Cientos de fieles devotos y peregrinos colmaron el principal Santuario mariano de Catamarca para participar de la Eucaristía central de esta jornada, entre los que se destacó presencia de los integrantes de los Hogares de Cristo de Santiago del Estero, quienes peregrinaron para honrar a Nuestra Madre del Valle, acompañados por el padre Pepe Di Paola, quien también concelebró la Santa Misa.
En el comienzo de su homilía, Mons. Urbanc dio “una cordial bienvenida a mi hermano, obispo Virginio Bressaneli, emérito de la Diócesis de Neuquén, al padre Arildo, provincial de los padres dehonianos, quien tuvo a su cargo la predicación del Septenario. A los jóvenes del Hogar de Cristo de Santiago del Estero que peregrinaron junto con el padre Di Paola, y se llevarán una réplica de la Imagen de la Morenita del Valle para que los ayude en su recuperación. Y a todos los que desde distintos puntos de la patria se acercaron para honrar a la Madre Celestial”.
La presencia del Beato Esquiú
“Este Septenario lo hemos vivido en el marco del Bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú. Él ha sido un fidelísimo devoto de la Pura y Limpia Concepción del Valle”, apuntó, invitando a que “lo escuchemos hablar entre nosotros con las siguientes frases: ‘Busquemos la gracia de Jesús, pero busquémosla por medio de María, saludándola con el Ángel: Llena Eres de Gracia’. ‘Yo afirmo solamente que ella os acaricia como una madre, y es cosa sabida que los cariños de una madre no siempre son prueba del mérito de los hijos, sino más bien de su debilidad y pequeñez’. ‘Nuestras maldades no han podido agotar la caridad de María, quien, a pesar de todo, no deja de ser con nosotros piadosa, clemente, y dulcísima. Verdaderamente, oh, Virgen Inmaculada, ¡tú nos tratas cual una madre que acaricia a su hijo!’”.
Luego dijo que “en el Calvario (Jn 19, 25-27), Jesús, en su último acto de amor, nos regala a su Madre. Al decir ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’ y al discípulo ‘Ahí tienes a tu madre’, María se convierte en Madre espiritual de la Iglesia y de cada creyente, inaugurando una nueva familia basada en la fe”.
Y continuó: “A diferencia de otros discípulos que huyeron, María se mantiene de pie, firme en la fe a pesar del inmenso dolor. Es la ‘mujer’ del Nuevo Testamento, la nueva Eva, que participa activamente en la redención junto a su Hijo. Jesús no solo confía a María a Juan para su cuidado material, sino que entrega a María como regalo a toda la humanidad, representada en el ‘discípulo amado’. María es madre de los redimidos, madre de la Iglesia. No estamos huérfanos; tenemos a la Madre de Dios como nuestra intercesora y refugio en nuestros dolores”.
Asimismo, afirmó: "‘Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa’ (Jn 19,27). Esta frase nos invita a nosotros a acoger a María en nuestra vida interior, en nuestra familia y en nuestro hogar. Acogerla significa imitar su fe, su silencio, su ternura y su obediencia a la voluntad de Dios. La cruz no es el final, sino el lugar de un nuevo comienzo. Jesús nos entrega a María para que ella nos guíe hacia Él con amor materno”.
También resaltó que “nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: ‘He ahí a tu madre’. Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre”.
“La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz”, manifestó.
Más adelante dijo que “a esta Mujer venimos a honrar, a Ella reconocemos como la única Reina de nuestras vidas, en Ella confiamos para que nos conduzca al Salvador del mundo. Roguémosle que nos ayude a ser fieles, y apóstoles de la Paz, ésa que nos da el Resucitado”.
Finalmente se dirigió a la Madre del Valle, “con las mismas palabras que hace 150 años te hablara tu hijo dilecto, el Beato Mamerto Esquiú: ‘Virgen dulcísima, hasta ahora nos habéis dado como a pequeñuelos la leche de vuestros consuelos; pero ya es tiempo de que comencemos a ser varones fuertes y buenos soldados de Jesucristo; multiplicad, pues, en nosotros vuestras antiguas misericordias y alcanzadnos aumento de fe y caridad para que, arraigadas en ellas, obremos el bien en todas las cosas, y permaneciendo fieles a vuestro amor, llevemos y glorifiquemos a Jesucristo en nuestros cuerpos durante la vida presente, para que Él nos glorifique en la eterna. Amén’”.
Bendición de imagen de la Virgen donada al Hogar de Cristo
Luego de la Comunión, el Obispo, acompañado por el padre Pepe Di Paola, bendijo la imagen de la Virgen del Valle que fue donada a los Hogares de Cristo de Santiago del Estero, para que los ayude en su camino de recuperación.
Toda la asamblea se asoció a este momento, rubricado con aplausos.
Como cierre de esta ceremonia litúrgica, todos se consagraron a la Virgen del Valle y le cantaron a viva voz