Durante esta celebración eucarística se realizó la acción de gracias por los 25 años de ordenación sacerdotal de los Pbros. Reinaldo Oviedo, párroco de Nuestra Señora de Belén y Capellán de Gendarmería; y Juan Ramón Cabrera, párroco de San Isidro Labrador.
La ceremonia fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por numerosos sacerdotes del clero diocesano.
En su homilía, Mons. Urbanc se refirió al “amor de Dios, quien envía su salvación a todos los pueblos, y nosotros somos beneficiarios de ese amor salvífico de Dios. Y si hoy nos alegramos por los 25 años del ministerio sacerdotal de los Padres Reinaldo y Juan Ramón, es porque ellos han abrazado la vida sacerdotal, para ser los difusores, los mensajeros de este amor de Dios, que en Cristo Jesús viene a salvarnos”.
“Y si hablamos que es para todos los pueblos, aparece la dimensión misionera, cómo nosotros, los sacerdotes, vivimos esta dimensión misionera dentro de la Diócesis, yendo a una parroquia y a otra. Uno está siempre en estado de misión y con esa disposición de ser siempre un sacerdote en salida. Siempre con ese corazón grande dispuesto al llamado de Dios. Cuántas veces le habrá tocado al Padre Juan Ramón y al Padre Reinaldo tener que atender a los enfermos. A Jesús, en el pasaje de hoy, se le acerca un centurión, un pagano que no tiene nuestra fe, y también nos pasa a los sacerdotes, que se nos acercan las personas y nos piden que le demos alivio a un enfermo, a alguien que sufre”, expresó.
El Pastor Diocesano invitó a que “recemos, queridos hermanos, por nuestros sacerdotes, por su salud física y espiritual, recemos para que nunca pierdan la alegría de la misión, la alegría de ser testigos de Jesús y de María, que eso es una nota característica de nuestro presbiterio de Catamarca, el amor y la consagración a María. Los sacerdotes, cuando se ordenan, lo hacen acá, en el Santuario, a los pies de María, y se consagran ese mismo día a la Virgen. Esto es parte del estilo de esta piedad propia de nuestro Presbiterio en Catamarca”.
Gratitud y presencia de la Madre en la vida sacerdotal
Antes de finalizar la celebración eucarística, el Padre Oviedo, en nombre suyo y del Padre Cabrera, agradeció a las comunidades parroquiales donde se desempeñaron y desempeñan actualmente su misión evangelizadora, como así también a sus respectivas familias y al clero, por el acompañamiento en su servicio sacerdotal.
Personalmente, destacó la importancia de la Virgen del Valle en su vida de consagrado, y dijo que siempre estuvo ligado a Ella, trayendo a la memoria aquel día cuando siendo niño llegó por primera vez a saludarla en su bello santuario.
Luego de la bendición final, los sacerdotes recibieron el afecto de los presentes.