siguen viviendo en la oscuridad buscando el sentido
de sus vidas, porque en el fondo de sus corazones experimentan un tremendo
vacío. Qué bueno decirles a ellos con el salmista: ‘Una cosa pido al Señor, eso
buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la
dulzura del Señor, contemplando su templo…Espera en el Señor, sé valiente, ten
ánimo, espera en el Señor’”.
En el momento de las ofrendas, los alumbrantes acercaron al
altar los dones del pan y el vino y ofrendas de alimentos no perecederos y agua
mineral.
Antes de la bendición final, todos se consagraron a María,
nombrándola Reina y Señora de sus vidas y sus corazones.
Al finalizar la celebración eucarística, el Pastor Diocesano
saludó a la asamblea en atrio de la Catedral Basílica.
Por la tarde
18:30 Santo
Rosario.
19:00 MISA. Pastoral
Misionera.
20:00 REZO DE LA
NOVENA. Parroquia de Jesús Niño y Parroquia de San Roque.
21:00 MISA. Homenaje
de los jóvenes. Pastoral de la Juventud, Pastoral Vocacional. Seminaristas,
Egresados 2016. Expresiones artísticas juveniles.
Domingo 4
La conversión, fruto del encuentro con Jesús e inicio del
discipulado misionero
"Conviértanse…” (Mt 3,1)
05:30 Santo Rosario y
Ángelus.
06:00 MISA. Diócesis
de Jujuy y Prelatura de Humahuaca.
07:00 Laudes.
07:30 MISA. Por los
peregrinos que caminan al Santuario.
08:30 MISA. Asociaciones
de Instituciones Eclesiales de Promoción Social. Pastoral Social. Cáritas.
10:00 MISA. Pastoral
Bíblica, Lectionautas de Catamarca y demás grupos de Lectio Divina.
11:00 MISA. Personal
del Santuario, Obispado, Ministros Extraordinarios de la Comunión, Equipo de
Liturgia, Sacristanes, Guardianes de la Virgen, Damas de la Virgen, Colectores,
Florería, Secretaría, Hospedaje del Peregrino, Sala de Promesas, Servidores
Marianos, Acción Católica Catedral, Voluntarios de María Solidaria, Museo de la
Virgen, Consagrados y devotos de María. Comunicadores de María.
12:00 Ángelus.
Letanías.
18:30 Santo
Rosario.
19:00 MISA. Junta
Diocesana de Catequesis. Homenaje de los catequistas.
20:00 REZO DE LA
NOVENA. Parroquia San José Obrero.
21:00 MISA: Cámara de
Comercio. Sindicato de Comercio. Centro de Empleados de Comercio. Asociaciones
automovilísticas, Club Autos de Época.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA
Queridos devotos y peregrinos:
En este cuarto día de la novena, en el que se nos propuso reflexionar acerca de nuestra
condición de ser luz del mundo a ejemplo de Jesús, rinden su homenaje a la
Virgen del Valle hermanos del ámbito del transporte y las comunicaciones, del
correo argentino, de empresas privadas de encomiendas, de taxis y remises.
Bienvenidos, y que la Madre celestial los reconforte en sus tareas diarias.
Hoy es primer viernes de mes y de Adviento, el Evangelio nos
presenta tres personajes: Jesús en el centro de la escena, y dos ciegos que se
le acercan llenos de fe y con el corazón esperanzado. Habían oído hablar de Él,
de su ternura para con los enfermos y de su poder. Estas características lo
identificaban como el Mesías, por eso, unidos, se ponen a seguirlo y a
suplicarle que se apiade de ellos y que se haga cargo de sus penas.
Cabe destacar que los dos ciegos, juntos, se dirigen a
Jesús. Al unísono realizan una plegaria de petición al Enviado de Dios, al
Mesías, a quien nombran con el título; "Hijo de David”. Quieren, con su
plegaria, provocar la compasión de Jesús: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de
David!» (Mt 9,27). No obstante, Jesús sigue su camino, como ignorándolos.
Éstos, con todo, siguen suplicando a gritos, es decir que su fe, su deseo y su
ilusión van creciendo. Recién cuando Jesús llega a su destino los interpela:
«¿Creen que puedo hacer eso?» (Mt 9,28). Es obvio que si se acercaron y
siguieron al Enviado de Dios es porque creen en Él. A una sola voz hacen una
bella profesión de fe, respondiendo: «Sí, Señor» (Mt 9,28). Y Jesús concede la
vista a aquellos que ya veían por la fe: «Que les suceda conforme han creído»
(Mt, 9,29). En efecto, creer es ver con los ojos de nuestro interior.
