“Que el deporte sea un verdadero instrumento para compartir, educar e incluir”

El miércoles 4 de diciembre, durante el sexto día del novenario en honor a la Inmaculada Concepción en su advocación del Valle, rindieron su homenaje el Ámbito del Deporte estatal provincial y municipal.
jueves, 5 de diciembre de 2019 14:05
jueves, 5 de diciembre de 2019 14:05

Participaron Clubes, Círculos, Federaciones, Asociaciones Automovilísticas, Club Autos de Época; Cámara de Comercio, Sindicato de Comercio y Centro de Empleados de Comercio.

La Santa Misa fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el Rector del  Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz, entre otros sacerdotes del clero catamarqueño y peregrinos, quienes llegaron a honrar a la Madre Morena.

Participaron autoridades del Deporte y el Comercio, entre ellas el Director General de Deporte de la Municipalidad de la Capital, Prof. Mariano Brunello, quien proclamó la primera lectura, y el Secretario General del Centro de Empleados de Comercio local, Sr. Roberto González, respectivamente.

En correspondencia con el tema propuesto para la jornada, durante su homilía, Mons. Urbanc afirmó que “el gran banquete que Dios ofrece a la humanidad es la Eucaristía, memorial de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, con las que Dios aniquiló la muerte para siempre, secó las lágrimas de todos los rostros y apartó el oprobio de su pueblo. En ella nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo y bebemos de su Sangre, realidades con las que entramos en profunda comunión de vida con el mismísimo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

“Este Banquete Eucarístico no tiene parangón, supera con creces todo lo que la mente humana pueda imaginar. De allí que hemos de pedir la Gracia de participar habitualmente en este Banquete de manjar suculento y bebida de solera, en el que siempre está presente la Virgen María, porque Ella jamás se apartará de junto a la Cruz de su Hijo”, manifestó.

A tono con este tiempo de preparación para celebrar el nacimiento del Niño Jesús, dijo que “cuando la gente veía la multitud de sufrientes sanados y liberados por Jesús, se admiraba y daba gloria a Dios. Eran el signo que el pueblo de Israel esperaba ver cuando el Mesías enviado llegara: así lo habían anunciado los profetas, como Isaías que describe la presencia del Reino de Dios como un gran banquete lleno de alegría y vida preparado para todos, en especial para los pobres y oprimidos. Y Jesús ofrece a la gente que lo sigue un banquete de panes y peces multiplicados y compartidos. El signo es claro: ya ha llegado el Mesías, el enviado de Dios para salvarnos”.

“En la espera de su venida, la de cada día y la del futuro definitivo, ahora es la Iglesia quien continúa la misión de Jesús. Y, en efecto, en muchos lugares y de diversas formas nos la encontramos rodeada de migrantes, pueblos empobrecidos, indígenas excluidos, víctimas de la violencia o de la guerra, oprimidos y explotados, enfermos, etc. Se nos ensancha el corazón viendo al Papa, o a tantos voluntarios, laicos, sacerdotes y religiosos, compartiendo la palabra, la presencia, el compromiso y la comida con los que más sufren en este mundo, al ver la alegría y la esperanza en sus rostros”, señaló.

Asimismo, enfatizó que “los discípulos de Jesús de hoy necesitamos más que nunca acompañar al Maestro allí donde Él quiere estar, con los que Él quiere estar. Y mirar con sus ojos de amor y misericordia a los más perdidos y a los que más sufren. Y sentir, hablar y actuar como Él: haciendo presente el Reino nuevo del amor, la equidad, la justicia y la paz para todos”.

Dirigiéndose a la Madre del Valle, pidió: “Ayúdanos a acompañar a Jesús a los lugares a donde Él quiere ir, a perseverar sirviendo en los que Él quiere estar y a realizar lo que Él querría hacer. Que sepamos valernos del deporte como un medio para cuidar la salud de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu, a fin de poder servir mejor a nuestros hermanos, y no que se vuelva como un mero culto narcisista del cuerpo o un medio más para ganar dinero, prestigio o poder. Que el deporte sea un verdadero instrumento para compartir, para educar y para incluir siempre a todos, en especial a los que más lo necesitan”.

“Que todos los que se dedican al comercio o a los negocios lo hagan con honestidad, responsabilidad y generosidad. Que sus corazones no se dejen atrapar por el afán de ganar y ganar a cualquier precio, sino que sean agradecidos con las bendiciones que Dios les brinda y que sepan compartir los dones recibidos con los más necesitados, encontrando en ello la hermosa oportunidad para crecer en la caridad que llena el corazón de paz y gozo”.

En el momento de las ofrendas, los alumbrantes acercaron al altar elementos para la asistencia de los hermanos peregrinos, sobre todo agua mineral, entre otros. Junto con ellos llevaron los dones del pan y del vino.

