Durante esta celebración eucarística se clausuró
oficialmente el Año Diocesano del Compromiso Cívico y Ciudadano, que puso fin a
la primera etapa de la Misión Diocesana Permanente.
En su homilía, el Obispo se refirió a la fiesta de la
Inmaculada Concepción, indicando que "siempre el culto a María ha estado muy
unido al Adviento. Cuando aguardamos la venida del Redentor que vino a
librarnos de nuestra miseria, levantamos los ojos hacia su Madre, y nos
llenamos de gozo cuando recordamos los privilegios y las grandezas de la Madre
de Dios”.
"María es la predestinada, la escogida, la purísima, la
siempre presente en los decretos divinos y creada en la santidad y la justicia,
la llena de gracia y bendita entre todas las mujeres”, afirmó.
Luego enfatizó que "el Adviento es el tiempo mariano por
excelencia, porque nadie, como la Virgen, ha estado en el ápice de la
expectación del Salvador. La Virgen del Adviento no es la dolorosa del
Calvario, ni la asunta a los cielos; es la santa Virgen María, plena de
juventud y limpia hermosura. No se puede celebrar el Adviento sin hablar de
Ella, sin hacer un esfuerzo por imitar sus sentimientos en la concepción y en
el parto de Cristo, sin presentarla como la persona que corona el misterio de
la Iglesia”.
Compromiso con el bien común de los catamarqueños
El Pastor Diocesano también dedicó una parte de su reflexión
"para agradecer a la Virgen y a todos los que, de una u otra forma, han llevado
adelante la temática propuesta para este año que concluye: ‘el Compromiso
Cívico y Ciudadano’, con el que ponemos fin a la primera parte de nuestra
Misión Diocesana Permanente. En especial a la Pastoral Social que promovió
diversas actividades para propiciar un mayor conocimiento y vivencia de la
Doctrina Social de la Iglesia, ya que la fe si no está animada por la Caridad
está muerta, expresó.
Y deseó "que, a lo largo de este bicentenario de nuestra
Patria 2010-2016, hayamos dejado de ser ‘meros habitantes, para constituirnos
en auténticos ciudadanos’, fautores no sólo de la comunidad eclesial, sino
también de la sociedad civil, de la que todo cristiano debe saberse inexcusable
actor y responsable protagonista de vanguardia”.
Por último invitó a "renovar el amor a la Virgen Santísima y
a rogarle que nos asista con su poderosa intercesión para que cada bautizado se
esfuerce por ser un ciudadano comprometido con el Bien Común de todos los
catamarqueños”.
Antes de concluir la celebración, Mons. Urbanc entregó los
certificados a quienes tuvieron asistencia perfecta en las clases del curso de
Doctrina Social de la Iglesia, organizado durante varios meses de este año por
el Equipo de Pastoral Social de la Diócesis.
Luego de la bendición final, todo el templo estalló en vivas
y alabanzas a la Madre Morenita del Valle, que esta tarde caminará junto a sus
hijos, a partir de las 18.30.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA
Queridos Devotos y Peregrinos:
Si bien la fiesta de la Inmaculada Concepción tiene poco más
de un siglo y medio, sin embargo, siempre el culto a María ha estado muy unido al
Adviento. Cuando aguardamos la venida del Redentor que vino a librarnos de
nuestra miseria, levantamos los ojos hacia su Madre, y nos llenamos de gozo
cuando recordamos los privilegios y las grandezas de la Madre de Dios. María es
la predestinada, la escogida, la purísima, la siempre presente en los decretos
divinos y creada en la santidad y la justicia, la llena de gracia y bendita
entre todas las mujeres.
El Adviento es el tiempo mariano por excelencia, porque
nadie, como la Virgen, ha estado en el ápice de la expectación del Salvador. La
Virgen del Adviento no es la dolorosa del Calvario, ni la asunta a los cielos;
es la santa Virgen María, plena de juventud y limpia hermosura. No se puede
celebrar el Adviento sin hablar de Ella, sin hacer un esfuerzo por imitar sus
sentimientos en la concepción y en el parto de Cristo, sin presentarla como la
persona que corona el misterio de la Iglesia. La fiesta de la Virgen durante el
Adviento es la Inmaculada Concepción, fiesta de la pureza de María.
La Encarnación del Hijo de Dios en las entrañas de la Virgen
Santísima fue el advenimiento del día del Señor, ya preanunciado en los
orígenes del mundo humano, que llega hasta nosotros, pero precedido de una
mujer: su Madre, la nueva Eva, la dócil y humilde. Ella es la brillante aurora
que anuncia un nuevo amanecer... "¿Quién es esta que se levanta rutilante como
la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol, majestuosa como un
ejército en orden de batalla?” (Cantares 6,10). La Virgen es bella como la luz,
limpia como la nieve. Es el amanecer de un nuevo día, el de Cristo.
