Amados hermanos:
El amor ha derrotado al odio,
Jesucristo, por amor a nosotros, se despojó de su gloria
divina; se vació de sí mismo, asumió la forma de siervo y se humilló hasta la
muerte, y Muerte de CRUZ. Por esto Dios lo exaltó y lohizo Señor del universo
(cf. Flp 2,8).
Con su muerte y resurrección, Jesús ofrece a todos el camino
de la vida plena y la auténtica felicidad, pero esta senda es la humildad, que
supone la humillación. Sólo quien se humilla podrá alcanzar los «bienes de allá
arriba», es decir, a Dios (cf. Col 3,1-4). El orgulloso mira «desde arriba
hacia abajo», el humilde, «desde abajo hacia arriba».
Dios nos ha concedido de nuevo celebrar el Misterio Pascual,
con todos sus ritos y símbolos, para que en este 2016 profundicemos de un modo
especial en su insondable Misericordia, de la que tanta necesidad tiene nuestra
frágil humanidad. No desaprovechemos las innumerables gracias que el Buen Padre
Dios derramó sobre todo el mundo en estos días, sobre todo, orientadas a
trabajar con denuedo en favor de
Jesús es el Príncipe de
La mañana del primer día de la semana, al que ahora llamamos
Domingo = Día del Señor, anoticiados por las mujeres, Pedro y Juan corrieron al
sepulcro y lo encontraron abierto y vacío; y se «agacharon» para entrar en la
tumba. Para entrar en el Misterio hay que «inclinarse». Solamente quien se
abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo como discípulo por
el estrecho sendero de la libertad, la verdad, el amor y el servicio, que es
El mundo propone imponerse a toda costa, competir, pisotear,
hacerse valer, etc. Pero los cristianos, por
Esto no es debilidad, sino auténtica fuerza. Quién lleva en
sí el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino
que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor.
Imploremos hoy al Señor resucitado la gracia de no ceder al
orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que tengamos el valor humilde
del perdón, la reconciliación y la paz. Le pidamos, también, a Jesús victorioso
que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su
Nombre, así como de todos los que padecen las consecuencias de los conflictos y
la violencia que se están produciendo de modo exponencial en diversas partes de
¡Nuestra Madre del Valle, lucero divino que anuncias el
Nuevo Día para la esperanzada humanidad; ruega por nosotros y por el mundo
entero!
¡¡¡Feliz y bendecida Pascua!!!
Mons. Luis Urbanc, 8° Obispo de Catamarca