FESTIVIDADES MARIANAS

“Toda consagración es un regalo para toda la humanidad y para la Iglesia”

Fueron las palabras de Mons. Bressanelli en el homenaje de la Vida Consagrada a la Virgen.
sábado, 18 de abril de 2026 20:38
sábado, 18 de abril de 2026 20:38

En la mañana de este sábado 18 de abril, día litúrgico de Nuestra Señora del Valle, rindió su homenaje la Vida Consagrada de Catamarca: Orden de Frailes Menores (OFM), Monasterio Inmaculada del Valle, Hermanas Misioneras Catequistas de Cristo Rey, Orden del Verbo Encarnado, Hermanas Nazarenas, Hermanas Misioneras Redentoristas, Instituto Cristíferas, Instituto Amigas y Amigos en el Señor Jesús en Comunión con Chemin Neuf, junto con las Hermanas del Huerto, Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, entre otras, y la Pastoral Vocacional.


Lo hicieron en el marco de la Santa Misa presidida por Mons. Virginio Domingo Bressanelli, obispo emérito de Neuquén; el padre Arildo José Ferrari, ambos Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, más conocidos como dehonianos; el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral; fray Julio Bunader, sacerdote de la comunidad franciscana local, entre otros presbíteros del clero catamarqueño y otros peregrinos.


La ceremonia litúrgica se inició con el ingreso en procesión de las religiosas llevando en sus manos una rosa, que depositaron al pie del altar, precediendo al Hno. Diego Díaz, en la celebración de sus Bodas de Plata de consagración, quien también hizo lo propio, seguidos por los celebrantes.


Durante su homilía, Mons. Bressanelli dijo que “en esta Misa estamos celebrando a nuestra querida Madre, la Virgen del Valle” y “para recordar la vida consagrada y mirarla desde el ejemplo de María, por eso están presente varias congregaciones”, mencionando entre ellos a “los hermanos franciscanos, Oblatos de María Inmaculada y dehonianos, que no estamos presentes en la diócesis, pero que tenemos a alguien de la Diócesis de Catamarca, que es el hermano Diego, que hoy recuerda sus 25 años de vida religiosas, de primeros votos, y también está presente el padre Arildo José Ferrari, superior provincial de los Sacerdotes del Corazón de Jesús, dehonianos, que también cumple 25 años de vida consagrada. Hemos querido celebrarlo aquí, a los pies de la Virgen María, Nuestra Señora del Valle, siendo que Diego Díaz es hijo de este pueblo y gran devoto de la Virgen María bajo este título”. 
Luego reflexionó sobre el sentido de la vida consagrada, afirmando que ésta “nace con Jesús que se consagra al Padre totalmente entregado al Él desde la eternidad como Hijo, y totalmente entregado al Padre desde la Encarnación, como Hijo de Dios hecho hombre. Al hacerse hombre asume la vida su consagración haciendo de la voluntad del Padre su código de vida, asumiendo el designio que es la voluntad del Padre de que la salvación llegue a toda la humanidad”. 

Celebramos a la Virgen María, primera consagrada
Más adelante afirmó que “toda consagración a Dios es un regalo para toda la humanidad y, particularmente, es un regalo para la Iglesia. Es un don que Dios da a todos, a través de una persona concreta. Por eso, al celebrar a la Virgen del Valle celebramos a la primera consagrada, la primera que va a ser también el primer miembro de la Iglesia, y también la primera discípula de Jesús. María encarna la realización de la promesa de Dios de darnos su vida divina. Pero encarna también esa promesa de Dios que se fue realizando en el tiempo. Ella está en la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, es la que conduce a los que permanecieron fieles a Dios en el Antiguo Testamento, los hace entrar en el Nuevo Testamento, gracias a un ‘sí’ que María da a la invitación del Ángel en su confianza en Dios. Un ‘si’ que mantiene a lo largo de toda su vida, en circunstancias buenas y difíciles, pero justo en las circunstancias difíciles, María a ese ‘si’ lo alimenta, lo ilumina, lo fortalece guardando la Palabra de Dios en su corazón”.


