Dicen que la fe no conoce límites ni fronteras. Y es justamente lo que retrata esta familia, quien hace más de 45 años peregrina desde Santiago hasta Catamarca para venerar a la Virgen del Valle.
Se trata del grupo San Cristóbal. Esta increíble muestra de fe comenzó con la caminata de don Juan Carrizo y que, tras su muerte, la familia se encarga de no cortar.
Según contó Hilda, una de sus hijas a este Multimedio, el grupo va conducido por los hijos, los nietos y los bisnietos. Aproximadamente son 30 personas que “con la gracia de Dios”, emprenden, como cada año, el viaje a Catamarca.
“Vialidad de la Provincia nos consiguió un camión que nos provee los días de peregrinación”, explicó la mujer y agregó que “la salida es el día 30 de noviembre, a las 20, desde calle Islas Malvinas 1.293, del barrio Rivadavia”. “Hace 45 años que salimos desde el mismo lugar, ya que ese es el domicilio de mi papá. Él hace 14 años que falleció, pero nosotros seguimos la tradición”, señaló emocionada.
“En cada peregrinación —subrayó Hilda— siempre vamos pidiendo por los niños desamparados, por los que no tienen techo digno, por las familias, por aquel que busca un trabajo, por las viudas, por el Gobierno, por nuestro amigo don José María Cantos, quien siempre está con nosotros. Que Dios le siga dando la bendición eterna porque se merece”.
El milagro de la Virgen del Valle que cambió la vida de Juan
Juan Carrizo, el patriarca que inició las peregrinaciones familiares, no fue desde siempre el fiel seguidor de la Virgen del Valle que todos recuerdan al nombrarlo.
El milagro, según relata su familia, sucedió cuando ya transitaba sus 43 años de vida. A esa edad, una luz con la imagen de la Virgen María se le apareció y le dijo: “Ven, seguime y servime”.
Desde entonces, Juan Carrizo cambió para siempre, entregó su vida entera a venerar la advocación de la Virgen del Valle.
“Mi papá se bautizó a los 44 años, a los 45 hizo su Primera Comunión y a los 46 se casó en Perchil Bajo (departamento San Martín), debajo de una cruz de madera y desde allí fue que comenzó a ser peregrino”, cuenta emocionada su hija Hilda, quien se acercó hasta el Multimedio para contarnos esta emotiva historia de este peregrino de la Santa Madre de la Iglesia Católica.
Asimismo, Hilda destacó que la última peregrinación de Juan fue en “silla de ruedas, ciego, con dos piernas amputadas, insuficiencias cardíaca y respiratoria”, pero que su deseo era servir a la Virgen hasta el último día de su vida, y así fue. Nuevo Diario Web