El paleontólogo Damián Pérez asegura que sí, y cuenta sus
estrategias para divulgar desde y para la cultura popular.
No necesitan presentación. Su sola presencia en un libro, un
titular o una película logra obnubilar. Es que los dinosaurios, sus grandes
fauces, su tamaño imponente y la idea de que alguna vez estuvieron aquí hasta
que un gran meteorito arrasó con ellos, es más que suficiente para captar la
atención de cualquiera.
En cambio, los otros grandes de la prehistoria–y la inmensa
mayoría de los seres vivos- no suelen tener la prensa a sus pies. Es así que
despertar el interés por los animales y las plantas fosilizadas requiere, sobre
todo, de creatividad: recursos que permitan conectar con los saberes, las
historias y los consumos culturales que habitan el imaginario colectivo.
Damián Pérez es paleontólogo y divulgador en el Museo de
Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia”. Se especializa en invertebrados y
trabaja en el área de la Sistemática, es decir, en la descripción y
categorización de especies, particularmente, de almejas o "bivalvos” del grupo
de los "cardítidos”, que aparecieron a principios del Cenozoico, hace 65
millones de años.
Fue en la tarea de nombrar que encontró la mejor manera de
contar la historia y particularidades de estos pequeños animales marinos:
"Aproveché la libertad para buscar nombres relacionados con la cultura pop,
como los comics y las series, que no solo ayuden a describir la especie, sino
que se puedan utilizar como herramienta divulgativa”.
Luego de revisar colecciones de más de cien años y de
colectar nuevos ejemplares en trabajo de campo, Pérez comenzó a rearmar el
rompecabezas de estos invertebrados. Así, encontró dos especies y un género sin
caracterizar.
A una de ellas la nombró Rotundicardia mariobrosorum, en
alusión a la saga de videojuegos más populares de la historia, Súper Mario. La
elección, aunque curiosa, no fue arbitraria: este tipo de invertebrado cuenta
con nódulos en sus valvas que resultan similares a los hongos que Mario y Luigi
recolectaban en el juego.
Otra especie, Cyclocardia dalek, hace referencia a los
Daleks, extraterrestres villanos de la serie inglesa Doctor Who, que portaban
unas hileras de esferas en sus armaduras, similares a la ornamentación que
posee en su cobertura este tipo de almeja.
Por último, denominó al género de cardítidos más grande del
cenozoico como Kalelia, esta vez, en relación con Kal-El, el nombre kryptoniano
de Superman, acaso el superhéroe más importante del mundo de los cómics.
Sin embargo, la cuestión de los nombres es tan solo un
disparador. Dar a conocer la historia de los invertebrados, su distribución por
distintas geografías, sus cambios de tamaño y otras características implica un
aporte no solo a la Paleontología, sino a otras disciplinas como la Geología,
la Ecología y la Biología Evolutiva. En este sentido, la intención de la
divulgación es también poner en valor los aportes de esta ciencia al interior
de la misma comunidad científica.
La ciencia detrás del
mito
Este afán de utilizar personajes icónicos de la cultura
popular no solo es efectivo en el caso de los invertebrados. "Una de las
estrategias que implementé –explica Pérez- es la idea de los monstruos para
generar un impacto. Retomando la definición, se trata de criaturas que generan
alguna especie de temor. Muchas veces los monstruos de películas y de leyendas
antiguas parten de elementos que tienen una raíz paleontológica”.
Acudiendo a mitos populares, Pérez cuenta cómo ha variado en
el tiempo la interpretación de los fósiles de grandes animales prehistóricos.
"Las historias del Yeti u ‘hombre de las nieves’ en el Himalaya podrían hacer
referencia a restos fósiles de algunos simios u orangutanes que vivieron hace
100.000 años y que tenían casi tres metros de altura”, comenta.
Otro ejemplo es el de las leyendas de dragones. Según Pérez,
China es uno de los lugares donde se ha encontrado la mayor cantidad de restos
fósiles de dinosaurios emplumados, y de allí proviene un gran acervo de
historias aún vigentes en los imaginarios y en productos culturales para todas
las edades.
"La paleontología –concluye Pérez- es una ciencia formadora
de vocación. No solo por los dinosaurios: tiene esa cuestión un poco romántica,
un poco de ese juego del detective, que ayuda a despertar el interés en grandes
y chicos, que pueden tener interés y no solo dedicarse al mundo de la
paleontología, sino en el de las ciencias y en otras posibilidades.”
Fuente: Agencia CTyS