Fue en el marco de la tercera peregrinación de la parroquia
de Nuestra Señora del Rosario, con sede en La Merced, departamento Paclín.
Junto al párroco, Pbro. Rogelio Suárez, arribaron en horas
de la mañana a la Plaza del Maestro miembros de todas las localidades
paclinenses con banderas, carteles, estandartes y coloridos distintivos. Allí
los esperaba la imagen peregrina de la Virgen del Valle para continuar junto a
Ella la marcha a pie hasta el Santuario Mariano.
Niños, jóvenes y adultos de todas las edades fueron la
expresión de la piedad popular catamarqueña, llenando el aire de la ciudad con
la oración y la alabanza hecha canción.
Agentes de la Guadia Urbana municipal reorganizaron el
tránsito y acompañaron el trayecto que comprendió la peregrinación desde Av.
Virgen del Valle hasta el Paseo General Navarro y luego por calle San Martín
hasta la plaza principal.
Al llegar al Paseo de la Fe, repicaron las campanas de la
Catedral, donde fueron recibidos por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc,
quien saludó afectuosamente a los peregrinos y agradeció su amor y devoción a
la Virgen María. Allí mismo se elevaron las súplicas y agradecimiento a la
Morena Virgen del Valle por parte de representantes de las comunidades de la
parroquia con canciones, poemas y palabras salidas del corazón.
Luego se entonaron las estrofas del Himno a Catamarca, en el
aniversario de la de Autonomía provincial.
A continuación, ingresaron al templo para celebrar la Santa
Misa, que fue presidida por el Obispo y concelebrada por el Padre Rogelio
Suárez.
En su homilía, Mons. Urbanc expresó con alegría:
"¡Bienvenidos a todos los peregrinos de la parroquia de Nuestra Señora del
Rosario, han llenado la Catedral, cómo debe estar de contenta la Virgen!”.
Luego felicitó a los presentes por peregrinar como familia por tercera vez consecutiva,
y compartió el gran gozo que esta devoción mariana le provoca en su corazón de
pastor. Los animó a continuar con esta propuesta cada año y ser ejemplo para
las parroquias hermanas, como así también para las generaciones futuras.
En el momento de las ofrendas, se acercaron al altar, junto
al pan y al vino, alimentos no perecederos para los hermanos más necesitados.
Luego de la bendición final, los peregrinos se dirigieron a
la Gruta de Choya, donde culminaron la jornada compartiendo un almuerzo fraterno.