Se ve a diario y a cualquier hora, pero a la entrada y a la salida de los colegios del centro catamarqueño, es cuando quizá, empujados por la sensación de la "ley de la selva” o del "vale todo”, se aprecia con mayor frecuencia.
Estacionamientos en doble fila, sendas peatonales que no se respetan, y rampas para personas con capacidades diferentes obstruidas, son el común denominador en las calles catamarqueñas.
A este combo se le deben agregar los ensordecedores bocinazos de automovilistas impacientes; el alto grado de agresividad de muchos de ellos; motociclistas zigzagueando como si fueran víboras entre los autos; y taxis y colectivos que parecieran creerse los dueños de las calles.
Todo mal. Nadie respeta nada. Ni siquiera quienes deben hacer respetar las normas. La falta de apego al estricto cumplimiento de las leyes es notoria en Catamarca. Eso sí, al llegar a otras provincias, donde la "mano dura” no hace distinciones, son los primeros en cumplirlas.