En el libro "El inesperado legado del divorcio” (de
Wallerstein- Blakeslee, ed. Atlántida), se describen dos tendencias entre los
divorciados: algunos se repliegan respecto del establecimiento de vínculos de
intimidad y se rehúsan a formar parejas de convivencia; otros se precipitan a
establecer uniones impulsivas, reiterando fracasos que también los dejan en
soledad.
Esta experiencia, si bien en nuestro medio no ha sido
mayoritaria, ha teñido la percepción de toda una generación, que frente al
compromiso emocional con otro adopta una actitud reticente y desconfiada.
Producto de las lesiones dolorosas que se manifiestan en el alma de las
personas.
Matrimonios, divorcios y contratos prenupciales.
Tanto el divorcio como los contratos prenupciales, las uniones
convivenciales, el matrimonio igualitario, los efectos jurídicos del
concubinato en el nuevo plano legal desde Agosto del 2015 en adelante, momento
de sanción del nuevo Código Civil y Comercial de
Así es que dentro de las consultas (de terapia psicológica,
como consultas legales) que comprenden desde uniones prematrimoniales, la
decisión de no tener hijos, la independencia económica, el resguardo de los
derechos individuales, las terapias prematrimoniales, van a tomar formas defensivas en afán de reducir los
"riesgos que puedan llevar a provocar una separación” (en principio, nadie que
empieza una relación de amor pretende separarse). Así es que para frenar la
ansiedad y temor al fracaso se realizan "actos preparatorios” para esclarecer
la convivencia y tornarla lo más llevadera posible.
Cuando las parejas suscriben un contrato frente a sus
abogados de familia, en el que regulan el uso del dinero, el patrimonio y hasta
el número de hijos, se comprende que tales formas de previsión no surgen por
casualidad. Existe una necesidad nueva de crear marcos de contención
anticipando y planificando en forma muy minuciosa el futuro. Futuro incierto y
lúgubre en temas de estadísticas de divorcio.
La "normalización” social, psicológica y legal del divorcio.
La normalización de los divorcios tanto en el plano
psicosocial como también el legal va a generar un sentido doble. Por un lado ponen en peligro la relación de la pareja
y su duración y, por el otro lado, cada uno de los esposos se encuentra mejor
preparado para enfrentarse al divorcio, ya que se toma al divorcio como la
solución de un matrimonio fallido y en consecuencia los mismos están más aptos
para vivir solos. En este sentido, el matrimonio que otrora era el resguardo a
la soledad y al desamor en una unión vital con otra persona, hoy responde a una
lógica individualista que basa su materia en el hedonismo, el placer, el
dinero, la carnalidad desprendiéndose de los elementos afectivos de alto nivel, o bien en enamoramientos cortos.
Estos mecanismos que sustentan hoy el concepto de familia se
sostiene en una dinámica que debilita el Instituto del MATRIMONIO tal como se
lo conocía tradicionalmente, permitiendo la normalización del divorcio y la
incorporación socio-legal de una amplia variedad de familias en relación a las
decisiones individuales. Es decir estamos ante un verdadero cambio
paradigmático. Parecería ser que se está transformando el matrimonio en una
unión de necesidades personales que trabajan para sostener algo muy valioso
para cada uno de sus miembros desde una construcción individual.
Divorcio no consumado.
La psicóloga Irene Meler acuño el término "divorcio no
consumado”, el cual de acuerdo a mi entender es aquel en que en la pareja las
relaciones sexuales y amorosas se han clausurado, pero subsiste un clima de
respeto, orden y armonía, los afectos tiernos subsisten y se conserva un
agradecimiento que gira en una armonía alrededor de los hijos. El ex esposo
continúa dentro de la relación familiar manteniendo económicamente al hogar
conyugal desde afuera y la ex esposa se encarga de la crianza y convivencia de
los hijos. Viven en casas separadas, y las visitas del ex esposo al hogar
conyugal son frecuentes, mientras que las visitas de la ex mujer al hogar de su
antiguo marido le están vedadas. Este anacronismo salvaguarda la vida erótica
de ambos, estableciéndose un disfrute carnal tanto para el hombre (sostenido
por una estructura social machista) que puede hacerlo visible, como para la
mujer que va a reservarse en la intimidad clandestina sin mostrarse o hasta
ocultado su verdadera situación.
No podían faltar los hijos.
Sin duda alguna, el distanciamiento de los padres y la
judicialización de las relaciones de familia, el conflicto y la falta de
comunicación suelen perjudicar la crianza de los hijos, esta generalidad
acarrea cambios culturales que promueven una parentalidad más reducida.
El malestar vincular que existe hoy entre mujeres y varones
se encuentra en pleno manifiesto. Es emergente la familia de múltiples tensiones sociales, de pobreza, de
hambre, de disturbios en la vía pública, de piquetes y destrozos a comercios,
de quema de neumáticos, inflación, salarios pobres, desempleo, de dolor e
impotencia. Tanta carga sin duda que afectara a la intimidad del hogar,
detonando la tolerancia y el amor.
