Tapia es el nuevo Vicario Episcopal de Educación, y fue
puesto en funciones durante la misa de homenaje del ámbito estatal y privado de
la Educación. La Eucaristía fue concelebrada por sacerdotes del clero
diocesano, y participaron autoridades educativas, entre ellas el Director de
Educación Pública de Gestión Privada y Municipal, Prof. Fabián Herrera.
En el comienzo de la celebración, el Vicario General de la
Diócesis, Pbro. Julio Quiroga del Pino, dio lectura al decreto de designación,
tras lo cual se dio inicio a la Liturgia de la Palabra.
En su homilía, Mons. Urbanc agradeció al Pbro. Juan Ramón
Cabrera por los cinco años de servicio en la Vicaría de Educación, y al Pbro.
Oscar A. Tapia por asumir hoy la misma labor. "Que el Señor y la Virgen del
Valle los sigan fortaleciendo en el generoso servicio a la educación de
nuestros niños adolescentes y jóvenes, y que puedan disfrutar de la fecundidad
de una vida entregada”, expresó.
Asimismo, destacó que "nuestros centros educativos son un
semillero, una posibilidad, tierra fértil para cuidar, estimular y proteger.
Tierra fértil sedienta de vida”. Y afirmó que "las comunidades educativas
tienen un papel fundamental, un papel esencial en la construcción de la
ciudadanía y de la cultura. Cuidado, no basta con realizar análisis,
descripciones de la realidad; es necesario generar los ámbitos, espacios de
verdadera búsqueda, debates que generen alternativas a las problemática
existentes, sobre todo hoy. Es necesario ir a lo concreto”.
En el tramo final de su reflexión pidió "que el Espíritu
Santo nos inspire y acompañe, pues Él nos ha convocado, nos ha invitado, nos ha
dado la oportunidad y, a su vez, la responsabilidad de dar lo mejor de
nosotros. Nos ofrece la fuerza y la luz que necesitamos… Que sea Él nuestro
maestro y compañero de camino”.
Profesión de fe y juramento de fidelidad
Continuando con la ceremonia, el flamante Vicario de
Educación realizó la profesión de fe y el juramento de fidelidad ante el Obispo
y la asamblea, que rubricó con aplauso este momento.
Antes de la bendición final, el sacerdote agradeció al
Obispo por haberle confiado esta misión, a su familia, a los sacerdotes con
quienes comparte la labor pastoral en la diócesis, y a la comunidad del Centro
Educativo y Cultural Diocesano Virgen del Valle.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA
Queridos devotos y peregrinos:
Doy la bienvenida a todos los que trabajan en el ámbito
educativo: autoridades, docentes, propietarios de colegios, miembros de la
Pastoral educativa de la Diócesis y a los abanderados y escoltas de los
colegios aquí representados.
Quiero agradecer al p. Juan Ramón Cabrera por estos cinco
años de servicio en la Vicaría de Educación, y lo mismo al p. Oscar A. Tapia
por asumir hoy la misma labor. Que el Señor y la Virgen del Valle los sigan
fortaleciendo en el generoso servicio a la educación de nuestros niños
adolescentes y jóvenes, y que puedan disfrutar de la fecundidad de una vida
entregada.
La lectura del profeta Daniel (7, 2,14) con su lenguaje simbólico encripta la
futura manifestación del Hijo de Dios, quien será constituido Señor de todo
dominio, poder y majestad. ¡Qué importante y necesario es que el servicio
educativo acompañe una progresiva y seria manifestación de Cristo al educando,
quien tiene derecho de conocer el designio de Dios en su vida! La creatura
necesita conocer al creador para lograr su plenitud.
Nuestros centros educativos son un semillero, una
posibilidad, tierra fértil para cuidar, estimular y proteger. Tierra fértil
sedienta de vida.