Lo más probable es que nosotros nos sintamos muy tocados
porque los ciegos recuperaron la vista, pero tal vez no nos sintamos tan
movidos a imitar su fe en Cristo. El Catecismo de la Iglesia Católica dice que
la fe es un don de Dios: "Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe
debemos alimentarla con la Palabra de Dios” (CIC 162). Jesús ha inaugurado el
Reino de Dios y los milagros y maravillas que vemos en la historia cristiana
son señales de que el Reino está entre nosotros… Con todo, no siempre esperamos
que el Señor actúe en nuestra vida. Las curaciones son señales de que el Reino
de Dios ha irrumpido en el mundo, y cuando ejercitamos la fe, nos disponemos a
aceptar la acción del Reino celestial en cualquier forma que se manifieste.
El Señor vino a salvarnos y quiere completar su obra en
todos sus fieles. Presentémosle hoy nuestro corazón abierto y dejemos que el
Reino de Dios eche raíces en nosotros. Reconozcamos su poder leyendo en la
Escritura las maravillas que realizó el Señor en la tierra y aceptemos lo que
la Iglesia nos ha enseñado a través de los siglos. Luego, actuemos por fe. De
esta forma se nos abrirá la vista espiritual, que es la que más importa, porque
no sólo perdurará en la vida eterna, sino que nos permitirá ver y contemplar la
hermosura del Señor mientras peregrinamos por este mundo.
Este tiempo de Adviento es el adecuado, también para
nosotros, para buscar a Jesús con un gran deseo, como los dos ciegos, haciendo
comunidad, haciendo Iglesia. Con la Iglesia proclamamos en el Espíritu Santo:
«Ven, Señor Jesús» (cf. Ap 22,17-20). Jesús viene con su poder de abrir
completamente los ojos de nuestro corazón, y hacer que veamos, que creamos. El
Adviento es un tiempo fuerte de oración: tiempo para hacer plegaria de
petición, y sobre todo, oración de profesión de fe. Tiempo de contemplar y de
creer. Tiempo de acrecentar en nuestros corazones y en nuestras familias el
deseo de Dios.
Recordemos las palabras del libro ‘El Principito’: «Lo
esencial sólo se ve con el corazón».
"El Señor es mi luz y mi salvación”, canta el salmo (26,1)
de hoy. Y tanto en la lectura de Isaías como en el evangelio se nos habla de
oscuridad y de ciegos que son sanados. Ellos confían en el poder sanador de
Dios. Es la luz de la fe la que sana su ceguera, vence el sufrimiento físico y
la oscuridad interior de aquellas personas. No tengamos miedo de seguir a Jesús
a pesar de las tinieblas que tal vez inundan nuestro corazón. Sólo el Hijo de
Dios, puede hacer brillar la luz y la alegría en nuestras vidas.
Muchos son los que buscan luz en su vida. Han hecho
estudios, tienen formación y una buena profesión. Pero siguen viviendo en la
oscuridad buscando el sentido de sus vidas, porque en el fondo de sus corazones
experimentan un tremendo vacío. Qué bueno decirles a ellos con el salmista:
"Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días
de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo… Espera en el
Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor” (Sal 26,13-14).
Quiero compartirles el testimonio de una religiosa, que
primero fue médica, la hermana Esther, como un ejemplo admirable de valentía
para alcanzar esa luz que ilumina la vida y la llena de alegría.
"Me llamo Esther, después de mi primer año de Noviciado y de
haber hecho la primera Profesión, en
Argentina, fui destinada a Madrid para continuar la formación teológica. Tengo
38 años, he ejercido de médico en un Hospital, en España. Mi experiencia de
Noviciado me llevó a la certeza de que sólo el amor al Señor nos mantiene juntas, pues a vivir juntas hemos
sido llamadas. Éramos de distintas profesiones y países… Pero si el centro está
en el Señor es cuando se puede construir un futuro…
-¿Has echado de menos tu profesión de médico?, le preguntan.
-Claro. Me encanta la medicina, pero no es lo más importante
de mi vida.
-¿Y cómo fue tu proceso vocacional?
-Conocí a unas Hermanas. Pero me costó mucho ponerme a tiro.
Yo era la que quería decidir sobre mi vida, no Dios. Hasta que un día dije:
"Mira, Señor, tú decides”. Ahí desaparecieron los miedos y cayeron mis defensas
inconscientes, mis resistencias, pues tienes que soltar una cosa si quieres
tener otra: Todo junto no se puede.
-¿Qué aconsejas a quien está en esa búsqueda vocacional?
-Oración. Que haga los ejercicios espirituales. Y que busque
a una persona idónea que le acompañe espiritualmente”.
Con este testimonio vemos que sólo el Señor nos puede sanar
de las cegueras, ayudarnos a mirar la vida con otros ojos y a responder con
alegría y generosidad a sus llamadas.
Por tanto, los invito a que junto con nuestra Madre del
Valle digamos: "Señor Jesús, Hijo de David, ten piedad de nosotros. Tú, que
eres la Luz del mundo, ilumina nuestra oscuridad y sana nuestra ceguera,
fortalece nuestra fe y llévanos a tu Luz eterna”. Amén
¡¡¡Santísima Madre del Valle, ruega por nosotros!!!