Durante diez jornadas, su presencia espiritual acompañó y bendijo a miles de visitantes en el Pabellón de Turismo del Predio Ferial Catamarca.
La partida de las imágenes fue solemne. Al ritmo de la Banda de Música de la Policía de la Provincia, y escoltadas por la Custodia del Santuario Catedral y miembros de la agrupación gaucha Virgen del Carmen, de Palo Labrado (Paclín), las veneradas figuras religiosas se retiraron entre aplausos, emoción y muestras de fe.

Fe y tradición, protagonistas
La noche anterior, tanto la Virgen como el Beato fueron homenajeados en el escenario mayor del festival con una ovación del público presente, en una de las postales más conmovedoras de esta edición del Poncho, la fiesta cultural más importante del noroeste argentino.

Este año, su presencia tomó un significado aún más profundo: se enmarcó en el Año Jubilar de la Esperanza, que celebra la Iglesia en todo el mundo, y en el camino hacia el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú, que será conmemorado en 2026.
La conexión entre la identidad catamarqueña, la espiritualidad y la cultura quedó una vez más reflejada en esta despedida que, aunque pasada por agua, estuvo colmada de devoción.