El asma es una enfermedad crónica que afecta las vías respiratorias, que son tubos que llevan el aire hacia dentro y fuera de los pulmones. En la persona que padece asma, las paredes internas de sus vías respiratorias se inflaman y se estrechan; produciendo que puedan ser muy sensibles y pueden reaccionar fuertemente a aquellas cosas a las que el paciente es alérgico o encuentra irritantes. Cuando las vías respiratorias reaccionan, se estrechan y los pulmones reciben menos aire.
Los síntomas de esta enfermedad pueden variar de una persona a otra; el paciente puede presentar síntomas como opresión o dolor de pecho, dificultad para respirar, tos, o sibilancias (silbidos).
Los factores que pueden desencadenar una crisis son el humo del tabaco, el moho, pelo de animales, polen, ambientes cerrados, e incluso algunos medicamentos. También son factores los cambios de clima, químicos en el aire o en los alimentos.
Es importante mencionar que al diagnóstico lo debe realizar un profesional médico a través de un estudio denominado Espirometría, que sirve para el diagnóstico, tratamiento, seguimiento y control de enfermedades respiratorias que alteran la ventilación pulmonar, es decir, la capacidad de introducir y sacar aire del pulmón.
Cualquier persona que presente dificultades respiratorias debe acercarse al Centro de Salud y un médico clínico o de familia evaluará si es necesario realizar este estudio. Una vez confirmado el diagnóstico el paciente podrá llevar a cabo un tratamiento; si bien el asma no tiene cura, sus síntomas pueden controlarse.
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