Existen una innumerable cantidad de factores externos e internos que influyen al envejecimiento, como el estrés, la polución, el cigarrillo, la exposición prolongada a los rayos UV, y otros, a los que estamos expuestos cotidianamente, que aceleran y acentúan las marcas del tiempo, no solo en nuestra piel, sino en todo el organismo, siendo uno de los órganos más sensibles al envejecimiento, el cerebro y la vista, debido a su alta concentración en lípidos, que son especialmente sensibles a la oxidación. Por eso, cuando las marcas del paso del tiempo se hacen visibles, muchas veces el proceso ha comenzado en otros órganos que no se aprecian a simple vista.
A lo largo de la historia, todas las culturas han aspirado a retrasar el envejecimiento, prolongando las energías o capacidades y la vida misma. En la actualidad, las dietas macrobióticas, las hormonas de moda entre los ancianos, prácticas sanitarias hindúes recicladas y otras supercherías siguen atizando la llama de la esperanza. Todos estos intentos por restaurar o mantener el vigor juvenil sólo tienen una cosa en común: no consiguen su objetivo. Las personas que cumplen los 65 sólo tienen una probabilidad ligeramente mayor que hace 2000 años de disfrutar de una vejez vigorosa.
Los investigadores en medicina han ideado terapias útiles para tratar trastornos cuya frecuencia se incrementa con la edad, así el cáncer y las cardiopatías. En los últimos 120 años, los sistemas de salud pública y los fármacos que combaten enfermedades infecciosas han elevado la esperanza de vida en las naciones desarrolladas al reducir los fallecimientos prematuros. Pero nada puede retrasar ni frenar los procesos naturales que hacen envejecer a los adultos y mermar su actividad fisiológica con los años.
EN SINTESIS
Debemos entender que el envejecimiento es un proceso natural que forma parte del ciclo vital. Normalmente, lo asociamos con enfermedades y discapacidades, aunque se ha comprobado que pueden posponerse y reducirse adoptando un estilo de vida saludable.
Así, nace un nuevo concepto de envejecimiento, donde se considera que la persona es capaz de diseñar, en cierta medida, su manera y forma de envejecer. El fin es lograr alcanzar una adaptación positiva y la mayor satisfacción vital posible.

A continuación, te comentamos algunas medidas a tener en cuenta para prevenir enfermedades en la vejez:
1. Ejercicio físico: El ejercicio físico reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, obesidad, diabetes, osteoporosis y demencia. Favorece la independencia funcional y mejora la calidad de vida.
2. Alimentación adecuada: Una dieta rica en fibras y baja en grasas saturadas disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mortalidad.
3. Actividades sociales y recreativas:Las personas mayores, por lo general, disponen de mucho tiempo libre debido a que ya no trabajan y/o que los hijos se han ido de casa. Estas nuevas circunstancias obligan a reestructurar las redes de relaciones familiares y sociales, adoptando nuevos roles de acuerdo a sus condiciones, intereses y capacidades. Sin una estructura social, pueden acabar tendiendo al aislamiento que provoca un aumento del riesgo de depresión, ansiedad y una mala auto-percepción de salud.
4. Prevención del abuso de alcohol, tabaco y medicaciones no prescritas: El tabaco aumenta el riesgo de enfermedades pulmonares, cardiovasculares y de varios tipos de cáncer. El abuso de alcohol puede producir deterioro cognitivo y problemas en el hígado, páncreas y corazón. Ciertos fármacos que no requieren prescripción, como los analgésicos, pueden producir efectos adversos severos si no se toman adecuadamente, o interacciones peligrosas con otros fármacos.
5. Control clínico: Ciertas patologías como la hipertensión arterial, diabetes y colesterol alto tienden a no dar síntomas y aumentan el riesgo de enfermedades coronarias y cerebrovasculares. Su detección precoz y adecuado tratamiento disminuyen el riesgo.
6. Vacunación: La vacuna antigripal reduce las tasas de complicación y mortalidad por influenza estacional. Además, vacuna antineumocóccica reduce la enfermedad invasiva por el neumococo. Por último, la vacuna doble para adultos previene la enfermedad por tétanos y difteria.
7. Control de la vista, la audición y la salud bucal: La presbicia, catarata y glaucoma son causas comunes en la disminución de la agudeza visual, que pueden desencadenar declinación funcional y caídas, y se pueden tratar de manera eficaz. La disminución de la agudeza auditiva y visual pueden llegar a producir aislamiento si no se resuelven. Problemas con la dentadura, como la ausencia de piezas dentales o prótesis inadecuadas, pueden ocasionar dificultades para la masticación, disminución de la ingesta de alimentos y desnutrición.
8. Prevención de caídas y accidentes: Cerca de un 30% de los individuos mayores de 65 años se caen al año. El 5% de los que se caen sufre una fractura y/o requiere de hospitalización. Los factores que predisponen a caídas pueden ser inherentes al individuo como problemas de visión, articulares, neurológicos o de tipo ambiental.
Por todo lo explicado anteriormente, es de suma importancia que cuando llegamos a ciertas edades, debemos centrarnos en nosotros mismos, dedicarnos tiempo y cuidarnos para llegar a la vejez con una mayor calidad de vida.