Por espacio de una hora, con la guía de Tomás Rodríguez y Guillermo Bordón, se fueron sucediendo momentos de música, danzas, recorrido histórico y oración, en torno a la Reina del Valle.
Fueron parte de este tributo el folclorista Alico Espilocín, quien interpretó “Zambita del Misachico”, autoría de Rodolfo “Polo” Giménez; Mary Delgado, con “La flor del cardón”; y el ministerio de Música Yanai, cuyos integrantes pusieron ritmo a esta propuesta. También se pudo disfrutar de videos como “Danza a María” y el “Regina Coeli”, a cargo de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, de Fiambalá, Tinogasta.
A partir de la consigna “Eres mi Reina porque…”, los fieles devotos de Catamarca y otros puntos del país participaron con sus mensajes e intenciones a través de las redes sociales.
El Padre Gustavo Flores, Rector del Santuario y Catedral Basílica, leyó la Palabra de Dios, y rezó junto a los conductores la oración de Consagración a la Virgen del Valle que dice:
Postrado humildemente a tus pies, / ¡oh Virgen Santísima del Valle! / vengo, a pesar de mi indignidad, / a elegirte por Madre, Abogada y Protectora, / ante Jesús, tu Hijo divino, / para amarte, honrarte y servirte fielmente / todos los días de mi vida.
Alcánzame de Jesús / un vivo horror al pecado; / la gracia de vivir y morir / en la fe más viva, / en la esperanza más firme, / en la caridad más ardiente y generosa.
¡Oh Virgen del Valle! / Dame el consuelo / de que, en la hora de mi muerte, / entregue mi alma en tus manos, / y sea conducido por ti / a la gloriosa inmortalidad. / Amén.
Mientras en el interior del templo los músicos elevaban su voz para decirle cantando: “Madre del Valle qué linda eres…”, las campanas echaban a vuelo anunciando el 130° aniversario de la Coronación de la Imagen cuatro veces centenaria de la Virgen Morenita.
Como corolario de este espacio, el Padre Flores invitó a rezar el Padrenuestro y luego impartió la bendición a todos aquellos que vivieron desde sus hogares - por medio través de las redes sociales- el tributo a la Reina de este Valle y de nuestros corazones.