A Eliás le falta una pierna, carga una bolsa de colostomía y se traslada en su silla de ruedas una vez por semana a las intersecciones de las avenidas Illia y Nieva y Castilla, frente la sede municipal, y se instala bajo una sombrilla para reclamar que le devuelvan su puesto de comida que se lo quitaron hace un año cuando comenzaron los trabajos de refacción en la Plaza de la Estación.
El piquete de Elias, este martes y siempre que lo hace, es extraño, es diferente a todos los otros piquetes. No hay estruendos, no hay bombos, no hay gritos, no hay insultos, no hay críos despeinados ni madres adolescentes y barrigonas. Está solo con su sombrilla, tal como un veraneante en una playa cualquiera custodiado por dos policías.
El cartel que expresa su reclamo va dirigido a alguna funcionaria de la casta burocrática que tendrá sus explicaciones pero seguro que carece de empatía por el prójimo, por cierto.