Sus autoras Graciela de Díaz y un grupo de colaboradoras describieron el manto que “está confeccionado con tela tejida con hilo de oveja por la señora Alejandra Vallejos, y bordado a mano en fieltro aguado con vellón, lana de oveja con tinte natural que da color y realce al paisaje de montañas, cardones, majada de ovejas, pastores, bailarines y también instrumentos musicales, conjunto que hace alusión a lo típico de la Fiesta del Poncho”.

“En el vestido está representada la naturaleza, el atardecer y la humanidad suplicante ante Dios y la Virgen, y la Cruz de Cristo en cuyo centro lleva un cristal que significa el resplandor de su amor por la humanidad. La mujer representa a la humanidad; la cruz en azul, el cielo; lo verde, la naturaleza; la rosa, el atardecer de nuestras vidas, trabajos, sufrimientos, esfuerzos, las esperanzas puestas con fe; y el amarillo, el sol que nos da la luz de la vida”, comentaron.
“Cada detalle bordado en el manto está cargado de significado. El bordado se hace siempre en un clima de oración, reflexión y mucho amor y devoción a Nuestra Madre.
Cada puntada lleva las intenciones y el amor de quienes colaboran para hacer posible esta obra de arte, esta manera tan particular de orar que tenemos las bordadoras. Cada escena plasmada en este manto es el resultado de un instante de contemplación, la forma más pura de hacer oración”, expresaron sobre esta maravillosa experiencia.
