INFANCIA VIOLENTADA

"Las víctimas de pedófilos sufren una serie de consecuencias psicosexuales"

Opinión del Dr. Bruno Jerez.
domingo, 7 de junio de 2020 20:17
domingo, 7 de junio de 2020 20:17

A un niño/a que ha sido agredido sexualmente por un adulto le quedan huellas negativas y dolorosas. Puede, en su adultez, alterar su vida social e íntima, por ello una vez que hemos detectado la violencia sexual, hay que prestarle mucha atención emocional, ampararlo, entenderlo, crear andamios a su alrededor que sean protectivos y vínculos firmes donde pueda construir su personalidad desde el amor y la comprensión así y solo así podrá asumir lo pasado y afrontar el trauma.

La mayoría de los abusos sexuales se produce en el entorno familiar y alrededor de 15 o 20% son ejercidos por personas relacionadas a los niño/as y que ejercen un poder, bien por ser su educador, su tutor o encargado.

Que un adulto sea para el niño una autoridad a responder (padre, maestro, religioso, etc), y lo someta sexualmente de cualquier manera, va a tener consecuencias nefastas para la vida psicológica de la víctima, en el preciso momento de la violación sexual se altera la confianza.

Si alguien que debería cuidarlo, lo usa como objeto sexual la distribución de los elementos de la psicología en la “cabecita y el corazón” del niño van a ser alterados, la ley simbólica pasa a ser una amenaza, destruye el psiquismo y destruye el amor.

UNICEF proclama: “Se persigue alcanzar la CERO TOLERANCIA al abuso y la explotación sexual comercial, motivando la denuncia y otorgando mayor protección a la niñez.”

Me preguntan a menudo si este daño se puede reparar, siempre digo que mientras haya vida, si se puede reparar, la duración depende del grado e intensidad de la violencia (acceso carnal, tocamientos, pornografía, grooming o engaño pederasta), sobre todo cuando existan personas que acompañen el proceso con vínculos amorosos y el aporte de la ciencia de la psicología.

Entre las consecuencias de estos abusos a largo plazo se encuentran baja autoestima, miedos, sentimiento de suciedad, vergüenza, pesadillas, nerviosismo, irritabilidad, culpabilidad, hipersexualización o temor al sexo, anorexia, depresión, alguna psicosis, dificultades para relacionarse, dependencia, adicciones, autolesiones, o tentativa de suicidio.

Recuerdo un niñito de 14 años traído a consulta,  Ricardo fue abusado cuando tenía 8 años. El agresor era un tío que entraba en su habitación por la noche y durante mucho tiempo (2 años). Cada noche le horrorizaba escuchar los pasos, en aquellos tiempos pensó en tirarse por la ventana. El miedo, el dolor y la vergüenza de lo que sufrió durante años afectaron su infancia y marcaron una juventud desconfiada, con drogas y alcohol relaciones sexuales de riesgo.

Una larga lista de pederastas sexuales han sido en su niñez abusados. Es decir, la violencia sexual crece en forma geométrica. Un niño que ha sido abusado posiblemente en su futuro podría convertirse en un adulto abusador de varios niños.  Como un efecto pandemia.

El punto de violencia debería cortarse en el mismo momento en que se pasa a palabras, es decir cuando la víctima puede denunciar, puede decirlo, puede sacarse ese peso de encima.

Por otro lado el pederasta, si sobreviene un arrepentimiento real (mas allá de la pena impuesta por el delito cometido) y toma contacto con el dolor ajeno, allí en ese caso tal vez se podría frenar la cadena abusiva.

Lo peligroso es que en muchas ocasiones, el niño agredido por un adulto decide “olvidar esos abusos”, “desterrarlos como si nunca hubieran  existido” y entonces pasar al acto abusador sin mediar reflexión.

El destino de esa pulsión traumática inconsciente puede salir como síntoma con consecuencias graves. Alcohol, drogas, angustia.

Puede ser que se exteriorice como una compulsión a la repetición, y la víctima se torne victimario-abusador.  

También es frecuente que el trauma se acopie a una culpa superyoica (sentirse culpable por creer que él mismo generó la violencia sexual) y se auflagele o bien atente contra su vida.

En otra persona puede transformarse en lo contrario y desplegar una aversión al sexo mediante asco, anorgasmia, eyaculación precoz, impotencia sexual o hipersexualidad  y conductas de riesgo.

En otra ocasión podría desarrollarse una sublimación psíquica y dedicar su vida a trabajar en contra de estos abusos. Alejándose así de su sexualidad coartada en pos de un bien mayor.

O puede presentar problemas de identidad sexual, falta de satisfacción o alteraciones de la motivación sexual.

REALIDAD EN CATAMARCA.

En Catamarca no contamos con la posibilidad de obtener cifras exactas o aproximadas de los delitos sexuales, ya sea por ocultamiento del acto delincuente o por falta de inteligencia en investigación criminal.

De esto hablo cuando digo que mucha normativa nacional y supranacional protectiva del Niño, Niña y Adolescente se torna ficticia o ilusoria. Muy buena letra, pero poco abocamiento a los justiciables. Sin embargo cada vez más podemos tomar conciencia de esto.

Pero más allá de la buena voluntad, sin rigurosidad científica y sin estadística delincuencial ¿cómo podremos aplicar política criminal inteligente para prevenir el abuso sexual infantil?

Tenemos la ciencia, tenemos la ley positiva, tenemos los profesionales, tenemos las víctimas, nos hace falta un despliegue en la Justicia Catamarqueña para desarrollar los elementos necesarios para la investigación, cuantificación y publicidad de datos en la elaboración de una política criminal. Así podremos llegar antes que el mismo delito se consume.

Consultemos a tiempo, cuidemos a los niños, agilicemos los elementos de investigación en abuso sexual infantil, preparemos el campo para una niñez más amable.

Dr. BRUNO JEREZ

PSICOLOGO Y ABOGADO

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