tercer día de la Novena

Niños de la Catequesis se consagraron a la Virgen

Durante la noche del 1 de diciembre, primer domingo del tiempo de Adviento que nos prepara la Navidad, y tercera jornada de la Novena en honor de la Pura y Limpia Concepción del Valle, rindieron su homenaje la Junta Diocesana de Catequesis y los catequistas. 
lunes, 2 de diciembre de 2024 11:53
lunes, 2 de diciembre de 2024 11:53

“Protege con manto a todos los catequistas para que sean alegres y creíbles testigos de la fe”, le pidió el Obispo a la Madre del Valle. Y llamó a vivir “un renovador Adviento que nos prepare a acoger en nuestros corazones y hogares al Redentor del mundo”.

 

En la ceremonia litúrgica, que fue presidida por el obispo diocesano Mons. Luis Urbanc y concelebrada por sacerdotes del clero local, se destacó la participación de niños que este año recibieron por primera vez a Jesús Sacramentado, acompañados por sus catequistas y familias, quienes se consagraron a la Santísima Virgen del Valle.

En su homilía, el Obispo reflexionó sobre el Adviento como tiempo para vivir con alegría la Esperanza.

En torno a esta temática dijo que “cada Adviento es una oportunidad para revisar la propia vida. Es una nueva ocasión para renovar la esperanza, para hacer un recorrido espiritual, interior y para vivir con intensidad la presencia de Dios en medio de nosotros”.

También señaló que “es uno de los tiempos fuertes de la Liturgia. Nuestra Madre, la Iglesia, que es muy sabia, nos prepara así para vivir mejor la Navidad, como pasa con la Cuaresma, en orden a la Pascua. En este tiempo fuerte sería bueno que recurramos con más frecuencia a la Palabra de Dios, que está siempre disponible. Y que esa Palabra de Dios nos vaya guiando por el camino hacia Belén, hacia el nacimiento del Redentor, el Hijo de Dios, nacido de María Virgen”.

Asimismo, manifestó la importancia de este día en que comienza un nuevo año litúrgico, que “es como un breve itinerario simbólico en el que recorreremos la historia entera de la humanidad. Es como un libro de 365 páginas, que iremos pasando día a día para que Dios nos hable como en otros tiempos”.

“Al introducirnos en este tiempo de esperanza y conversión, el Evangelio nos confronta con la exigencia cristiana de la vigilancia. ‘Levanten la cabeza… Estén alerta… Estén despiertos…’. La vigilancia es tema fundamental en la predicación de Jesús, como actitud para reconocer su presencia, a veces silenciosa o desconcertante, en los acontecimientos de nuestra vida”.

Y continuó: “No siempre es sencillo leer esas señales. Sentimos el miedo y la angustia, ya no porque las señales del sol, la luna y las estrellas nos quiten el sueño. Hay otras situaciones que nos preocupan y asustan, que se podrán remover sólo cuando el amor de Dios y su justicia reinen en el corazón de cada hombre”.

También mencionó que en este día, “en Argentina, somos convocados a rezar y a colaborar económicamente por los Migrantes. De esta manera, estaremos dando respuesta a una de las obras de misericordia corporales: ‘Acoger al forastero’. Así como, desde el viernes, estamos orando por los privados de libertad, y que nos quedará como un permanente llamado de atención para el Año Jubilar, en los bordados del vestido y manto de nuestra Madre Morena, como se puede ver”.

Afirmó que “el encuentro con el migrante, como con cada hermano y hermana necesitados, «es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos».

“Por tanto -enfatizó-, en esta Jornada dedicada a los migrantes y refugiados, unámonos en oración por todos los que han tenido que abandonar su tierra en busca de condiciones de vida digna. Sintámonos en camino junto con ellos y los encomendemos al cuidado e intercesión de la Bienaventurada Virgen María, signo de segura esperanza y de consuelo en el camino del Pueblo fiel de Dios”.

Hacia el final de su predicación rogó: “Querida Madre del Valle, protege con tu manto a todos los catequistas para que sean alegres y creíbles testigos de la fe. Acompaña a los migrantes en su búsqueda de nuevos y seguros horizontes. Y, a cada uno de nosotros, concédenos la alegría de vivir un renovador Adviento que nos prepare a acoger en nuestros corazones y hogares al Redentor del mundo, tu amado Hijo, Jesucristo, el Verbo Encarnado”.

 

Texto completo de la Homilia

Queridos Devotos y Peregrinos:

En este tercer día de la Novena en honor a nuestra Madre del Valle le rinden su homenaje los Catequistas. Bienvenidos a esta celebración y que la Virgen los siga cuidando.

Para hoy se nos propuso reflexionar sobre el Adviento como tiempo para vivir con alegría la Esperanza, Esperanza que no defrauda.

En efecto, cada Adviento es una oportunidad para revisar la propia vida. Es una nueva ocasión para renovar la esperanza, para hacer un recorrido espiritual, interior y para vivir con intensidad la presencia de Dios en medio de nosotros.

