El dueño de la empresa, el tal Argañaraz, es solamente un fantasma virtual que teledirige las acciones desde Tucumán, según lo aseguran los tantos empleados que fueron despedidos de la firma.
Lo que se puede agregar en este tema es que aunque a Argañaraz la gente no lo conoce, los empleados sí, y más, los ex empleados a los que ha despedido.
También algunos concejales, con los que ha viajado a otra operación de cable en la provincia de Tucumán de propiedad de Argañaraz,
En Andalgalá, se ha reunido con el concejal Cativa para acordar la instalación de un equipamiento de primer nivel para la señal de Canal 8 del TV cable, que difunde exclusivamente el accionar municipal, sin abordar otras temáticas más generales y de interés de la población.
Todo ello a cambio de no exigírsele a Argañaraz el pago del uso del espacio aéreo por una suma que debe ser ya millonaria por el tiempo transcurrido sin que la abone.
Lo malo en esta cuestión es que se acabó la competencia, y ya sabemos que los monopolios siempre perjudican a la gente.
De todos modos, a la gente no le interesan esos intríngulis jurídicos, y lo único que quiere y exige es un buen servicio de TV por cable por el que paga una abultada suma.