Un juguete de Winnie Pooh, un comunicador pictográfico, un
localizador sonoro de aros de básquet y un laboratorio de marcha son, a simple
vista, objetos que no parecen tener demasiadas semejanzas. Pero, si se los
observa de cerca, hay un factor que los vuelve similares: en los cuatro casos,
se trata de objetos inclusivos.
Creados por un grupo de personas alertadas por las
necesidades de quienes padecen discapacidades mentales y motrices, estos
prototipos vienen a brindar soluciones efectivas desafiando las agujas del
reloj. Con esta impronta se estableció UNITEC, una unidad de extensión de la
Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata diseñada para
ayudar y capacitar.
En diálogo con Agencia CTyS-UNLaM, la Ingeniera y directora
del proyecto, María Cristina Cordero, cuenta la trayectoria de esta plataforma
que partió de la asistencia tecnológica para luego transformarse en un
ambicioso proyecto creativo, pedagógico y solidario que apuesta a la
integralidad científica.
El proyecto nació en 2008, cuando las maestras de la Escuela
Especial nº 535 de La Plata pidieron a la universidad que reparen unas
computadoras que, hasta entonces, no habían podido utilizar. Luego de
arreglarlas, el equipo se dio cuenta de que había logrado algo más que un
simple service: habían permitido que una alumna escribiera su nombre, por
primera vez.
Desde aquella experiencia, este grupo de alumnos y docentes
de Ingeniería se fue transformando en una usina de proyectos que buscan
resolver problemáticas específicas de las distintas manifestaciones de la
discapacidad, a corto plazo y a un costo bajo. La consigna es la creatividad y
la receta, el trabajo en equipo.
Así se forjaron los primeros lazos entre la unidad y la
Escuela Técnica Albert Thomas de La Plata, con la que se realizó un convenio de
prácticas profesionalizantes para sus alumnos que, mientras aprendían a reparar
y armar PCs, tenían un primer contacto con el ámbito universitario y
profesional, dando apertura al Laboratorio de Asistencia Técnica a Escuelas de
Educación Especial (LATE).
Pero el arreglo de computadoras fue tan solo el puntapié
inicial. Una vez que las maestras observaron los resultados y se capacitaron
para utilizarlas, comenzaron a demandar hardware y software más específico para
acercar la tecnología a los alumnos que padecían diversas dificultades. Algunos
de estos pedidos eran de fácil acceso y, otros, ni siquiera se encontraban en
el mercado.
De ahí que, por ejemplo, se desarrollaron diversas variantes
de mouse de computadora para que personas con escasa movilidad lo pudieran
manipular, o juguetes adaptados para enseñar la noción de "acción/reacción”,
entre otros elementos que debían cumplir con requisitos como la
autoportabilidad, el bajo costo, la eficacia y, sobretodo, la urgencia.
En esa línea, la Magíster en Ingeniería Biomédica explicó
que la producción de hardware y software especializado para inclusión es, en
cierta medida, incompatible con la manufactura en serie. "Ante la misma
discapacidad –sostiene-, las personas se manejan de forma diferente. Las
discapacidades son infinitas, y las necesidades, muy personalizadas”.
Hacer de la Ingeniería una ciencia social
Como cada caso tiene su grado de singularidad, el desarrollo
de los artefactos se vuelve casi un trabajo artesanal. Sin embargo, el cambio
más significativo para los profesionales se da en la lógica de trabajo, que los
invitó a tener un contacto cercano y permanente con los usuarios y su
problemática.
"Se trata de una necesidad que no estaba alimentada de
ninguna manera y a la que no había respuesta”, dirá la directora de este
proyecto en referencia a uno de los casos más significativos en los que
participó UNITEC: el caso de Juan Cobeñas.
Cobeñas es un estudiante –a punto de recibirse- de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de La Plata. Padece
una parálisis cerebral que no le permite realizar movimientos ni expresarse
oralmente. Se comunicaba por medio de un sistema de hojas que tenían escritas
las letras del alfabeto, pero que resultaba engorrosa a la hora de expresarse.
El problema llegó a oídos del equipo y ellos pusieron manos
a la obra. De allí resultó el comunicador digital "Intercom 1.3”, un software
para PCs, celulares y tablets que reproduce oralmente lo escrito con una
interfaz similar al sistema analógico que utilizaba Juan. Actualmente, este
programa fue universalizado por medio de versiones de software libre en JAVA y
Android.
Al respecto, Cordero señala que no se trata siempre de
innovaciones de tipo tecnológicas sino económicas, en referencia a que lo que
se prioriza en estos elementos es la practicidad y el alcance de resultados
óptimos al menor costo y con la mejor calidad.
Epicentro creativo
Otra de las grandes obras de UNITEC es la creación de un
Laboratorio de Marcha para la Asociación Pro Rehabilitación Infantil La Plata
(APRILP). El equipamiento - que está en pleno desarrollo y se estima que para
finales de este año esté disponible- permite la detección de patologías
motrices que generalmente se derivan de afecciones neuronales.
Hasta el momento, el único dispositivo de estas
características se encontraba en el Instituto Fleni, pero, a diferencia de ese
laboratorio, el prototipo desarrollado por UNITEC se adaptará para determinar
intervenciones quirúrgicas relacionadas con la cuestión ortopédica, uso de
órtesis, prótesis, medicación y distintos tipos de rehabilitación.
Es aquí donde se evidencia el carácter interdisciplinario
con el que se encaran los proyectos, puesto que el diálogo de la ingeniería con
la medicina y la arquitectura para este desafío se completa con la experiencia
de los pacientes.
Del laboratorio al aula, y del aula a la sociedad
Además de la ya aceitada producción de elementos adaptados y
software para personas con discapacidad, la unidad de extensión dio un paso más
allá y se ocupó de brindar competencias en el área de la reparación de
computadoras a personas con necesidades especiales para facilitar su salida
laboral.
"Los cambios globales siempre empiezan por un grupito de
personas”, reflexiona la investigadora, y acerca una imagen que sintetiza la
búsqueda fundamental de este espacio: una foto de Fausto, un joven que
participó de ese curso de capacitación y que había sigo diagnosticado con el
Trastorno del Espectro Autista, entregando computadoras reparadas a una escuela
de educación especial.
Y en ese cercano recuerdo se forjó la vocación de Fausto por
la Ingeniería, convirtiéndose en la primera persona autista que ingresó a una
universidad pública.
Crear un ambiente inclusivo
Actualmente, la unidad sigue implementando los servicios
propuestos, cuyos resultados se conocieron a lo largo y a lo ancho del
territorio, y planea elevar a un siguiente nivel las soluciones para personas
con discapacidad mental o motriz por medio de la domótica y la robótica.
"Estamos trabajando en domótica para instalar en una casa lo
que se conoce como vivienda adaptada para personas con discapacidad en la que,
desde un control remoto, un celular o una PC, puedan comandar acciones como el
abrir la ventana, encender el aire acondicionado o una computadora”, adelanta
Cordero.
Mientras tanto, el proyecto general de UNITEC sigue con su
norte fijado en la transmisión de conocimiento, en la formación de
profesionales conscientes de las problemáticas de su entorno social y en el
traspaso de todo el aprendizaje adquirido a una investigación científica
multidisciplinaria.
"La integralidad –concluye-, es incluir la docencia con la
extensión, la transferencia y la investigación. Integrar todos los aspectos en
los que se puede cubrir el conocimiento de la universidad y, en nuestro caso,
se da naturalmente una cosa con otra”.
Fuente: Agencia CTyS