Durante la celebración eucarística se consagró el Santo
Crisma y se bendijeron los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y los presbíteros
renovaron las promesas sacerdotales.
Durante su homilía, Mons. Urbanc llamó a los sacerdotes a
renovar "con gratitud y seriedad la unción que hemos recibido y las promesas
sacerdotales para difundir siempre y en todas partes el ‘buen olor de Cristo’”,
remarcando que "nuestro único punto de referencia es Jesucristo, Sumo y Eterno
Sacerdote. Él es el ‘rostro visible de
Ahondando en la temática de este año jubilar que vive
Asimismo, resaltó que "la misericordia sacerdotal es una
compasión atravesada por el amor a los semejantes, un empeño de todo su ser con
la miseria de los otros. Al igual que Jesús, nos corresponde mantener vivo el
mensaje de
"Ser sacerdotes misericordiosos las 24 horas del día”
En otro tramo de su predicación, el Obispo exhortó a todo el
clero a "ser sacerdotes misericordiosos las 24 horas del día, en todo y con
todos: en la predicación y la manera de celebrar, en los gestos, en los signos,
en la disposición para acoger y escuchar, en el modo de relacionarnos, en el
respeto y cuidado de todos, en las opciones pastorales, en las obras de
misericordia corporales y espirituales”.
También manifestó que "un criterio pastoral que nos recalca
el Papa Francisco, en relación con la misericordia, es la cercanía, la
proximidad, la empatía. Siempre dispuestos a establecer a eliminar distancias,
a propiciar el acercamiento, a derribar muros… A un buen pastor no le debe ser
extraño o desconocido nada de lo que pasa y se vive en su comunidad. No nos
permitamos ser fríos y distantes. No fuimos ordenados para encerrarnos y para
que no nos molesten. Un corazón misericordioso no pone límites, ni horarios. No
podemos dejarnos llevar por una cultura que sólo reconoce y exalta a los
triunfadores, a los grandes y poderosos. Una cultura del éxito que todo lo mide
por resultados, por efectividad y utilidad. Un corazón misericordioso, al
estilo de Jesús, opta por el amor a los frágiles, los débiles, los pequeños y
los aparentemente inútiles y desechables”.
Bendición de óleos y consagración del Santo Crisma
Luego del rito de renovación de las promesas sacerdotales,
se realizó la bendición de los óleos de los enfermos y de los catecúmenos; y
seguidamente se consagró el Santo Crisma con el que se administrarán los
Sacramentos del Bautismo,
Al ungir con el Santo Crisma,
El Obispo entregó los óleos consagrados a cada uno de los
párrocos de las 31 parroquias de
TEXTO COMPLETO DE
Muy amados hermanos sacerdotes y demás fieles aquí
presentes:
De este modo, nos hacemos eco de una saludable y antiquísima
praxis, recomendada por el Concilio Vaticano II: "sobre todo en la iglesia
catedral, que se aprecie la vida litúrgica diocesana en torno al Obispo,
particularmente en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto al único
altar donde preside el Obispo, rodeado de su presbiterio y sus ministros” (cf.
SC 41).
Con el óleo de los catecúmenos los bautizados se vigorizan,
reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan luchar contra el
mal, antes de que renazcan por medio del santo Bautismo.
Con el óleo de los enfermos, se alivian o curan las
dolencias del alma y del cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y
vencer con fortaleza la enfermedad y conseguir el perdón de los pecados. El
aceite simboliza la fuerza del Espíritu Santo que vivifica y transforma la
enfermedad y la muerte en sacrificio salvador como el de Jesús.
Con el Santo Crisma, que es aceite mezclado con perfume,
serán ungidos los nuevos bautizados y se ungirá a los que se confirman. También
son ungidos los obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación.
Esta solemne liturgia se ha convertido en la celebración por
excelencia para reunir a todo el presbiterio alrededor de su obispo y hacer de
la celebración una fiesta del sacerdocio. Queridos hermanos sacerdotes,
recordemos con gratitud y seriedad la unción que hemos recibido y renovemos las
promesas sacerdotales para difundir siempre y en todas partes el "buen olor de
Cristo” (cf.2 Cor 2,15).
Nuestro único punto de referencia es Jesucristo, Sumo y
Eterno Sacerdote. Él es el "rostro visible de
Siguiendo el texto del Evangelio de Lucas 4,16-21,
claramente vemos hacia donde nos guía el Espíritu a Jesús; ese Espíritu Santo
que lo unge y anima su vida entera y lo dispone para la misión. Jesús nos
señala la tarea a la que se sabe enviado por Dios: liberar y dar esperanza,
iluminar y comunicar la gracia a los más pobres y necesitados, a los
descartados y humillados.
