La mayoría de las personas fumadoras intentan al menos una vez dejar el tabaco. El secreto para abandonar el cigarrillo puede variar de un fumador a otro. Algunos prefieren poner en práctica consejos que encuentran en libros temáticos, mientras que otros recurren a parches y chicles de nicotina. En todos los casos, el acompañamiento profesional tiene un rol fundamental para que un intento resulte exitoso. Sin embargo, son pocos los que buscan asesoramiento.
Un relevamiento nacional del Centro de Investigaciones de Enfermedades No Transmisibles (Cienta) develó que 6 de cada 10 adictos al tabaco que tratarían de dejarlo lo harían por su cuenta, apostando a la voluntad personal.
La afirmación causó preocupación en los especialistas, ya que los mayores porcentajes de éxito están asociados al acompañamiento profesional. Se estima que el asesoramiento de especialistas aumenta en hasta 40% las probabilidades de abandonar de manera definitiva el tabaco.
"Los valores revelados generan un desafío porque seguramente el mensaje no está llegando como debiera y muchos fumadores, por desconocimiento o falta de confianza en el abordaje médico del tabaquismo, no recurren a sus servicios", manifestaron desde Cienta.
Los datos de la encuesta realizada a más de 3.400 personas mayores de 16 años coinciden con las estadísticas de consulta médica para abandonar el tabaquismo, que históricamente se encuentran por debajo del 10% del total de las personas que deciden intentarlo.
Entre otros comportamientos, el 8,6% de los encuestados manifestó que utilizaría herramientas como grupos de autoayuda, el 13,3% recurriría a medicamentos, chicles o parches, el 7,2% a terapias alternativas y el 4,3% utilizaría el cigarrillo electrónico como paso intermedio.
El asesoramiento de especialistas aumenta en hasta 40% las probabilidades de abandonar de manera definitiva el tabaco.
En cuanto a la utilización bajo indicación médica del cigarrillo electrónico como un vehículo que contribuya a disminuir la adicción al tabaco, algunos especialistas mencionan al "vapeo" como una reducción de daño, que significa trabajar de forma escalonada con herramientas que, aunque no son inocuas, son menos dañinas que el cigarrillo a combustión.
Los dispositivos electrónicos pueden funcionar en algunos pacientes como un reemplazo temporario, pero para ser incorporados a un tratamiento debe hacerse bajo supervisión y seguimiento de un profesional de la salud. No obstante, en Argentina, si bien no está prohibido su uso, no está autorizada su comercialización y carece de una legislación que regule o controle su consumo.
"La adicción al cigarrillo de combustión es muy fuerte, y en el momento de evaluar un abordaje de cesación tabáquica todas las estrategias y recursos disponibles deben ponerse sobre la mesa y evaluar en conjunto, paciente y médico tratante, la que mejor se adapte a las características de cada individuo. Sin embargo, si la gente no se acerca a pedir ayuda e inicia cada proceso por su cuenta apelando exclusivamente a su voluntad, les priva a los profesionales de ofrecerle asistencia y un abanico de recursos disponibles en la medicina actual", afirmó la licenciada Florencia Morales, del equipo de Sociología de Cienta.
Fuente: Crónica