Durante la celebración eucarística, fueron presentados los
denominados Niditos de Oración del movimiento Armada Blanca, que tiene como
objetivo principal el cuidado espiritual de los niños por medio de la
Consagración a Dios Padre en María. Actúa también en defensa de la vida y la
evangelización misionera.
En la oportunidad, se bendijeron Rosarios blancos y se
realizó la consagración de los pequeños a la Virgen.
Durante su reflexión, Mons. Urbanc dio la bienvenida "los
niños, los papás, mamás y abuelos, que en no pocos casos hacen de papás y
mamás. Cuánta alegría le dan a la Virgen María por haber venido a estar con
Ella, a agradecerle y pedirle, a cantarle y a decirle que la quieren mucho y
que no pueden vivir sin estar con Ella, de sentirla muy cerquita de sus
corazones y de sus familias”.
También manifestó: "No les quepa la menor duda que los cambios
sustanciales que soñamos para la mejora de nuestra sociedad dependen de cuanto
invertimos en el cuidado y educación de nuestros niños. Los adultos debemos
brindar no sólo calidad de tiempo, sino mucho tiempo desde la concepción de una
nueva vida humana hasta bien entrada la etapa juvenil. ¡Y siempre tendrá sabor
a poco! No escatimemos esfuerzos, pues todo mejorará los resultados”.
En otro tramo de su reflexión afirmó que "la pedagogía y la
espiritualidad del Adviento nos encamina a profundizar la perspectiva
escatológica de la vida, a la vez que prepara a la Iglesia para conmemorar la
venida histórica del Redentor, celebrada en cada Navidad. El primer aspecto
señalado, con su carácter de fuerte llamada a vivir vigilantes y a prepararse
siempre, se destaca más claramente en los primeros días del tiempo de Adviento,
mientras que la consideración de los acontecimientos históricos que rodearon el
nacimiento de Jesús quedan reservados para los últimos días de Adviento. El
trasfondo de este tiempo es el de la esperanza y la alegría cristianas”.
"A nuestros niños con más facilidad les podemos hacer
comprender lo que hace a la primera venida de Jesús, pero no por eso no
intentaremos hacerles vislumbrar su segunda y definitiva venida en la que Él
dará a cada quien, de acuerdo con lo que haya producido con los dones
recibidos”, dijo.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA
Queridos devotos y peregrinos:
En este quinto día de la novena se nos propuso reflexionar
sobre el Adviento como tiempo de esperanza y vigilante espera del Señor
Jesucristo, que ya vino en la humildad de la carne y vendrá con poder en el
esplendor de su gloria para juzgar a vivos y muertos.
Hoy rinden su homenaje a la Virgen del Valle los Niños y
cuantos trabajan pastoralmente con y en medio de ellos. Bienvenidos queridos
niños, bienvenidos queridos papás, mamás y abuelos, que en no pocos casos hacen
de papás y mamás. Cuánta alegría le dan a la Virgen María por haber venido a
estar con Ella, a agradecerle y pedirle, a cantarle y a decirle que la quieren mucho
y que no pueden vivir sin estar con Ella, de sentirla muy cerquita de sus
corazones y de sus familias.
No les quepa la menor duda que los cambios sustanciales que
soñamos para la mejora de nuestra sociedad dependen de cuanto invertimos en el
cuidado y educación de nuestros niños. Los adultos debemos brindar no sólo
calidad de tiempo, sino mucho tiempo desde la concepción de una nueva vida
humana hasta bien entrada la etapa juvenil. ¡Y siempre tendrá sabor a poco! No
escatimemos esfuerzos, pues todo mejorará los resultados.
Este tiempo de adviento es muy propicio para profundizar
esta etapa fundamental de la vida humana, pues ‘todo termina como principia’,
‘quien mal anda, mal acaba’, ‘siembra mezquina, cosecha pobre’.
Consideremos que Dios preparó durante muchos siglos el envío
de su Hijo para salvar a la humanidad, hasta formar todo un pueblo que
reconociera y aceptara este plan. Y, en lo inmediato, buscó a unos esposos
llenos de fe y amor para que lo acogieran, lo cuidaran, educaran y capacitaran
para la entrega sublime en la Cruz.
