Lo trato desde mi condición de orgulloso nieto de vascos (Uriarte/Acha) y catalanes (Castells/Mercé), que nunca se sintió súbdito de España y menos del rey, además convencido argentino que jamás consideró a aquel país invasor como nuestra “madre patria”.
Este nuevo y pomposo evento, a realizarse desde el 27 al 30 de este mes, tendrá como sede a la ciudad de Córdoba, retornando de esta forma a la Argentina después de la 3ra. Edición del 2004, en Rosario, Santa Fe, del cual su más célebre y apreciado recuerdo sigue siendo la exaltación de la palabra “boludo”, instalada y defendida fuera de todo protocolo e inútil academicismo por el siempre querido y recordado dibujante y humorista rosarino Roberto “el Negro” Fontanarrosa.
La intervención de Fontanarrosa en aquel evento fue “para plantear la pregunta acerca de por qué son ‘malas’ algunas palabras?...”, y tanta repercusión tuvo, que nueve años después, “boludo” fue elegida por el escritor Juan Gelman como el término más autóctono de la Argentina, para conformar el Atlas Sonoro del continente, que se elaboró en el marco del ya 6to. Congreso Internacional de la Lengua Española, en Panamá.
"Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen", argumentó el reconocido Gelman, autor de Cólera Buey y ganador de los premios Cervantes y Juan Rulfo.
Por Colombia se escogió "vaina, por México "pinche", por Panamá “sinvergüenza”, por Ecuador “yapa” y por Honduras “pija”, como adjetivo, verbo y sustantivo que define al órgano sexual, pero que “con su usanza cotidiana se ha convertido en una palabra ‘pijuda’, es decir muy buena, porque con ella expresamos desde entusiasmo a la indiferencia, pasando por el enojo y estados alterados de conciencia”, señaló la catedrática María Eugenia Ramos,
En términos más o menos parecidos, este 8vo. encuentro de los hispanos parlantes podría abordar la significación del “culiao”, que lejos de ser un agravio, con la extensión y popularización de su uso ha adquirido un tono amable y divertido, para identificar las pillerías, sobre todo en Córdoba, sede de este evento.
De todas maneras no tengo demasiadas expectativas, porque esta Córdoba no es la misma de los “Negrazón y Chaveta” del célebre “Gringo” Alberto Cognini y su revista Hortensia, ni la Argentina tampoco se parece a la que administraba el gobierno nacional y popular en 2004. Todo lo contrario, hoy este país sudamericano es conducido por el genuflexo presidente Macri, quien el 9 de julio de 2016, nada menos que en el “Bicentenario” de la Independencia Nacional, dirigiéndose a Juan Carlos I (el padre del Felipe VI, que llegó ahora) se disculpó por "la angustia que deberían tener (nuestros patriotas) de tomar la decisión, mi querido Rey, de separarse de España". Un auténtico bochorno.
Sin embargo, y como el evento sesionará bajo el lema “América y el futuro del español”, esta sería una buena oportunidad para una generalizada disculpa a los pueblos originarios de todo el continente, que en 1770, por cédula del rey Carlos III, fueron sometidos a que “se extingan los diferentes idiomas que se usan en los dominios, y solo se hable castellano”, con la precisa orden a los funcionarios de la “corona” y la Iglesia para que “en los reinos de las Indias, islas adyacentes, y de Philipinas…, se destierren los diferentes idiomas que se usan en aquello dominios”, como bien evoca el escritor y periodistas Mariano Saravia en su Agenda Sur de este año.
En Catamarca, como en gran parte de la América nativa, algunos descendientes de los kollas, aimaras, quechuas, diaguitas, calchaquíes, huarpes, mapuches, chorotos, matacos, tobas, wichis, mocovíes, chiriguanos, guaraníes, timbués, querandíes, tehuelches, rankules, araucanos, yamanes, onas, pilagás, incas, aztecas, mayas y charrúas, que aún conservan sus dialectos, se sentirían ciertamente reconfortados de un reconocimiento por parte de la lengua que los privó de la más elemental condición del ser humano: su libertad.
Como anhelo final, es el esperar que los mentores de este Congreso de la Lengua Española sepan honrar la memoria de Atahualpa Yupanqui, a quien se menciona entre los homenajeados, y no sea utilizado como una pantalla de utilería con la pretensión de nuevas formas de sometimiento y colonización. No pueden ser tan culiaos….
Víctor “Paco” Uriarte