Para su monitoreo y control, técnicos del INTA Sáenz Peña
–Chaco– desarrollaron un dispositivo nacional de captura masiva para su
observación y control a base de feromonas. Una innovación sencilla de
construir, de bajo costo y ambientalmente segura. El logro obtuvo la patente en
la Argentina y en Colombia.
De acuerdo con Ivan Bonacic Kresic –técnico del INTA Sáenz
Peña y creador de la innovación– la nueva trampa de observación mata insectos
(T.O.M.I.) desarrollada con materiales nacionales "tiene un costo bajo y es muy
efectiva con una capacidad de captura de picudos que alcanza el 68,9 % respecto
a las trampas de cono importadas de Estados Unidos”.
Entre las numerosas ventajas de la innovación, Bonacic
subrayó que es "ambientalmente segura” ya que el abrojo impregnado de veneno se
encuentra dentro de la trampa y fuera del alcance de niños, animales de granja
y otros insectos benéficos. Así, se reduce la utilización masiva de
insecticidas y favorece el equilibrio biológico natural.
Asimismo, el técnico destacó la simpleza del diseño: "Cada
productor puede construir la propia y sustituir, así, las trampas importadas.
Sólo se necesitan muy pocos materiales de plomería –un metro de caño de
polipropileno, una cupla, un buje reducción, un tapón y un taladro– y algunas
botellas de plástico descartables”.
El logro del INTA obtuvo su patente de invención en la
Argentina y en Colombia por lo que actualmente los especialistas trabajan en su
fabricación industrial y en la elaboración de un protocolo para el correcto y
eficiente uso de la trampa en condiciones de cultivos comerciales.
Cuando vale hacer trampa
El picudo algodonero (Anthonomus grandis Boh) es un insecto
que se alimenta de los pimpollos de las plantas de algodón y provoca, así,
grandes pérdidas económicas al sector. Su gran capacidad de reproducción, corto
ciclo biológico y una excelente sobrevivencia exige una adaptabilidad del
productor y un manejo de plagas avanzado, como la T.O.M.I.
Se trata de una trampa colorida y cebada con una feromona
sintética (Grandlure) que atrae al picudo y conducido hacia un dispositivo de
captura masiva diseñada para su detección, monitoreo y control. Una vez dentro,
el insecto queda atrapado en el cilindro colector, donde entra en contacto con
un insecticida y muere.
La estructura de la trampa es de plástico y consta de tres
piezas desmontables: un tubo central que se une a un cono con contratapa, una
tapa o cubierta y un vaso cilíndrico con tapón.
El cuerpo central del dispositivo tiene perforaciones por
donde emanan las feromonas, mientras que en el vástago central se encuentran
las ranuras por donde ingresan los insectos. En el interior de la cámara de
captura se encuentra el surtidor de insecticida que actúa por contacto.
Todos contra el picudo: un objetivo renovado
A principios de 2016, las principales provincias algodoneras
–Chaco, Santiago del Estero, Formosa y norte de Santa Fe– renovaron por tres
años un convenio de vinculación tecnológica –firmado con el INTA en 2009– con
el objetivo de generar conocimientos y tecnologías para el control del picudo
algodonero.
Entre los logros obtenidos hasta el momento se destacan la
selección de aislamientos nativos de hongos entomopatógenos virulentos y
efectivos para el picudo. Este desarrollo permitirá disponer de bioinsecticidas
para mitigar el impacto ambiental en el control de plagas.
Otra línea de trabajo es el desarrollo de metodología para
la transformación genética del algodón, técnica que admitirá modificar
genéticamente a las plantas confiriéndole resistencia a plagas, herbicidas,
salinidad, sequía o cualquier otra característica deseable.
Asimismo, la inducción al silenciamiento génico es otra de
las líneas encaradas desde el acuerdo. Esta tecnología es una de las mayores
innovaciones a nivel mundial, aplicándosela también en investigaciones
relacionadas a la salud humana.