“Desde nuestra Casa de la Memoria” se invitó a “nos reunirnos, a partir de las 19 hs., para cerrar oficialmente las actividades de nuestra asociación por éste año 2020”, se indicó en un comunicado de esta organización catamarqueña por la defensa de los derechos humanos, que encabeza Noemí Toledo.
“Un año atípico –explicaron- que nos dejó muchas experiencias, buenas y de las otras también…”, en el que “se hizo lo que se pudo, tratando de acomodarnos a esta pandemia”, para convocar a “quienes quieran compartir este día tan importante y especial, los esperamos”.
La invitación señala que es “indispensable concurrir con barbijo, seguir el protocolo sanitario, llevar algo para compartir y, sobre todo, traer muy buenas ondas positivas para cargar baterías con miras al 2021”, remarcando que “los sueños y proyectos continúan intactos, a pesar de todo; el esfuerzo de éste año fue enorme, pero lo logramos: la Casa de la Memoria sigue de pie”.
“Este miércoles, el patio de la ‘Casa de la Memoria’ cobra vida a pesar de la tristeza de los que nos faltan”, concluye insistiendo con la invitación: “Los esperamos…”.
La historia de lo que se recuerda
Julio Genaro Burgos Ponce fue detenido/desaparecido el 15/12/76, junto a su tía Griselda Ponce. Su tío Francisco había sido detenido/desaparecido en abril de ese año.
Griselda y Julio fueron secuestrados del domicilio familiar en la ciudad de Catamarca, a las 3 de la madrugada, del 15 de diciembre de 1976.
A las 8 de la mañana de ese día, el coronel Rodolfo Mujica se presentó en la casa, junto a un oficial de la Policía de Catamarcal, para labrar un acta en la que se hacía constar el secuestro de ambos jóvenes.
Cuando se retiraron, la segunda hoja del "acta decreto" cayó accidentalmente debajo de un mueble de la casa de los Ponce, sin que los uniformados lo advirtieran. Con los años, ese papel se convirtió en la principal prueba material contra Mujica, que admitió que la firma inserta en el pie del papel le pertenecía.
El sobreviviente Pedro Cerviño vio a Griselda en el Brigada de Investigaciones de la Policía de Tucumán, ubicada entonces en la esquina de Santa Fe y Junín de la capital de la vecina provincia, en febrero de 1977.
Estas pruebas fueron claves para mantener vigente el reclamo de “verdad y justicia”, con la consigna de “Julito y Griselda, PRESENTES”.