Siguiendo a
Por otro lado la consulta psicológica de pareja recibe a
muchos de los participantes en estos conflictos. "No es fácil definir si el
odio destructivo que circula en el antiguo vínculo amoroso se debe a patologías
individuales de uno o de ambos cónyuges o si los trastornos psíquicos evidentes
son efecto de la crisis vital y podrán revertirse en un futuro. A veces se
observa la primera alternativa y en otros casos, más benignos, cuando se dirime
el conflicto por los bienes y por los hijos, la situación vincular y
psicopatológica mejora”. (Meler, I: Recomenzar. Amor y poder después del
divorcio, Buenos Aires, Paidós, 2013),
La expresión de las luchas por el poder dentro del ámbito
familiar, que hace solo una década atrás la detentaba el hombre como "Jefe de
familia”, hoy es eje conflictual entre los géneros en las sociedades
contemporáneas, influencia directa de manifestaciones políticas y sociales y
pensamientos de igualdad de género.
Hoy es común ver con una madre ha pasado a ser cabeza de
familia y a desempeñar los roles de cuidado que antes correspondían a ambos
padres, garante esta mujer sola hasta de la subsistencia económica del hogar,
hogar donde el padre ha sido excluido (ya sea que se ha marchado por si mismo o
por medio de la fuerza pública). También es notable que una mujer - madre se ha
unido a un nuevo compañero y tal vez ha tenido con el mismo otros hijos.
El divorcio no soluciona el problema de conflictividad.
La confrontación conyugal, no termina con la sentencia de
divorcio, sino que se prolonga en el tiempo. El padre o madre que no convive
con los hijos difícilmente pueda estar presente en su carácter, alterando el
rol que le compete y a veces hasta diluyendo el lazo vincular.
Por lo general son los varones los que han perdido la
convivencia con sus hijos, aportando solamente una cuota alimentaria, pero los
cuidados escasean y hasta se detectan que hay muchas situaciones de abandono
parcial de la crianza, cuando no hay también sustituciones por otra persona.
Surgen entonces nuevos malestares en la cultura, en la
familia, en la dinámica y en la
comunicación que cohabitan dentro del hogar donde los niños residen, y así se
genera una situación de anomia (o falta de normas claras), que sin duda harán
mella en el psiquismo del niño viviendo en un gran vacío de reglas.
Por otro lado, las mujeres solteras, sin hijos, pueden
emparejarse con varones con hijos, generando una serie de desafíos en la
pareja, por la misma inexperiencia en el trato con niños o adolescentes, aunque
esta situación si se conflictúa es de menor intensidad, por la falta de
convivencia con los hijos.
No podemos soslayar que existe un "imperativo cultural
maternal”, que estimula los afectos positivos de las mujeres hacia los niños y
jóvenes. Mientras que los varones, sostienen aspiraciones posesivas sobre las
mujeres y pueden rechazar a los hijos de su pareja generando un clima de
rivalidad y competencia entre ellos.
Los desventajados.
Los desventajados son los hijos de las madres (solteras o
divorciadas o separadas) cuyo padre los ha abandonado y no les aporta dinero ni
cuidados. Esta madre se ha visto cumpliendo tareas solas durante su período
monoparental y muchas veces no ha podido brindarles la atención adecuada ya que
debía trabajar en varias partes, contratando niñeras para su cuidado.
En otros casos en que los niños hayan convivido con su
padre, y este los haya abandonado, suelen procesar la pérdida del vínculo con
producciones melancólicas.
Muchas veces si su padre fue una persona nociva, la
separación va a resultar un alivio para la familia o bien si los niveles de
conflicto resultaban ser de excesiva fuerza violenta (tanto física como
psicológica). Estamos entonces frente a una figura paterna desvalorizada, por
lo que la nueva pareja conyugal suele ser objeto de depósito de emotividad
diversa, por un lado amistosa, por otro lado competitiva; este encuentro de
identificación y depositación, promueve problemas de aprendizaje y de conducta
antisociales como ser adicciones o peleas y riñas, de muy difícil tratamiento
clínico psicológico.
El divorcio traumático.
Son aquellos en que la disolución de la pareja, sucede
dentro de una enorme conflictividad manifiesta, donde han surgido elementos de
violencia, de golpes, de maltratos psicológicos, morales, físicos. Culminando
con la separación en forma hostil, con enorme desgaste emocional y con pérdida
de ilusión sobre la eternidad del amor. Más adelante, ya superado el conflicto
(en el mejor de los casos) el futuro individual de cada integrante del
matrimonio va a cursar el destino de recomposición y de nuevas uniones
conyugales o bien el transito apacible de la soledad.
La ganancia obtenida en términos de libertades individuales
luego de la separación para los ex esposos muchas veces deja, como saldo
inesperado, el padecimiento psicológico de los hijos, debiendo estos afrontar
duelos o permanecer como espectadores de actos de violencia y riñas.
Algunos niños y jóvenes experimentan el divorcio de sus
padres como un evento traumático, en tanto ellos no han decidido al respecto y
"deben” adaptarse a sus consecuencias. La pérdida de la convivencia con alguno
de sus padres, el clima de conflicto que en muchos casos se extiende durante
años, las mudanzas, el descenso del nivel económico de vida, la exposición
obligada a entablar vínculos de intimidad con otros adultos y a veces con otros
niños, a los que sienten como intrusos, configuran algunas veces experiencias
penosas que suelen dejar secuelas psíquicas.
Corolario.
Como puede advertirse, las actuales guerras privadas entre
padres y madres dejan daños colaterales. Los tribunales de Familia y los consultorios
psicológicos, hoy se encuentran en apogeo. Sirvan estos pensamientos para que
el lector pueda organizarse desde la inteligencia y el afecto hacia una
sociedad más humana.
Dr. Bruno Jerez-
Abogado y psicólogo.