Eximio cultor del cancionero nativo, Vega había heredado de su padre el amor por la música, y más precisamente sus calificadas dotes bandoneonista.
Su bandoneón fue símbolo de entrañables fiestas populares belichas, desde sus juveniles 16 años de edad, cuando viajó a Buenos Aires, en procura de una más calificada formación musical.
En sus excursiones “porteñas” llegó a acompañar a los destacados artistas de su tiempo, como Ramona Galarza, “el Chango” Nieto, Los Manseros Santiagueños, el Negro Álvarez, Catamarca Tres, entre otros.
Participo, además, en diferentes programas de televisión y radio, siendo reconocido nacionalmente por su vocación y carisma artístico, demostrados en cada interpretación musical, como la respetuosa destreza por el instrumento que ejecutaba magistralmente.
Después incursionar musicalmente en Buenos Aires, por unos 45 años, retornó a su amado Belén natal, donde continuó con su actividad artística, afianzándose como referencialidad cultural de su pueblo y Catamarca toda. En su regreso “al pago” supo radicarse por un tiempo, en la localidad de San Antonio, en el departamento Fray Mamerto Esquiú.
Su legado, enorme y generoso, quedará como ejemplar emblema para las actuales y futuras generaciones de belichos y catamarqueños, que adhieran a los sonidos del bandoneón para acompasar los tonos de la formidable musicalidad vernácula argentina.
Que brille para él la luz que no tiene fin, y QEPD.