viernes, 25 de marzo de 2016
11:15
Durante esta celebración, el Obispo lavó y besó los pies de
doce personas entre jóvenes, adultos y niños, recordando el gesto de Jesús con
sus apóstoles en
la
Ultima Cena. También se rezó especialmente por
la Patria, al cumplirse los 40
años del golpe militar, para los argentinos "nos reencontremos y vivamos como
hermanos”. Y la comunidad se unió a la acción de gracias por los 9 años de la
llegada de Mons. Luis Urbanc a Catamarca como Obispo Coadjutor.
Durante su homilía, el Pastor Diocesano manifestó que "en
esta Misa que llamamos de
la Cenadel Señor, de la institución de
la Eucaristía, vamos a rezar también por
la Patria, porque se cumplen
40 años de momentos difíciles, para iluminar el recuerdo de esos hechos de
tanta violencia con el misterio de
la
Cruz de Jesús, en el sentido de que nos puede reconciliar,
hacer que nos reencontremos, que superemos nuestras diferencias y que vivamos
como hermanos”.
"También quiero dar gracias a Dios porque en este día porque
hace 9 años, exactamente, que vine a Catamarca como Obispo Coadjutor, así que
le doy gracias al Señor y a
la Santísima Virgen porque me han acompañado tanto y
me han ayudado a ir sintiéndome un catamarqueño más entre ustedes, peregrinando
esta etapa de mi vida con ustedes”, expresó el Obispo.
Adentrándose en la
temática de estos días, indicó que "el misterio de
la Pasión, Muerte y
Resurrección de Jesús es lo que da fundamento a nuestras alegrías y tristezas,
éxitos y fracasos, lo que le da esperanza a nuestra vida. Por tanto hoy, tendré
el honor de lavarles los pies. Es un gesto de Jesús cuando está transido de
dolor. Jesús nos enseña a ser grandes. No crean que Jesús tuvo nada más que un lindo
gesto, de lavarles los pies a los discípulos. Le lavó los pies a Judas, que
después lo iba a besar y entregar. Le lavó los pies a Pedro, que lo va a negar
tres veces. Aprendamos a ser grandes. Jesús no se hizo la víctima, todo lo
contrario, se ocupó de sus amigos, de aquellos que Él eligió, compartió con
ellos la Última Cena con mucha fortaleza, podría haberse puesto a llorar para
que se compadezcan de Él. No hizo eso, ni tampoco se hizo el fuerte porque
también manifestó sus limitaciones. Les contó la verdad a sus apóstoles: ‘Uno
de ustedes me va a entregar, otro me va a negar tres veces esta noche’. Les
dice la verdad…”.
Continuando con su reflexión, Mons. Urbanc manifestó que
"Jesús nos va a dejar el testamento de su gran amor: ‘Amense los unos a los
otros como yo los he amado’. ‘¿Han comprendido lo que acabo de hacer con
ustedes? Esto de lavarles los pies… Esto
mismo lo harán ustedes a futuro. Tienen que ser servidores de los demás’.
¿Saben qué distinto sería el mundo si cada uno se esfuerza siempre en ser un
servidor del otro? Vivimos en un mundo en donde cada uno busca servirse de los
demás. De allí vienen las guerras, los conflictos, la prepotencia, la
violencia. Nos queremos servir del otro. Jesús jamás se sirvió de nadie. Se
puso al servicio. ‘Ustedes me dicen Maestro y Señor y lo soy, pero yo estoy en
medio de ustedes como el que sirve’”.
Asimismo, destacó que "Jesucristo se entrega para
liberarnos, porque es el servidor. Jesucristo, el Siervo Sufriente, para que
nosotros aprendamos a construir un mundo que se fundamente en el amor, en el
respeto, en el servicio, en el perdón”.
Al finalizar la misa, se trasladó procesionalmente
la Eucaristía consagrada
hasta el Monumento, donde se expuso para su adoración.