En la Bula de la declaración dogmática de la Inmaculada
Concepción dice el beato Pío IX que la Virgen "sobre todos los ángeles y santos
poseyó una plenitud de inocencia y santidad tal que, después de Dios, no puede
concebirse mayor”. Para hablar de la "Purísima” es diáfana la afirmación de San
Jerónimo: "Se la llama Inmaculada porque no sufrió corrupción alguna; y
considerada atentamente, se ve que no existe virtud, ni candor, ni gloria, que
en ella no resplandezca”. La virginidad absoluta e inviolada de María está
exenta de toda concupiscencia y es más transparente que el agua cristalina.
El capítulo 3 del Génesis, de la que está tomada la primera
lectura, forma parte del relato de los orígenes. El autor de estos relatos es
un observador agudo de la experiencia humana, que él mismo comparte, y un
creyente que llega a los orígenes a través de una profunda reflexión sobre la
dolorosa condición pecadora de la especie humana. El fragmento que hoy
escuchamos recoge la respuesta de Dios a la lamentable situación creada como
resultado de la desobediencia de los padres. De este modo, comienza una
perspectiva nueva de esperanza para toda la humanidad.
El hombre puede elegir pero no determinar lo que es bueno y
lo que es malo. La libertad del hombre está limitada por la voluntad de Dios de
la que procede. Ese es el bien del hombre y la posibilidad de su realización y
pleno sentido humano. Este relato leído en el marco de la fiesta de hoy quiere
decir que Dios proyecta restablecer el orden primero; para ello elige, capacita
y prepara el instrumento con cual reparará la humanidad caída: María.
El proceso del acontecimiento salvífico se realiza en
sucesivas etapas: bendición de Dios, elección, adopción, redención, herencia,
alabanza de su gloria. Todos estos dones del plan de Dios se realizaron en
María de modo eminente y singular en previsión de la misión que se le encomendó
junto a Jesús, realizador pleno de este proyecto.
Lucas pone especial cuidado en narrar las circunstancias
humanas en que se va a producir el acontecimiento central de la historia de la
salvación. Coincide con el relato de Mateo al describir a los personajes
elegidos por Dios para realizar su designio de enviar a su Hijo al mundo nacido
bajo la ley, nacido de mujer. La Palabra se hará historia en un hogar humano,
pero con una intervención divina del todo especial como lo demuestra la
presencia de un ángel enviado por el Señor.
El Hijo que tendrá María no sólo será el Mesías, será además
el Hijo de Dios. Y esto es obra del Espíritu Santo, que es Espíritu Creador.
Sólo en la conjunción de la fuerza omnipotente del Espíritu y la colaboración
del SÍ de la Virgen María se va a producir la Encarnación de la Palabra Eterna
de Dios.
Dios pudo haber obrado solo y directamente, no obstante,
quiso hacerlo a través de su creatura libremente asociada a la tarea. Dios
siempre da participación porque es Amor, y el Amor es siempre relación para ser
tal.
María, pronunciando el admirable ¡Fiat! ¡Hágase!, ha entrado
a formar parte directa en la Encarnación. Su decisión ha hecho posible que la
Palabra se hiciera realmente historia en todo humana, menos en el pecado. La
actitud de María que acoge la Palabra de Dios para asumirla y meditarla será
permanente durante toda su vida.
Permítanme unas palabras para agradecer a la Virgen y a
todos los que, de una u otra forma, han llevado adelante la temática propuesta
para este año que concluye: ‘el Compromiso Cívico y Ciudadano’, con el que
ponemos fin a la primera parte de nuestra Misión Diocesana Permanente. En
especial a la Pastoral Social que promovió diversas actividades para propiciar
un mayor conocimiento y vivencia de la Doctrina Social de la Iglesia, ya que la
fe si no está animada por la Caridad está muerta (cf. Gál 5,6; St2,17.20.26).
Espero que, a lo largo de este bicentenario de nuestra
Patria 2010-2016, hayamos dejado de ser ‘meros habitantes, para constituirnos
en auténticos ciudadanos’, fautores no sólo de la comunidad eclesial, sino
también de la sociedad civil, de la que todo cristiano debe saberse inexcusable
actor y responsable protagonista de vanguardia.
Los invito, en esta Misa solemne, a renovar su amor a la
Virgen Santísima y a rogarle que los asista con su poderosa intercesión para
que cada bautizado se esfuerce por ser un ciudadano comprometido con el Bien
Común de todos los catamarqueños.
A Ti, Virgen Santa del Valle, venimos a implorar tu
protección como pobres mendigos, muy conscientes de nuestra indignidad, pero
sabedores de tu materna bondad para con todos tus hijos, especialmente para con
los más necesitados de la Paciencia y Misericordia del Buen Padre Dios. ¡Así
sea!
¡¡¡Viva la Virgen del Valle!!! ¡¡¡Viva la Virgen del
Valle!!!