HOMENAJE DE LOS EMPLEADOS DE COMERCIO Y AUTOS DE ÉPOCA

“Preparemos nuestro corazón con una sincera penitencia para recibir a Jesús”

En la noche del domingo 4 de diciembre, rindieron su homenaje de la Virgen del Valle la Cámara de Comercio, Sindicato de Comercio, Centro de Empleados de Comercio, Asociaciones Automovilísticas y Club de Autos de Época.
lunes, 5 de diciembre de 2016 12:30
lunes, 5 de diciembre de 2016 12:30

La celebración fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el Pbro. Diego Manzaraz, Capellán del Santuario Mariano. 

En el quinto día de la novena en honor a la inmaculada Concepción, la Catedral Basílica se vio repleta de devotos y peregrinos venidos de provincias vecinas, quienes llegaron con emoción hasta su Santuario para unirse en profunda oración durante la Eucaristía.

En su homilía, el Pastor Diocesano reflexionó en torno al tema del quinto día de la novena, referida a la conversión, fruto del encuentro con Jesús e inicio del discipulado misionero, expresando  que "un cristiano tiene como tarea encaminarse hacia Cristo”, e hizo referencia a que "para movernos hacia Él quizá hayan sido importantes en nuestra historia personal algunas exhortaciones de sacerdotes, catequistas o amigos que nos han motivado. Una buena e incisiva exhortación levanta corazones, vence perezas, agudiza el ingenio, une a los dispersos, evapora el derrotismo. Saca lo mejor de cada uno. Dios quiere venir a nosotros pero no se impone. Nos pide que abramos la puerta de nuestro corazón y preparemos el camino”.

Volviendo al texto del Evangelio proclamado, destacó la figura de San Juan Bautista, que "como a sus contemporáneos, también a nosotros nos interpela”. El Bautista tiene una misión: "preparar al pueblo para la llegada del reino de los cielos exigiendo una conversión, un cambio de vida. Para ello, se han de remover en el interior de las personas muchas cosas. No es nada fácil romper con la rutina consentida, la superficialidad que abandona tener metas nobles, el apego a un status ya adquirido en la sociedad, una vida llena de lujos y desenfrenos, el servirse de los demás, etc.”, afirmó, y agregó que "sabemos por experiencia que no sólo afectaban estos males a los fariseos, practicantes religiosos y jerarcas de la época, sino que también nos afecta a nosotros”.

Para vencer esos enemigos, manifestó que "nada mejor que una exhortación que nos ponga en nuestro sitio, nos ayude a ver lo que no queremos ver, y a mejorar lo que no deseamos cambiar. A veces, unas palabras fuertes dichas a tiempo, con oyentes dispuestos, pueden arrancar una conversión”.

A continuación exhortó: "No tengamos miedo a romper con un negro pasado. Cristo siempre busca nuestro bien, y prepara nuestra vida para servir mejor a los demás”.

Para finalizar su prédica, Mons. Urbanc invitó a los presentes a que "preparemos nuestro corazón con una sincera y sostenida penitencia para recibir a nuestro Rey, que no viene a imponer cargas, como hacen los poderosos de este mundo, sino a liberarnos, darnos su amor y su vida eterna. Todos necesitamos convertirnos, poner toda la atención en Dios, hacer examen de conciencia con rigor y entrar en disciplina que permita un cambio de vida”.

En el momento de acercar las ofrendas, los alumbrantes acercaron los dones al altar junto con sus intenciones por el trabajo y la salud para sus familias. En una extensa procesión de ofrendas, también acercaron donaciones de alimentos no perecederos y agua mineral. 

Luego de la bendición final, el Obispo bendijo a los autos de épocas estacionados en el Paseo de la Fe, rociándolos con agua bendita y rogando que sus ocupantes siempre lleguen a destino por la protección de la Madre Bendita del Valle.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos devotos y peregrinos:

En este sexto día de la novena, en el que se nos propuso el tema de la conversión como fruto de nuestro encuentro con Jesús e inicio del discipulado misionero, rinden su homenaje a la Virgen del Valle hermanos de la cámara de comercio, sindicato de comercio, centro de empleados de comercio, asociaciones automovilísticas y el club ‘autos de época’. Bienvenidos a esta celebración. Que la Madre del cielo acoja sus ruegos y los reconforte en sus necesidades y penas.

Voy a comenzar con un extracto de los nn. 522 al 524 del Catecismo de la Iglesia Católica, a fin de motivarlos a leer con asiduidad este tesoro para la fe y la vida de los cristianos. Allí se nos enseña que "la venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y símbolos de la "Primera Alianza" (Hb 9,15) todo lo hace converger hacia Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en Israel. Además, despierta en el corazón de los paganos una espera, aún confusa, de esta venida… San Juan Bautista es el precursor inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino. «Profeta del Altísimo», sobrepasa a todos los profetas, de los que es el último, e inaugura el Evangelio; desde el seno de su madre saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser «el amigo del esposo» a quien señala como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Precediendo a Jesús «con el espíritu y el poder de Elías», da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio. Con la celebración anual del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida.

