El sorprendente boom de la bicicleta, en medio del Covid-19

En medio de la pandemia por el coronavirus y en pleno invierno se dispararon las ventas, los pedidos de compra y las órdenes de reparación de bicicletas. La mayoría de los fabricantes y comerciantes del rubro no dan abasto con la creciente demanda.
lunes, 28 de septiembre de 2020 10:48
lunes, 28 de septiembre de 2020 10:48

Hoy, arreglar o comprar una bicicleta implica una actitud en común, por encima de cualquier otra, es la acción des esperar.

Esperar 15 días por un turno de reparación.

Esperar un mes para la entrega de una bicicleta recién comprada.

Esperar a que del otro lado de la línea alguien atienda, después de llamar y llamar, con una insistencia más cercana a la locura que a la realización de una consulta.

“Las vías de comunicación están colapsadas. Tuvimos que contratar una empresa para que responda los mensajes que llegan a través de WhatsApp e Instagram. La demanda explotó y es por el coronavirus”, comentó un bicicletero de Buenos Aires.

La demanda en su local está concentrada en la venta y los canales de compra son tres: página web, redes sociales y líneas telefónicas.

En tiempos de pandemia, la mayoría de sus clientes son nuevos y jóvenes. Tienen entre 24 y 36 años, según la segmentación que le informa Instagram, donde suma 33.500 seguidores. Y son mujeres y hombres que se vuelcan a la bicicleta porque tienen una necesidad de traslado.

“La gente se está preparando para viajar al trabajo. En los llamados, en los mensajes en las redes, en los comentarios que dejan en Youtube o en los chats de WhatsApp nos repiten esa necesidad. Son personas que no tenían bicicleta y están reemplazando, o van a reemplazar, su anterior medio de transporte -auto, colectivo o subte- por la bici”.

Desde el 20 marzo, cuando el presidente Alberto Fernández decretó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, el comerciante Martín Villalba genera contenido en videos sobre el uso de la bicicleta, y sube uno por día.

“Como la gente no puede venir al local a hablar con nosotros, como lo hacía antes, abrí el diálogo a través de las redes”.

En esas transmisiones en vivo describe modelos de bicicletas, explica cómo limpiarlas, habla sobre cubiertas, masas, llaves, rayos, piñones; también, baila y le pide paciencia a quienes todavía esperan por su bicicleta.

Los bicicleteros de la Ciudad de Buenos Aires están comunicados a través de un grupo de WhatsApp. Ahí la falta de repuestos y la acumulación de trabajo son conversaciones cotidianas.

“Con los faltantes nos ayudamos, intercambiamos o avisamos qué proveedor tiene.

Respecto a cómo enfrentar este pico, ninguno tiene una solución. Algunos están trabajando con turnos, otros con horario partido. Pero al cerrar el local, la carga sigue. Hay que armar presupuestos, contestar mensajes y hacer las reparaciones. Algunos días directamente no prendo el celular porque no llego”, dice Agustín Oeyen, dueño de una bicicletería en Caballito. En su caso, implementó la estrategia de organizar las reparaciones en turnos.

A principio de agosto, la demanda fue tanta que abrió su computadora, entró a Facebook y escribió: “Queridos clientes, me veo obligado a suspender la atención al público en el local hasta el día sábado. Los proveedores están con demoras en las entregas de 30 días y otros están cerrados por cuarentena, por lo que no tengo reposición de repuestos y mercadería para tener disponible para la venta. Es algo momentáneo y que escapa a mi voluntad, les pido paciencia y disculpas. Muchas gracias”.

El crecimiento del uso de la bicicleta se dio por distintos factores, pero hay uno preponderante: la limitación del uso del transporte público a trabajadores esenciales. La medida, que persigue disminuir la aglomeración de personas en trenes, colectivos y subtes, dejó a una masa de empleados exceptuados -pero no esenciales- sin medio para desplazarse.

“Desde que se impuso esa exclusividad, se acercaron trabajadores de industrias del barrio. En un momento, por ejemplo, empezaron a llegar operarios de un depósito de la zona. El dueño de la empresa le dio el dinero para que cada uno compre su bicicleta”, contó un bicicletero bonaerense.

La bicicleta vista como una solución de movilidad se ve en los locales del sector, en las calles y en los números. De acuerdo a una encuesta hecha entre los socios de la Cámara Argentina de Comercio e Industria de Bicicletas (COMMBI), el crecimiento durante este invierno fue del 50%, comparado a la misma temporada de 2019. “En marzo la cuarentena cortó la actividad. Abril fue desastroso. Pero las ventas de junio, julio y agosto compensaron la pérdida anterior”, dice Esteban Freier, presidente de COMMBI.

Hoy los integrantes de la Cámara impulsan tres reclamos. Por un lado, insisten en que, desde los gobiernos, tanto a nivel local como nacional, se deje de observar la situación de demanda como un fenómeno excepcional, sino como una situación que se mantendrá en el futuro, con el regreso paulatino de las personas a sus empleos.

En segundo lugar, demandan regulaciones e infraestructura. “En el transporte nacional hay muy poco entendimiento de lo que es la bicicleta y la cultura vial es muy baja, en especial en lo que refiere a este vehículo. Eso debe cambiar para volver a la bicicleta un medio seguro que no le compita al auto”, dice Freier.

Por último, piden mejoras en el abastecimiento de productos. En la actualidad, la mayor parte de los componentes de una bicicleta son importados y la manera para acceder a ellos, según califican, es burocrática y sin certezas de recepción. “La industria tiene capacidad de crecer. Hay muchas empresas y una alta especialización en distintos segmentos, pero ahora requerimos de partes, sin partes no hay bicis”, cerró el empresario.

Para él, la asociación es obvia: el pico de ventas de bicicletas está vinculado al brote de COVID-19.

“Desde que se habilitó el regreso a la actividad, trabajamos, pero a puertas cerradas, con entregas programadas. Así, y todo, no damos abasto”, dice con el teléfono pegado al oído, dentro su local, un bicicletero de Belgrano, en la CABA.

A su alrededor, hay bicicletas colgadas, bicicletas apoyadas en el piso, bicicletas para chicos, bicicletas para adultos y estantes llenos de cascos, luces, timbres, candados y asientos. También hay diez personas trabajando. “Además de tercerizar la respuesta en redes sociales -dice- sumé empleados para el armado de bicis”.

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