Sin embargo, detrás de este enunciado se esconde un
verdadero drama. Dos casos acaban de sacudir a la provincia de Mendoza y
pusieron en relieve una situación muchas veces acallada. Dos niñas, una de diez
y otra de once años llegaron a distintos centros de salud con avanzados
embarazos.
Según la poca información que las autoridades a cargo de las
investigaciones han dado a conocer, ambas niñas resultaron embarazadas como
fruto de sendas violaciones supuestamente por parte de familiares cercanos.
En los dos casos, también la gestación no fue percibida por
su entorno sino cuando ya estaban a punto de dar a luz. Esto, además, hizo
imposible que se les pudiera aplicar el aborto no punible que se permite en
estos casos por ley.
Pero detrás de los episodios que sacuden a la provincia
cuyana se esconde una triste realidad. Las dos niñas mendocinas sólo vienen a
engrosar una estadística que preocupa. Según datos de UNICEF, cada tres horas
nace en nuestro país un bebé de una niña de entre 10 y 14 años. Esto significa
que el 3,6 por mil de las mujeres que dan a luz son menores. De hecho, según el
último censo nacional, el 1,7% de las chicas de 14 años es madre.
Según explican desde UNICEF, los embarazos infantiles no
tienen una solo causa, sino que "están asociados a un ‘entretejido’ de
factores: pobreza, uniones tempranas, exclusión/abandono de la escuela,
violencia sexual, falta de educación sexual integral a edades tempranas y
ausencia de servicios de salud accesibles y amigables”.
Así, por ejemplo, la tasa de niñas que dan a luz se dispara
en las provincias más pobres como las del Norte Grande (NEA-NOA). Chaco es el
mayor exponente (5,17), y se reduce drásticamente en Capital Federal (0,39).
Sin embargo, detrás del análisis subyace un problema mayor:
el fantasma del abuso sexual. En los dos casos que se conocieron en Mendoza,
las niñas fueron víctimas de abuso por parte de personas cercanas, un tío, en
un caso, y el padrastro en el otro. Según consignó la representante de UNICEF
en Argentina, Florence Bauer, "el abuso sexual en la infancia ocurre mayormente
dentro de las familias, y se oculta o se naturaliza”.
De hecho, según aseguran desde el programa de Naciones
Unidas, "una parte de los casos de embarazos precoces son producto de una
violación” y aunque la cantidad no se sabe con exactitud y no existen registros
que puedan brindar una aproximación, desde UNICEF insisten en señalar que todos
los embarazos en menores de 15 años se inscriben en historias de vida
atravesadas por la violencia, ya sea sexual o de género y física o verbal.
Más aún, desde la institución aseguran que en determinados
contextos, las adolescentes y sus familias no cuentan con herramientas para
identificar y comunicar a los organismos del Estado las situaciones de abuso
sexual. Según una estadística reciente difundida en el marco de la campaña "Rompé
el silencio”, una de cada cinco chicas y uno de cada trece chicos sufrieron
abusos sexuales.