Es por ello que la pedagogía y la espiritualidad del
Adviento nos encamina a profundizar la perspectiva escatológica de la vida, a
la vez que prepara a la Iglesia para conmemorar la venida histórica del
Redentor, celebrada en cada Navidad. El primer aspecto señalado, con su
carácter de fuerte llamada a vivir vigilantes y a prepararse siempre, se
destaca más claramente en los primeros días del tiempo de Adviento, mientras
que la consideración de los acontecimientos históricos que rodearon el
nacimiento de Jesús quedan reservados para los últimos días de Adviento. El
trasfondo de este tiempo es el de la esperanza y la alegría cristianas.
A nuestros niños con más facilidad les podemos hacer
comprender lo que hace a la primera venida de Jesús, pero no por eso no
intentaremos hacerles vislumbrar su segunda y definitiva venida en la que Él
dará a cada quien, de acuerdo a lo que haya producido con los dones recibidos.
Antes de profundizar en los textos bíblicos les enuncio el
esquema del tiempo de Adviento: 1° Domingo: Vigilancia para mantener viva la
esperanza en la venida del Señor. 2° Domingo: Juan Bautista nos invita a la
Conversión para recibir al Señor que viene. 3° Domingo: Juan Bautista da
Testimoniode la Luz que viene a iluminarnos. 4° Domingo: Anuncio del nacimiento
de Jesús a María.
En el Texto de Isaías 63,16b-17.19b; 64,2-7, el Pueblo de
Dios, que está en el exilio hace memoria del pasado, valorándolo y apoyándose
en él, para sacar alegría y seguridad de las experiencias buenas, y enseñanzas
de las experiencias dolorosas, para no recaer en los mismos errores y pecados.
Debido a que el pueblo ha pecado, Dios les ha ocultado su
rostro. En esta situación de miseria espiritual, el pueblo reconoce su pecado
de rebeldía y expresa su docilidad a Dios, como la arcilla en las manos del
alfarero. A la memoria del pasado se suma el dolor del presente que no pueden
ignorar, pero que debe ser comprendido a partir del pasado, para poder dar a
luz algo nuevo y significativo para el futuro de los exiliados.
En la segunda lectura (1Cor 1,3-9) san Pablo eleva una
acción de gracias por el don de la fe que los Corintios acogieron; con el cual
ellos y todos los que crean podrán afrontar con alegre esperanza todo tipo de
dificultades mientras caminan en pos del Señor Resucitado que nos viene al
encuentro.
Para reforzar esta esperanza Pablo nos recuerda la fidelidad
de Dios que nos ha llamado a la comunión con Jesús; a la vez que nos advierte
que no nos apeguemos tanto al presente, aunque abunde la gracia, a fin de vivir
en tensión hacia el futuro, donde se dará la comunión plena con Cristo.
El texto del Evangelio (Mc 13,33-37) nos hace una severa
advertencia sobre la patológica curiosidad humana de meternos en los designios
de Dios acerca del tiempo y el lugar del fin del mundo, y nos recomienda una
actitud práctica: estar prevenidos, atentos, vigilantes.
En el Nuevo Testamento es frecuente la exhortación a la
vigilancia, en especial ante la expectativa del fin o de acontecimientos
inesperados (cf. Mt 24,42-44; 25,13; 26,38-41; 1Tes 5,6). Lo contrario es estar
dormidos o distraídos.
Desde esta perspectiva es bueno que no sepamos ni el día ni
la hora del momento final. En efecto, no se indica la hora porque todas las
horas son buenas para abrirse al Evangelio, de modo que involucre la existencia
toda. Jesús desea vitalizarnos para que no estemos obsesionados con el deseo de
conocer el final, sino que nos preocupemos por vivir y discernir tiempos y
momentos en la escucha y la obediencia. Y esto en la espera de la última cita
que nos introducirá definitivamente en el Reino, ciertamente es una espera
continua e intensa, pero no ansiosa ni temerosa, sino que rebosa confianza.
Querida Madre de la Esperanza, ayúdanos para que la
pedagogía del Adviento nos lleve a decir como el santo Cura de Ars: "mi
único deseo es amar a Dios, hasta el último suspiro de mi vida". ¡Así sea!