Esto fue, en principio, la preocupación de los pobladores que transitaban por el lugar, por tratarse de un comportamiento desagradable ante el cuidado del medioambiente.
Hasta aquí, aparecía solo la necesidad de insistir en el cuidado de la naturaleza, pero cuando uno de los transeúntes descendió del vehículo para levantar la basura del lugar y llevarla hasta los contenedores de la villa del departamento, la sorpresa fue mayor.
Cientos de bolsas de envoltorios de pollos se encontraban desparramadas por el campo. No solo había bolsas, sino que además había pollos que se encontraban en mal estado para su consumo, es decir, con la fecha de vencimiento cumplida.
La falta de controles bromatológicos es uno de los problemas más que los antofagasteños tienen que atravesar, además de la escasez en la provisión de alimentos y los súper precios.
En cuestiones claves para el cuidado de la salud y, más en un contexto de pandemia, deberían estar garantizadas estas prioridades a toda la sociedad, en especial para los pobladores del interior profundo que sufren estos atropellos sin medidas, en cualquier época del año.