La iglesia sigue abandonada

Andalgalá © En la jornada del domingo y de manera informal, estuvimos dialogando con el cura párroco de Andalgalá, que se lamentaba por el abandono en que sigue la iglesia.
lunes, 12 de junio de 2017 10:49
lunes, 12 de junio de 2017 10:49

Es un enorme, bello y antiguo templo de su parroquia que se había deteriorado  sorpresivamente en febrero de 2011 con serios riesgos de derrumbe, por lo que tuvo que ser clausurado y vallado.

Lo que vino después se transformó en una historia larga, lamentable y vergonzosa por la cantidad de promesas incumplidas tanto de la parte gubernamental como de la curia, que literalmente dejaron solo y librado a su suerte al párroco Moisés Pachado, obligado a ejercer su ministerio en un tugurio llamado Salón Parroquial, o a la intemperie.

Nos comentaba el sacerdote, que se cansó de golpear puertas gestionando soluciones y que sólo encontró promesas y mentiras, algunas, piadosas, otras perversas y las demás, demagógicas, lo que inevitablemente le produjeron una enorme depresión ante la indiferencia de los antes, los gobiernos, las empresas, y la propia Curia.

De últimas, desde el Obispado le había informado hace más de dos meses, que  llegarían técnicos del Ministerio de Obras Públicas y de mismo Obispado, a realizar un relevamiento para determinar lo que falta para que la obra se concluya, y tras muchas semanas de espera.

"Es como si hubieran aprovechado que yo no estaba para venir, entrar, mirar  e irse, lo que me dio un poco de bronca porque yo no sabía nada, siendo el responsable directo de todo lo que pase en la Parroquia, así que estamos como antes. No se sabe nada”, dijo el cura, visiblemente enojado por la informalidad de quienes hayan sido que  vinieron y se fueron sin saludar.

La comunidad está preocupada por tanta indiferencia, y la iglesia cerrada y llena de deposiciones de palomas, es una clara muestra de una sociedad decadente en la que los fieles católicos no tienen un lugar digno para las celebraciones litúrgicas, decadencia iniciada, la verdad sea dicha, a fines de los ’90 con Marcelino Ocampo y luego Dardo Olivera, y con todos los que llegaron después. 

Así estamos, y así se describe.

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Indiferencia

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