Antes de la bendición final, se rezó la Oración del Año y IV Congreso Mariano Nacional, guiada por el Señor Obispo, acompañado por los sacerdotes concelebrantes, ante la Imagen de la Virgen Morenita.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos devotos y peregrinos:

En este sexto día de la novena en honor a la Virgen del Valle se nos propuso reflexionar sobre la Eucaristía, el banquete al que todos estamos invitados a compartir. Y honran a la Madre de Dios hermanos del ámbito del Deporte y de diversas asociaciones deportivas. También participan hermanos del vasto mundo del comercio. Bienvenidos a esta celebración jubilar.

La Palabra de Dios que acabamos de escuchar nos presenta a un Dios providente que se ocupa de la gente de todos los pueblos para ofrecerles riquísimos y abundantísimos alimentos como jamás el hombre pudiera imaginar. Sin embargo cabe hacer una aclaración para no caer en ingenuidades. En primer lugar, es necesario percatarse del lenguaje simbólico del pasaje de Isaías, puesto que se refiere al nuevo orden de cosas que instaurará Jesucristo con su muerte y resurrección, pero que deberá ser asumido como una tarea hecha con amor. El mundo nuevo no es producto de magia, sino de amoroso y perseverante trabajo con espíritu de servicio.

En segundo lugar, el gran banquete que Dios ofrece a la humanidad es la Eucaristía, memorial de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, con las que Dios aniquiló la muerte para siempre, secó las lágrimas de todos los rostros y apartó el oprobio de su pueblo (cf. Is 25,8). En ella nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo y bebemos de su Sangre, realidades con las que entramos en profunda comunión de vida con el mismísimo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este Banquete Eucarístico no tiene parangón, supera con creces todo lo que la mente humana pueda imaginar. De allí que hemos de pedir la Gracia de participar habitualmente en este Banquete de manjar suculento y bebida de solera, en el que siempre está presente la Virgen María, porque Ella jamás se apartará de junto a la Cruz de su Hijo (cf. Is 25,6).

Quién, más que Ella, repite sin cesar: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Él me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me infunden confianza. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término” (Sal 22,1-4.6).

Cuando la gente veía la multitud de sufrientes sanados y liberados por Jesús, se admiraba y daba gloria a Dios (cf. Mt 15,31). Eran el signo que el pueblo de Israel esperaba ver cuando el Mesías enviado llegara: así lo habían anunciado los profetas, como Isaías que describe la presencia del Reino de Dios como un gran banquete lleno de alegría y vida preparado para todos, en especial para los pobres y oprimidos. Y Jesús ofrece a la gente que lo sigue un banquete de panes y peces multiplicados y compartidos (cf. Mt 15,32-38). El signo es claro: ya ha llegado el Mesías, el enviado de Dios para salvarnos.

En la espera de su venida, la de cada día y la del futuro definitivo, ahora es la Iglesia quien continúa la misión de Jesús. Y, en efecto, en muchos lugares y de diversas formas nos la encontramos rodeada de migrantes, pueblos empobrecidos, indígenas excluidos, víctimas de la violencia o de la guerra, oprimidos y explotados, enfermos, etc. Se nos ensancha el corazón viendo al Papa, o a tantos voluntarios, laicos, sacerdotes y religiosos, compartiendo la palabra, la presencia, el compromiso y la comida con los que más sufren en este mundo, al ver la alegría y la esperanza en sus rostros.

Por desgracia, no siempre estamos con quienes deberíamos estar. A veces son otros los intereses que mueven nuestros corazones, y acabamos temiendo y rechazando al pobre, al inmigrante, al que es distinto. Amenazan nuestros intereses y, sobre todo, la comodidad, la mundanidad y el egoísmo.

Los discípulos de Jesús de hoy necesitamos más que nunca acompañar al Maestro allí donde Él quiere estar, con los que Él quiere estar. Y mirar con sus ojos de amor y misericordia a los más perdidos y a los que más sufren. Y sentir, hablar y actuar como Él: haciendo presente el Reino nuevo del amor, la equidad, la justicia y la paz para todos.

Querida Madre del Valle ayúdanos a acompañar a Jesús a los lugares a donde Él quiere ir, a perseverar sirviendo en los que Él quiere estar y a realizar lo que Él querría hacer.

Que sepamos valernos del deporte como un medio para cuidar la salud de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu, a fin de poder servir mejor a nuestros hermanos, y no que se vuelva como un mero culto narcisista del cuerpo o un medio más para ganar dinero, prestigio o poder. Que el deporte sea un verdadero instrumento para compartir, para educar y para incluir siempre a todos, en especial a los que más lo necesitan.

Que todos los que se dedican al comercio o a los negocios lo hagan con honestidad, responsabilidad y generosidad. Que sus corazones no se dejen atrapar por el afán de ganar y ganar a cualquier precio, sino que sean agradecidos con las bendiciones que Dios les brinda y que sepan compartir los dones recibidos con los más necesitados, encontrando en ello la hermosa oportunidad para crecer en la caridad que llena el corazón de paz y gozo. Amén

¡Nuestra Madre bendita del Valle, ruega por nosotros.

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