Según el decir del Papa Francisco: ir hacia las periferias
existenciales, culturales, económicas, religiosas y sociales, anunciando el Año
de Gracia del Señor. Cristo vino a predicar la liberación, la paz y la
misericordia y no la ira y el castigo; también sus sacerdotes. ¡Crea en
nosotros, Señor, un espíritu nuevo! (cf. Sal 50,10). El mensaje de Jesús es de
salvación, no de condena; de acogida al pecador, no de rechazo; refuta el
pecado, pero no al pecador.
Sí, amados sacerdotes, Jesucristo es Nuestro Señor, nuestro
único Señor. Por eso, hemos aceptado su misión, participando ontológicamente de
su sacerdocio único, como mediador entre Dios y los hombres, para justificar a
muchos, cargando los crímenes de todos. Para ser Sumo Sacerdote, Jesús debió
asemejarse en todo a sus hermanos. Para ser sacerdotes capaces de compadecernos
no sólo de nuestras flaquezas, sino de la de todos, es necesario haber
reconocido las propias miserias y haber sido purificados por
La misericordia sacerdotal es una compasión atravesada por
el amor a los semejantes, un empeño de todo su ser con la miseria de los otros.
Al igual que Jesús, nos corresponde mantener vivo el mensaje de
Al renovar, hoy, nuestro compromiso sacerdotal delante de la
comunidad, tomemos conciencia de nuestra identificación con el Señor por la
imposición de las manos y la unción con el Crisma y nos sumerjamos en su
Corazón donde late
La ternura es un aprecio por lo débil y pequeño, sin
mancillarlo. Dios se ha dado a conocer a los sencillos, no a los sabios y
entendidos. Lo pequeño y los pequeños tienen talante evangélico; las personas
pobres y los medios humildes tienen una afinidad intrínseca con el Reino de los
Cielos. Dios ha escogido lo pobre, lo humilde, lo necio de este mundo para
confundir a los grandes, a los sabios y poderosos (cf. 1 Cor 1,27). Un Dios que
ama no puede olvidarse de los pequeños. Un Dios que es Padre tiene predilección
sobre sus hijos más débiles e indefensos. Un Dios con "entrañas de
misericordia” ama con ternura de madre a los más pequeños y necesitados.
Ser sacerdotes misericordiosos las 24 horas del día, en todo
y con todos: en la predicación y la manera de celebrar, en los gestos, en los
signos, en la disposición para acoger y escuchar, en el modo de relacionarnos,
en el respeto y cuidado de todos, en las opciones pastorales, en las obras de
misericordia corporales y espirituales.
Un criterio pastoral que nos recalca el Papa Francisco, en
relación con la misericordia, es la cercanía, la proximidad, la empatía.
Siempre dispuestos a establecer a eliminar distancias, a propiciar el
acercamiento, a derribar muros. ¿Hasta qué punto vemos y nos conmueven las
heridas, las dificultades, las angustias y necesidades de nuestra gente? A un
buen pastor no le debe ser extraño o desconocido nada de lo que pasa y se vive
en su comunidad. No nos permitamos ser fríos y distantes. No fuimos ordenados
para encerrarnos y para que no nos molesten. Un corazón misericordioso no pone
límites, ni horarios. No podemos dejarnos llevar por una cultura que sólo
reconoce y exalta a los triunfadores, a los grandes y poderosos. Una cultura
del éxito que todo lo mide por resultados, por efectividad y utilidad. Un
corazón misericordioso, al estilo de Jesús, opta por el amor a los frágiles,
los débiles, los pequeños y los aparentemente inútiles y desechables.
También el Papa nos habla del "sufrimiento pastoral”: es el
pastor al que se le arruga el corazón con las situaciones difíciles de las
personas a su cargo; que le preocupa hondamente la falta de salvación en
miembros de su comunidad; que está inquieto ante el alejamiento de algunos; que
lleva a la oración todas estas situaciones, se apersona de las heridas de su
pueblo y las hace intercesión acuciante ante el Padre.
Hagamos nuestra la concepción de
Pidamos al Señor que nos libre del legalismo, de la rigidez
de la ley, de predicar el castigo y el miedo. Pidamos ser beneficiarios del
abrazo misericordioso del Padre para poder también abrazar y consolar en su
nombre. Y que el Señor nos conceda la pedagogía de la paciencia, la búsqueda,
la clemencia, la magnanimidad, la calidez, la cercanía, el respeto, la ternura,
la coherencia y la alegría.
Y, a Ti, oh Tierna Virgen del Valle, Madre de los
sacerdotes, te confiamos nuestro ser y quehacer sacerdotal que hemos recibido
por gracia de Dios y que hoy vamos a renovar, para que lo llenes de tu materno
y fiel amor. También te confiamos a los sacerdotes enfermos y probados. Así
sea.