En plena construcción y todavía vedada a la circulación vehicular, con excepción de los caminantes y vecinos del lugar, son muy pocos los catamarqueños que pueden ir apreciando la magnitud de los trabajos que allí se están ejecutando.
Quienes por curiosidad nos atrevemos a desandar sus tramos en medio del fragor de las máquinas y camiones operados por expertos empleados viales, podemos señalar que en Valle Viejo hacía décadas que no se concebía un proyecto de esta magnitud.
Con menos impacto, aunque igualmente recordables, pueden aproximarse el predio y escenario para el Festival de la Doma y el Folclore, inspirado por el locutor y animador Luis Oscar Aisa, en la gestión de “Vicentito” Saadi, quien también impulsó la pileta municipal o lo que iba a ser el Parador de Omnibus chacarero, que después se transformó en la sucursal del Banco Nación y actual asiento de las autoridades comunales, entre otras dependencias.
También resaltan la instalación de canteros y luminarias en el tramo de la Ruta Nacional 38 compartido con la Av. Felipe Varela, o la puesta en valor del antiguo Parque Autóctono transformado en Plaza del Aborigen, con el aledaño y artístico Monumento “al Indio” (como popularmente se lo denomina), surgidos de la inagotable creación del escultor y pintor Raúl Guzmán, en los períodos comunales del “Gallo” Jalile o el “Pillilo” Lobo.
Después no aparecen grandes obras, salvo la de las inconclusas cloacas, que de vez en cuando se visibilizan por el hundimiento de algún sector de calzada, por tantos de sus subterráneos recorridos.
Y hoy, está ahí…La Costanera. Que por estas horas atraviesa la primera etapa de su pavimentación, en el tramo inicial de los trabajos, entre los Tres Puentes y la Ruta Provincial Nro. 1, a la altura de “los moteles”, por citar la referencia más común.
En alrededor de unos 3 km., este fin de semana pudieron observarse a calificados operarios de Vialidad Provincial descargando y alisando el asfalto, maniobrando con soltura enormes camiones y pesadas compactadoras, entre los cordones cuneta, veredas y cuatro enormes alcantarillas de desagües urbanos, construidas previamente por una empresa privada local, como su mano de obra.
Así, La Costanera va camino marcar un antes y después en Catamarca, porque no atañe únicamente a Valle Viejo, sino que -en su proyección- impactará también en Fray Mamerto Esquiú, Banda de Varela y Parque Chacabuco, por ejemplo. Y en su desarrollo hacia el sur, primero hasta Sumalao, incluyendo el puente que “promete” dejar en el pasado la histórica fragilidad del badén por el Camino de la Virgen, concluirá en la Av. Circunvalación “Néstor Kirchner”, desplegando sus bondadosos efectos en las comunidades del B° Alem, o los más novedosos habitantes de la Rivera del Valle.
Será un indudable punto de atracción y de interés turístico, social, deportivo y productivo, de acuerdo a los espacios que se anuncian con destino al desarrollo de un futuro polo gastronómico y recreativo.
Objetar la concreción de La Costanera por la deforestación del entorno del río del Valle no es más que un mero –y legítimo, por supuesto- ejercicio de la oposición por la oposición misma, porque hasta un concejal del radicalismo admitió que esa obra figuraba entre los proyectos del ex intendente Jalile, sin brindar el más mínimo detalle de la nonata iniciativa (de aquella gestión).
Es más, cuando cualquier vecino visite y recorra la zona advertirá que los árboles (en realidad arbustos, ningún ejemplar de gran tamaño) quitados, tuvieron como objetivo la limpieza y ampliación del cauce, junto con el mejoramiento y consolidación de los terraplenes en las márgenes del río, como defensas, en prevención de las inundaciones hacia uno u otro costado del torrente.
Indudablemente, la certeza y trascendencia de “emblemática” se consolidará con la utilización y las prestaciones que la obra brinde a la comunidad, por lo cual habrá que imaginarle y agregarle también todas las previsiones de control, seguridad, como los correspondientes servicios de emergencia y/o auxilios, para evitar los excesos de los conductores irresponsables o de los infaltables usuarios desprevenidos, sobre todo en las áreas de playa y/o actividades físicas, deportivas y recreativas. También habrá que esperar del cuidado y correcto uso que los vecinos o visitantes hagan del sector.
Todos aspectos que no pueden omitirse, so pena de caer en las judiciables consecuencias que debió atravesar el estadio “Provincial Bicentenario” –desestimadas tras un “acuerdo” posterior del actual gobierno provincial-, que con los fondos de las regalías mineras y similar concepción de “obra emblemática” supo levantar el ex gobernador Eduardo Brizuela del Moral, hasta que el hundimiento de las tribunas y el deterioro generalizado de esas instalaciones desmoronaron su sueño de “gloria eterna”.
Para que La Costanera se consolide como obra emblemática, una vez concluida, debe servir a todos los propósitos declamados de bien común y, muy especialmente, a su perdurabilidad en el tiempo, que justifiquen tanta inversión y tantos esfuerzos. Sólo así, varias generaciones de catamarqueños, podrán referirse al “emblema” de quienes gestaron su concreción.
Víctor “Paco” Uriarte