El astrónomo Mario Díaz, director del Centro de Ondas
Gravitacionales (CGWA) de
"Nunca antes en la historia de la física moderna ha llevado
tanto tiempo corroborar la predicción de un fenómeno”, destacó. Y continuó:
"Esté es un logro científico fundamental y testimonia la persistencia y la
valentía de investigadores que nunca renunciaron a su objetivo”.
Las ondas gravitacionales provocadas por grandes eventos astronómicos
generan tremendas distorsiones en el espacio-tiempo. Pero, al igual que las
ondas producidas por una piedra que cae en un lago, se van reduciendo a medida
que se alejan de su punto de origen.
El director del Observatorio Astronómico de Córdoba, Diego
García Lambas, manifestó que "este hallazgo es histórico y muchos físicos eran
escépticos de que se pudiera detectar una onda gravitacional que arribara hasta
nuestro planeta”.
"Aquí, ayudó la tecnología, que permitió percibir una
perturbación gravitacional pequeñísima, de cero coma veintiún ceros de
centímetro y recién un uno detrás”, valoró Lambas. Y agregó: "Y también ayudó
el Cosmos, porque no se trabajó con dos masas en un laboratorio, si no que se
precisó que ocurriera la fusión de dos agujeros negros que tenían unas 30 veces
el tamaño del sol cada uno de ellos”.
La tecnología a la que hay que agradecerle es a LIGO (Laser
Interferometer Gravitational-Wave Observatory), un proyecto multimillonario que
requirió la construcción de dos grandes detectores: uno ubicado en Luisiana y
otro en Whashington.
"Lo que le da credibilidad a este descubrimiento es que
ambos detectores percibieron la misma señal”, aseguró el director del OAC.
El doctor Mario Díaz explicó que la tecnología de "LIGO
consiste en un rayo láser que, en condiciones de vacío, rebota entre dos
espejos ubicados a una distancia de cuatro kilómetros entre sí”. Y agregó: "Lo
que se preveía es que las ondas gravitacionales modificarían la distancia entre
los espejos y el sistema está preparado para captar alteraciones diminutas en
la distancia, incluso, más pequeñas que un protón”.
Y una alteración diminuta fue percibida al fin, el pasado 14
de septiembre de
"Hicimos todo lo que pudimos para tratar de observar ese
fenómeno con los dos prototipos de telescopios del proyecto TOROS (Transient
Optical Robotic Telescope of the South) que tenemos en Argentina, uno ubicado en
Córdoba y otro en Salta, y hay 20 grupos más que lo intentaron en otras partes
del mundo, pero ninguno lo logró”, precisó Lambas.
Hubiese sido genial obtener también la contrapartida óptica
a esas ondas gravitacionales que llegaron a
Todavía falta para que Argentina reciba el telescopio
definitivo del proyecto TOROS, que quedará instalado en el cerro Macón y tendrá
una potencia mucho más precisa para poder colaborar con el multimillonario
proyecto LIGO y que, como ahora se sabe, es capaz de revolucionar la
astronomía, al abrir una nueva era basada en el estudio de las ondas
gravitacionales.
El primer gran hallazgo de LIGO
La expectativa de los científicos de LIGO se centraba en
percibir las ondas gravitacionales provocadas por la colisión de dos estrellas
de neutrones en galaxias no tan lejanas. En cambio, su hallazgo se debió a un
fenómeno más grande, aunque también ocasionado a una distancia mayor: la de la
colisión de dos agujeros negros que eran unas 29 y 36 veces más grandes que el
sol.
Teóricamente, se sabía de la existencia de colisiones entre
agujeros negros, pero nunca se había detectado una hasta ahora. Así, el primer
hallazgo realizado por una nueva rama de la astronomía basada en las ondas
gravitacionales no es para nada menor.
"Nos encontramos con un evento más lejano a lo esperado y
ello generó una mayor incerteza para poder localizarlo con los telescopios
ópticos”, manifestó Lambas, también representante argentino del proyecto TOROS.
El director del OAC comentó a
Los agujeros negros pueden tardar miles de años desde que se
aproximan hasta que se terminan fusionando. En todo este proceso, se producen
ondas gravitacionales, pero la detección de LIGO se debió solamente al momento
final de este proceso, cuando en solo fracciones de segundo se aniquilaron más
de tres masas solares.
Si bien LIGO posee una tecnología sorprendente (y aun le
resta multiplicar tres veces su potencia), necesitó de un evento de dimensiones
descomunales para poder detectar las ondas gravitacionales predichas por
Einstein hace un siglo. "Según la teoría, los humanos también provocamos ondas
gravitacionales al desplazarnos, pero por ahora no podemos detectarla y
desconocemos qué efectos puede tener este descubrimiento dentro de 200 o mil
años”, consideró Lambas.
¿El comienzo de un nuevo mundo?
Posiblemente, LIGO conduzca al comienzo de una nueva etapa
para
En este sentido, el doctor Lambas comentó que "encontrar las
ondas electromagnéticas, primero teóricamente y después prácticamente, permitió
que la humanidad pegara un salto como nunca antes lo había hecho; hoy, la
humanidad es irreconocible respecto de la humanidad de 1830, si bien llevó un
tiempo hasta que pudimos manipular dichas ondas para darle usos en la vida
cotidiana”.
"Si uno hubiera hablado con la gente que andaba en carrera
en 1830 y le comentaba de lo que sería enviarse fotos, que esa imagen iba a
viajar al espacio, al espacio vacío, hasta un satélite, y luego llegaría a una
persona ubicada en otro lugar, hubieran pensado que estábamos locos; era una
utopía total”, sopesó el investigador del OAC-IATE-CONICET.
Ahora, luego de 100 años de la teoría sobre las ondas
gravitacionales, se demostró su existencia y habrá que ver qué aplicaciones se
le podrá dar en un futuro. "Qué va a hacer la humanidad con este descubrimiento
de ondas gravitacionales en 200 o 1000 años, no lo sabemos, como tampoco la
gente común ni los grandes científicos supieron qué usos podían dar lugar las
ondas electromagnéticas hasta que se pudo manipularlas”, comparó Lambas.
Fuente: Agencia CTyS