La oración colecta de la misa de hoy dice así: "Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida”.

Llama la atención la expresión "cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo”, cuando el lenguaje habitual del adviento le da más protagonismo a la venida de Cristo que a nuestro ir hacia Él.

Por cierto que no se trata sólo de esperar: un cristiano también tiene como tarea encaminarse hacia Cristo. Para movernos hacia Él quizá hayan sido importantes en nuestra historia personal algunas exhortaciones de sacerdotes, catequistas o amigos que nos han motivado. Una buena e incisiva exhortación levanta corazones, vence perezas, agudiza el ingenio, une a los dispersos, evapora el derrotismo. Saca lo mejor de cada uno. Dios quiere venir a nosotros pero no se impone. Nos pide que abramos la puerta de nuestro corazón y preparemos el camino.

San Juan Bautista, como a sus contemporáneos, también a nosotros nos interpela. A más de uno le parecerá que el profeta vestido de camello no había tenido un buen día y estaba hecho todo una furia que descarga sobre fariseos y saduceos, a los que muchos nos podemos parecer hoy. Les dice en las narices "¡Raza de víboras!”. Un baldazo de agua fría para quienes esperan de un hombre de Dios paños calientes, mimos y halagos. Además, es fácil imaginar que esa exhortación no la hizo en voz baja a los que estaban a su lado, sino a pleno grito, en público, para que se enterara todo el mundo. Es el celo de Dios lo que llena de furia al Bautista, como pasará con Jesús con los cambistas del templo. Cuando estamos en falta, nos duele que nos lo digan.

El Bautista tiene una misión: preparar al pueblo para la llegada del reino de los cielos exigiendo una conversión, un cambio de vida. Para ello, se han de remover en el interior de las personas muchas cosas. ¡Se ha de hacer luz en tanta oscuridad! No es nada fácil romper con la rutina consentida, la superficialidad que abandona tener metas nobles, el apego a un status ya adquirido en la sociedad, una vida llena de lujos y desenfrenos, la búsqueda del reconocimiento explícito, el servirse de los demás, etc. Sabemos por experiencia que no sólo afectaban estos males a los fariseos, practicantes religiosos y jerarcas de la época, sino que también nos afecta a nosotros.

Para vencer esos enemigos nada mejor que una exhortación que nos ponga en nuestro sitio, nos ayude a ver lo que no queremos ver, y a mejorar lo que no deseamos cambiar. Cuando un hombre de Dios, como el Bautista, dice lo que dice, es que la cosa está muy mal. Y eso afecta al rebaño entero. A veces, unas palabras fuertes dichas a tiempo, con oyentes dispuestos, pueden arrancar una conversión. No tengamos miedo a romper con un negro pasado, a romper apegos dañinos. Cristo siempre busca nuestro bien, y prepara nuestra vida para servir mejor a los demás. Quizá a veces nos corrija con cierta brusquedad, pues si lo hiciera suavemente no nos enteraríamos de nada. Eso es bastante habitual en el género humano.

Preparemos nuestro corazón con una sincera y sostenida penitencia para recibir a nuestro Rey, que no viene a imponer cargas, como hacen los poderosos de este mundo, sino a liberarnos, darnos su amor y su vida eterna.

Acondicionar nuestro corazón es más difícil que construir carreteras y edificios, pues exige abrir el corazón y dejar que Jesús entre y reine. Es estar dispuestos a obedecer y a entregarle plenamente nuestra vida.

Tengan la certeza que los corazones están dominados por egoísmos y toda clase de pecados, muchos que aun ni siquiera reconocemos. Todos necesitamos convertirnos, poner toda la atención en Dios, hacer examen de conciencia con rigor y entrar en disciplina que permita un cambio de vida. Así hizo Juan Bautista en el desierto. El Papa Francisco no se cansa de insistir y mostrar con su ejemplo que la humanidad necesita volver a una vida austera.

Cuando Juan se hizo famoso y todos iban a él, los fariseos y saduceos quisieron ser vistos participando en el rito del bautismo. Pero Juan los retó fuertemente. Él sabía que la falsificación de la religión causa escándalo. Esa es la que se vive, si no hay un sincero propósito de conducir el corazón a la verdad y el amor. Personas religiosas de este tipo son un obstáculo y una repulsa para los que buscan el camino, la verdad y la vida… ¡Ojo! Es una advertencia para nosotros, a fin de que no caigamos en hacer sólo el rito externo y seguir como antes. Sólo quienes trabajen intensamente su propia conversión y la de los demás, podrán experimentar los frutos de la misma.

Los invito ahora a volver nuestra mirada hacia nuestra querida Madre del Valle para decirle: Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desoigas nuestros ruegos que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos, virgen gloriosa y bendita, de todo mal de alma y cuerpo. Amén

¡Santísima Virgen del Valle, ruega por nosotros!

 

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