Coronavirus: ¿El "arma" de la Tierra contra los humanos?

Si bien aún se desconoce el origen del virus, hay quienes sostienen que es la manera que encontró el planeta para protegerse del daño que produce el Hombre.
domingo, 19 de abril de 2020 11:47
domingo, 19 de abril de 2020 11:47

Hace más de 100 días que los seres humanos estamos viviendo bajo los efectos de una nueva epidemia, a partir de la aparición de esta versión letal del coronavirus que irrumpió en la Tierra, provocando que muchos países implementen la famosa “cuarentena”, que obliga a millones de personas a permanecer en sus casas encerradas, en el intento de no contagiarse del ya tristemente célebre Covid-19.

Durante este tiempo, se observó que el aislamiento y otros cambios de comportamiento de enormes porciones de la sociedad durante la pandemia, además de modificar nuestras conductas, están teniendo respuestas inesperadas para el ambiente.

En ese contexto, las medidas que fueron implementadas por las autoridades de más de 184 países siguen originando fuertes cambios en el estilo de vida y en los comportamientos individuales de las personas. Esta nueva forma de vida preocupa, altera y hasta entristece a muchos individuos, al no gozar de todas sus libertades, pero mientras tanto, esa cuestión que no es menor le permite al planeta posicionarse en un lugar diferente, dado que parece sentirse mucho más a gusto y vuelve a respirar.

A esta altura de los acontecimientos, hay que considerar que la respuesta a la pandemia podría tener el beneficio de una purificación planetaria, traducido como una huella de carbono reducida, resultado que ninguna medida política había logrado hasta el momento.

De qué hablamos

¿A qué se le llama huella de carbono? A la emisión de gases de efecto invernadero que producen los seres humanos al fabricar un sinnúmero de productos para nuestro bienestar, o de realizar las actividades diarias a las que se encuentra acostumbrado, lo que en innumerables cantidades de veces es de forma impensada, pero que genera smog, polución y contaminación.

Esa huella que deja el hombre en el planeta se expresa en toneladas de dióxido de carbono (CO2) emitidas, que van matando lentamente a la naturaleza que nos rodea (y que generalmente nos renueva las condiciones para la vida). Nuestra alimentación, cómo realizamos las compras diarias, el consumo (a veces desmedido) de la energía; los numerosos medios de transporte, la mayoría nocivos para el aire que respiramos; los plásticos no biodegradables para envolver diferentes insumos; el desecho de productos químicos que enturbian las aguas que contaminamos, entre muchos otros hábitos que fueron brindando más confort a una sociedad avanzada con una tecnología que no parece detenerse, son varios de los principales elementos que dañan la salud de la Tierra.

Por eso, muchas personas, así como también una importante cantidad de investigadores y científicos, creen que lo que sucede con la pandemia del coronavirus es como una “vacuna” que ha generado el planeta como una manera de protegerse del accionar del hombre.

Características únicas

La nueva pandemia que desató el Covid-19, que aterra a los ciudadanos de todos los países, tiene una característica particular: solamente mata a mujeres y hombres, pero no afecta de la misma forma a la flora y fauna que habitan el planeta.

Con estas características, científicos, investigadores, políticos, pero también religiosos y hasta brujos, muchos ciudadanos creen que no es algo creado por laboratorios, que es una de las hipótesis que se mantienen en discusión en la actualidad, sino que parece ser un llamado de atención y estado de emergencia de la Tierra misma, por el daño que ha venido recibiendo del hombre durante tanto tiempo, y en especial desde la revolución industrial.

Vibra menos

Calles vacías. Comercios cerrados. Autos guardados o detenidos en la calle. Mucho menos transporte, poquísimos vuelos de cabotaje, contados barcos surcando ríos. Fábricas y otras industrias paralizadas. Todas esas conductas lograron que el “ruido sísmico”, que no es otra cosa que efectos colaterales del género humano contra el planeta, como lo llaman los geólogos, se reduzca drásticamente.

Pero, ¿por qué el efecto es tan grande en tan poco tiempo? Los científicos comparan los resultados producidos en la capa de ozono, que es algo como que varias personas salten sobre un colchón todo el tiempo, provocando que los resortes se vayan rompiendo de a poco, hasta que un día, inesperadamente, todos dejan de funcionar. La diferencia está en que los resortes de un colchón no se reparan por sí mismos.

En cambio la Tierra sí, porque es vida y genera vida todo el tiempo. En consecuencia, el virus, según señalan varios estudiosos, provocado por algún animal (murciélago, pangolín o serpiente, no queda claro aún), fue el freno generado por el mismo planeta para que las personas dejen de saltar y seguir lastimando la capa de ozono, la fauna y la flora de donde habitan. La naturaleza misma, en conclusión.

Llegó el aislamiento

Cielos límpidos y azules, reducción de la contaminación en la capa de ozono, al punto que el famoso agujero está cerrándose, pero también la presencia de animales en ciudades céntricas, el crecimiento de diferentes especies vegetales que antes no pasaba, apareamiento natural de los animales en los zoológicos y en libertad, son algunos de los cambios que se han comenzado a observar.

A todo eso sumemos la limpieza en las aguas de ríos, mares y océanos, la baja de las mediciones del smog, así como también algunos sismos y erupción de los volcanes, entre muchas otras actividades a lo largo del mundo, marcan un reacomodamiento del planeta. En tan sólo tres meses la Tierra fue demostrando una curación propia por la poca actividad dañina que produce nuestra sociedad.

Hace tres semanas, cuando se implementaron las medidas del aislamiento social, preventivo y obligatorio en la mayoría de los países, el sismólogo del Observatorio Real de Bélgica Thomas Lecocq comenzó a notar que sus instrumentos marcaban una importante disminución de las vibraciones. “Todo está calmo y las estaciones sísmicas también sienten esa tranquilidad”, enfatizó.

Más cifras

El ruido sísmico generado por los humanos se redujo cerca de un tercio. En este mismo contexto, en Buenos Aires las métricas marcaron que la calidad del aire de la ciudad es más saludable que en el mismo período del año pasado; la presencia de gases se redujo hasta en un 50%, según marcaron los datos oficiales.

La Secretaría de Ambiente llegó a la conclusión de que los valores de monóxido de carbono (CO), óxido de nitrógeno (NO), dióxido de nitrógeno (NO2) y material particulado 10 (mp/10) disminuyeron hasta un 50% en relación con el mismo período de 2019.

“La disminución del uso de medios de transporte que emiten gases contaminantes es la salida para mejorar la calidad de aire de las grandes ciudades”, planteó Eduardo Macchiavelli, secretario de Medio Ambiente de la ciudad de Buenos Aires. El mismo fenómeno se observó en marzo pasado por la Agencia Espacial Europea en el norte de Italia, uno de los países más afectados por el coronavirus. Lo mismo pasó en Madrid y Barcelona.

La conclusión

Resulta obvio que la modernidad, de alguna manera, mejoró muchísimos aspectos de la vida, pero también ha afectado a nuestro planeta, ese gran hogar en el que el género humano logró su evolución. Y que, quizá por ello, la Tierra, con las armas de que dispone, se defendió, y que este virus es un inesperado aliado. Será cuestión entonces de que, así como esta pandemia marcará un antes y un después, también puede llegar a ser posible que un nuevo paradigma surja en la sociedad mundial, para cuidar de este gran hogar que todos habitamos.

Fuentes: Crónica, BBC News, NatGeo, Euronews, redes sociales

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