Jesús en el evangelio afirma: "Cielo y tierra pasarán, pero
mis palabras no pasarán” (Lc 21,33). Todo tiene fecha de vencimiento, menos la
Palabra de Jesús.
Me pregunto con Ustedes, educadores: ¿Velan por sus alumnos,
ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de
cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas
a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son
capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda? No
desentenderse de lo que pasa alrededor. Para eso hay que sacarlos del aula, su
mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula. ¿Cómo
entra en la currícula o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida
que nos rodea, con sus preguntas, sus interrogantes, sus desafíos? ¿Cómo
generamos y acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de
un mundo más humano? El diálogo, esa palabra puente, esa palabra que crea
puentes.
Hay una reflexión que nos involucra a todos, a las familias,
a los centros educativos, a los docentes: cómo ayudamos a nuestros jóvenes a no
identificar un grado universitario como sinónimo de mayor status, sinónimo de
más dinero y prestigio social. No son sinónimos. ¿Cómo ayudamos a identificar
esta preparación como signo de mayor responsabilidad frente a los problemas de
hoy en día, frente al cuidado del más pobre, frente al cuidado del ambiente, de
la casa común?
Los educadores deben hacer saber a los educandos que el
tiempo de estudio, no es sólo un derecho, sino también un privilegio que
tienen. ¡Cuántos jóvenes quisieran tener un espacio en un colegio o en una
universidad y, por distintas circunstancias, no lo tienen ni tendrán!
Las comunidades educativas tienen un papel fundamental, un
papel esencial en la construcción de la ciudadanía y de la cultura. Cuidado, no
basta con realizar análisis, descripciones de la realidad; es necesario generar
los ámbitos, espacios de verdadera búsqueda, debates que generen alternativas a
las problemática existentes, sobre todo hoy. Es necesario ir a lo concreto.
Ante la globalización del paradigma tecnocrático que tiende
a creer «que todo incremento del poder constituye sin más un progreso, un
aumento de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital, de plenitud
de valores, como si la realidad, el bien y la verdad brotaran espontáneamente del
mismo poder tecnológico y económico» (Laudato sii, n° 105), hoy a ustedes, a mí
y a todos se nos pide que con urgencia nos animemos a pensar, a buscar, a
discutir sobre nuestra situación actual. Y digo urgencia, para que nos animemos
a pensar sobre qué tipo de cultura queremos o pretendemos no sólo para
nosotros, sino para nuestros hijos, para nuestros nietos. Esta tierra, la hemos
recibido en herencia, como un don, como un regalo. Qué bien nos hará
preguntarnos: ¿Cómo la queremos dejar? ¿Qué orientación, qué sentido queremos
imprimirle a la existencia? ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué
luchamos y trabajamos? ¿Para qué estudiamos? (Laudato sii, n° 160).
Las iniciativas individuales siempre son buenas y
fundamentales, pero se nos pide dar un paso más: animarnos a mirar la realidad
orgánicamente y no fragmentadamente; a hacernos preguntas que incluyan a todos,
ya que todo «está relacionado entre sí» (Laudato sii, n° 138). No hay derecho a
la exclusión.
Como Universidad, como centros educativos, como docentes y
estudiantes, la vida los desafía a responder a esta pregunta: ¿Para qué nos
necesita esta tierra? ¿Dónde está tu hermano?
Que el Espíritu Santo nos inspire y acompañe, pues Él nos ha
convocado, nos ha invitado, nos ha dado la oportunidad y, a su vez, la
responsabilidad de dar lo mejor de nosotros. Nos ofrece la fuerza y la luz que
necesitamos. Es el mismo Espíritu, que el primer día de la creación aleteaba
sobre las aguas queriendo transformar, queriendo dar vida. Es el mismo Espíritu
que fortaleció y envalentonó a los discípulos. Es el mismo Espíritu que no nos
abandona y se hace uno con nosotros para que encontremos caminos de vida nueva.
Que sea Él nuestro maestro y compañero de camino. Amén