En el cuarto día del Septenario, la temática propuesta ayudó
a considerar a Jesús como el rostro de
Durante su homilía, el Pastor Diocesano dijo que "los textos
bíblicos que acabamos de escuchar nos han ayudado a reconocer que Dios está muy
empeñado en salvarnos”, y que "en el Evangelio Jesús nos afirma que tanto amó
Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en Él no muera,
sino que tenga Vida Eterna. Esta es la gran enseñanza de Jesús, es la expresión
suprema de la revelación cristiana. El amor del Padre a la humanidad es la
razón más profunda de toda la historia de
"Por tanto, creerle a Jesús nos proporciona Vida; rechazarlo
o ser indiferente es optar por la muerte; creer en Jesús es vivir en la luz; no
creer en Jesús es vivir en las tinieblas. No hay término medio: o vivimos o
morimos; o estamos en la luz o en las tinieblas”, enfatizó Mons. Urbanc. Y
agregó que "el sufrimiento y la marginación en que viven millones de personas
evidencian lo lejos que estamos de vivir en el amor y la luz que Dios nos
ofrece en Jesús. Ante esta realidad los cristianos tenemos que hacer como los
Apóstoles: anunciar a Jesús Resucitado, conscientes de que ‘hay que obedecer a
Dios antes que a los hombres’, y seguros de que cuando Dios quiere que algo
vaya adelante, toda oposición humana es ridícula”.
En la celebración, los alumbrantes participaron de la
liturgia de
Al finalizar
TEXTO COMPLETO DE
Queridos devotos y peregrinos:
En este 4° día del septenario participan como alumbrantes
hermanos del ámbito del deporte provincial y municipal, directivos y miembros
de clubes, federaciones, asociaciones automovilísticas, club autos de época,
cámara de comercio, sindicato de comercio y centro de empleados de comercio.
Bienvenidos a esta celebración. Que
La temática propuesta para esta jornada no ayudó a
considerar a Jesús como el rostro de
Los textos bíblicos que acabamos de escuchar nos han ayudado
a reconocer que Dios está muy empeñado en salvarnos.
En la primera lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles, se nos ha narrado cómo los apóstoles fueron liberados milagrosamente
del calabozo: "Hemos encontrado la cárcel cerrada, con las barras echadas, y a
los centinelas cuidando las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie
dentro” (Hch 5,24) y enviados de nuevo por el ángel a seguir predicando a
Jesucristo en el Templo: "vayan al templo y explíquenle allí al pueblo
íntegramente este modo de vida” (Hch 5,20), donde, desde el amanecer, se
pusieron a enseñar: "Los hombres que metieron en el calabozo están ahí en el
templo y siguen enseñando al pueblo” (Hch 5,25).
Quién, sino Dios puede dar esa fortaleza de no temer a los
enemigos y seguir adelante con la misión que el Señor Jesús ha confiado a sus
más allegados, a fin de que todo ser humano pueda ir conociendo y amando a
Dios, y, por ende, también a su vez constituirse en testigo de su Amor.
En el salmo 33 el salmista canta la bondad del Señor:
"Bendigo al Señor en todo momento,su alabanza está siempre en mi boca;mi alma
se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren” (Sal 33,2) y
afirma con toda certeza y confianza: "Si el afligido invoca al Señor, Él lo
escucha y lo salva de sus angustias” (Sal 33,7b).
El mismo talante tuvo
En el Evangelio Jesús nos afirma que "tanto amó Dios al
mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en Él no muera, sino
que tenga Vida Eterna” (Jn 3,16). Esta es la gran enseñanza de Jesús a
Nicodemo, es la piedra angular del Evangelio de Juan, es la expresión suprema
de la revelación cristiana. El amor del Padre a la humanidad es la razón más
profunda de toda la historia de
Por tanto, creerle a Jesús nos proporciona Vida; rechazarlo
o ser indiferente es optar por la muerte; creer en Jesús es vivir en la luz; no
creer en Jesús es vivir en las tinieblas. No hay término medio: o vivimos o
morimos; o estamos en la luz o en las tinieblas. Como me decían unos niños de la
catequesis: "cuando vivimos en la amistad con Jesús, somos felices, la vida es
bella, el mundo es bueno y nos gusta hacer el bien; cuando estamos lejos de
Jesús estamos tristes por dentro, tenemos miedo porque hay encima de nosotros
como una gran piedra que puede caer y matarnos, y nos gusta hacer el mal a los
demás”. Dios no envió a Jesús ni para juzgar ni para condenar. Cada persona se
juzga o se condena a si misma al aceptar o rechazar a Jesús.
El sufrimiento y la marginación en que viven millones de personas
evidencian lo lejos que estamos de vivir en el amor y la luz que Dios nos
ofrece en Jesús. Ante esta realidad los cristianos tenemos que hacer como los
Apóstoles: anunciar a Jesús Resucitado, aunque nos difamen, persigan,
encarcelen y nos maten; conscientes de que "hay que obedecer a Dios antes que a
los hombres”, y seguros de que cuando Dios quiere que algo vaya adelante, toda
oposición humana es ridícula. El pesimismo, la apatía, la indiferencia, la
cobardía, el miedo no hablan bien del cristiano. Las dificultades del momento
presente no son ninguna excusa para dejar de anunciar a Jesucristo. Cuando uno
está convencido de algo, no hay nada que se le resista, ni que le haga
detenerse o volver atrás. Ahora me pregunto y les pregunto, ¿Hubo alguna época
en la que ha sido fácil anunciar y vivir el Evangelio y seguir a Jesús?
En consecuencia, hermanos, la participación en este
septenario es de suma necesidad para que nos fortalezcamos a la luz del ejemplo
creyente y misionero de
A Ti, Virgen del Valle, se vuelven confiados tus hijos para
reclamar de tu amor maternal el aumento de fe, el fortalecimiento de la
esperanza y el fuego del amor que tanto necesitan para ser testigos alegres y
creíbles de Cristo Resucitado, a quien sea la gloria y el honor, por los siglos
de los siglos.
¡¡¡Nuestra Madre del Valle!!! ¡¡¡Ruega por nosotros!!!