En otro tramo dijo que “podríamos decir que María hace sus votos perpetuos en el Calvario, allí donde Ella se asocia totalmente a la condición y a la obra del Hijo, y es en el Calvario donde María muere en su corazón y renace como resucitada participando de la vida misma de Cristo en su totalidad. Ya lo tenía por la gracia, pero ahora lo tiene como conciencia mayor”.
“El consagrado tiene que tener siempre una vinculación especial con María reconociéndola presente en la obra de la salvación, como hijo y como aquel que toma ejemplo de María y pide su intercesión para poder ser fiel hasta el final. El verdadero fiel en todas las cosas es solo Dios, pero la fidelidad humana se basa y se arraiga en esa fidelidad de confianza en Dios”. 

“Dios debe ocupar el primer lugar en todo”
Asimismo, invitó a “apreciar mucho esta vocación de consagración, porque los consagrados y las consagradas, contemplativos o en cualquier otra forma de vida, en los institutos seculares o en otras asociaciones marcadas por los votos y por otras expresiones propias de la consagración, son los que proclaman al pueblo de Dios algo fundamental, a través de sus votos en la castidad nos están diciendo a todos: ‘Dios es mi único amor’. Eso es algo que tenemos que madurar también todos los cristianos. Dios debe ser nuestro primer amor, debe ser ocupar el primer lugar en todo”. 


También señaló que “los religiosos y consagrados no son súperhombres, no son súpermujeres. Dios nos toma así como somos, nos va trabajando durante toda la vida”, y lo valioso es que “hacen una elección que es importante en la vida y Dios los quiere como signo, como realidad y también como ejemplo, que se alinea en el ejemplo de todos los santos, sobre todo, de María. En estos días recordamos mucho al Beato Mamerto Esquiú, religioso franciscano, en ellos vemos cómo a pesar de las debilidades se va mostrando algo que es propio del Reino de Dios”. 


 En otro tramo de su predicación, hizo un llamado a las familias a que “animen a sus hijos y a sus hijas a consagrarse a Dios. Al pie de la Virgen del Valle pídanle lo que quieran, pero también sepan hacer el silencio fundamental de dejar que Dios nos pida algo. Dios tiene el derecho de pedirnos lo máximo, y lo máximo es consagrarnos a Él en el sacerdocio y en la vida consagrada. Lo máximo es desprenderse de cosas que son naturales, humanas, que son buenas, para que el pueblo de Dios sea el Reino de Dios, sea lugar donde Dios vive, donde actúa y donde se transforma la sociedad”.


“No hay nada mejor que una vocación auténtica bien respondida, donde uno da el sí a Dios sabiendo que la garantía de la fidelidad es Él. Por eso invito a todos los peregrinos a pensar en la propia familia, pero a pensar en la familia grande que es la Iglesia, y tomarse a pecho la Iglesia, ponerla sobre las espaldas, porque hoy está necesitando más que nunca consagraciones de total entrega, sobre todo al sacerdocio y la vida consagrada. A los pies de María, mientras nos consagramos, mientras le pedimos que nos tome de la mano para que no nos alejemos nunca de Dios, también los invito a hacer una mirada de silencio en el propio corazón, para saber si estamos dispuestos a entregar a Dios todo y entre ellos también entregar a los propios hijos”. 


Hacia el final compartió “una pequeña reflexión de San Bernardo en una de sus homilías, él vivía enamorado de la Virgen María, y dice así: ‘Si la sigues a María no te desviarás; si le rezas, no desesperarás; si la piensas no te equivocarás; si la toma de la mano no caerás, con su protección, no temerás; guiado por Ella no te cansarás. Si te es propicia llegarás a la meta, y así experimentarás cuán potente es el nombre de la Virgen María’. En María, cada uno pone hoy su vocación y renueva su entrega a Dios, y le pedimos que nos ayude a ser fieles a Cristo”.

Renovación de la consagración
Seguidamente, a los pies de María Santísima del Valle, nuestro hermano Diego Díaz y el padre Arildo José Ferrari renovaron sus votos a 25 años del sí que le dieron a Dios dentro del carisma de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, dehonianos. 
Junto con ellos hicieron su renovación todos los religiosos y religiosas participantes de la ceremonia litúrgica.
En el momento de la preparación de la mesa eucarística, los alumbrantes acercaron al altar los dones del pan y del vino.
Antes de recibir la bendición final, todos los presentes se consagraron a Nuestra Madre del Valle.

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