El Adviento es uno de los tiempos fuertes de la Liturgia. Nuestra Madre, la Iglesia, que es muy sabia, nos prepara así para vivir mejor la Navidad, como pasa con la Cuaresma, en orden a la Pascua. En este tiempo fuerte sería bueno que recurramos con más frecuencia a la Palabra de Dios, que está siempre disponible. Y que esa Palabra de Dios nos vaya guiando por el camino hacia Belén, hacia el nacimiento del Redentor, el Hijo de Dios, nacido de María Virgen.

Hoy es un día importante: ¡comienza un nuevo año litúrgico! Deberíamos entusiasmarnos ante esta magnífica organización de nuestro tiempo. En ella se reflejan una historia que ha durado siglos, y, en ella, Dios se va manifestando de muchas maneras. El año litúrgico es como un breve itinerario simbólico en el que recorreremos la historia entera de la humanidad. Es como un libro de 365 páginas, que iremos pasando día a día para que Dios nos hable como en otros tiempos. El texto del Evangelio de san Lucas (ciclo C) nos acompañará este año.

Al introducirnos en este tiempo de esperanza y conversión, el Evangelio nos confronta con la exigencia cristiana de la vigilancia. “Levanten la cabeza… Estén alerta… Estén despiertos…” La vigilancia es tema fundamental en la predicación de Jesús, como actitud para reconocer su presencia, a veces silenciosa o desconcertante, en los acontecimientos de nuestra vida: “Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre” (Lc 21,34-36).

No siempre es sencillo leer esas señales. Sentimos el miedo y la angustia, ya no porque las señales del sol, la luna y las estrellas nos quiten el sueño. Hay otras situaciones que nos preocupan y asustan, que se podrán remover sólo cuando el amor de Dios y su justicia reinen en el corazón de cada hombre.

El mensaje de Cristo no evita los problemas y la inseguridad, pero nos muestra el camino para superarlos. Porque nosotros tenemos los mismos motivos para preocuparnos que los no creyentes, pero ser cristiano y devoto de la Virgen María supone tener una actitud distinta y, por tanto, reaccionar de manera diversa. Esa actitud se apoya en la esperanza que nos da la fe en las promesas de nuestro Dios, que nos permite descubrir el paso de Dios por el drama de la historia. Durante el Adviento hemos de intentar descubrir a Cristo que viene a nuestro encuentro y a vivir los problemas como algo que pasa por la Cruz.

Por otro lado, no pasemos por alto que hoy, en Argentina, somos convocados a rezar y a colaborar económicamente por los Migrantes. De esta manera, estaremos dando respuesta a una de las obras de misericordia corporales: “Acoger al forastero”. Así como, desde el viernes, estamos orando por los privados de libertad, y que nos quedará como un permanente llamado de atención para el año jubilar, en los bordados del vestido y manto de nuestra Madre Morena, como se puede ver.

Muchos migrantes experimentan a Dios como compañero de viaje, guía y ancla de salvación. Se encomiendan a Él antes de partir y a Él acuden en situaciones de necesidad. En Él buscan consuelo. Gracias a Él, hay buenos samaritanos en el camino. A Él, en la oración, confían sus esperanzas. Imaginemos cuántas biblias, evangelios, libros de oraciones y rosarios acompañan a los migrantes en sus viajes a través de desiertos, ríos y mares, y de las fronteras de todos los continentes.

Por eso, el encuentro con el migrante, como con cada hermano y hermana necesitados, «es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos». El juicio final, narrado por Mateo 25, no deja lugar a dudas: «estaba de paso, y me alojaron» (v. 35); y de nuevo, «les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (v. 40). Por eso, cada encuentro, a lo largo del camino, es una oportunidad para encontrar al Señor; y es una oportunidad cargada de salvación, porque en la hermana o en el hermano que necesitan nuestra ayuda, está presente Jesús. Qué oportuno el mensaje de la segunda lectura que acabamos de escuchar: “Que el Señor los colme y los haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros los amamos a ustedes; y que afiance así sus corazones, para que se presenten ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos” (1Tes 3,12-13).

Por tanto, en esta Jornada dedicada a los migrantes y refugiados, unámonos en oración por todos los que han tenido que abandonar su tierra en busca de condiciones de vida digna. Sintámonos en camino junto con ellos y los encomendemos al cuidado e intercesión de la Bienaventurada Virgen María, signo de segura esperanza y de consuelo en el camino del Pueblo fiel de Dios.

Querida Madre del Valle, protege con tu manto a todos los catequistas para que sean alegres y creíbles testigos de la fe. Acompaña a los migrantes en su búsqueda de nuevos y seguros horizontes. Y, a cada uno de nosotros, concédenos la alegría de vivir un renovador Adviento que nos prepare a acoger en nuestros corazones y hogares al Redentor del mundo, tu amado Hijo, Jesucristo, el Verbo Encarnado. Amén.

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